Garbanzos de bote con langostinos, un guiso marinero fácil de preparar.

Garbanzos de bote con langostinos, un guiso marinero fácil de preparar. E.E.

Estilo de vida

Susi Díaz, chef: "Los garbanzos de bote más ricos y elegantes se hacen con 12 langostinos, 1 cebolla y 100 ml de vino blanco"

El secreto de este guiso rápido está en aprovechar las cabezas de los langostinos para dar sabor al sofrito sin complicar la receta.

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Los garbanzos de bote suelen asociarse a las comidas improvisadas: abrir el envase, añadir unos ingredientes y tener el plato listo en pocos minutos. Pero también pueden ser la base de un guiso con sabor a marisco y una presentación cuidada.

Esa es la idea detrás de esta receta de garbanzos con langostinos atribuida a Susi Díaz. La cocinera, al frente del restaurante La Finca de Elche, combina la legumbre ya cocida con cebolla, vino blanco y caldo de pescado para preparar un plato de cuchara sin empezar de cero.

El paso que más influye en el resultado es aprovechar los langostinos enteros. Sus cabezas y cáscaras se saltean primero en aceite de oliva y se presionan para extraer sus jugos. Después se retiran, pero dejan en la cazuela una base aromática sobre la que se cocina el sofrito.

La cebolla y el ajo necesitan unos minutos a fuego suave para quedar tiernos. A continuación se añaden el pimentón y el vino blanco. El vino aporta aroma y, tras reducirse, deja paso a los garbanzos y al caldo de pescado.

Los langostinos pelados se reservan hasta el final. Así se evita que pasen demasiado tiempo al fuego y pierdan su textura. Si se quiere un caldo con más cuerpo, basta con aplastar unos cuantos garbanzos y mezclarlos de nuevo con el guiso.

Garbanzos de bote con langostinos

  • 1 bote de garbanzos cocidos de 400 g
  • 12 langostinos crudos, frescos o descongelados
  • 1 cebolla pequeña
  • 1 diente de ajo
  • 100 ml de vino blanco seco
  • 500 ml de caldo de pescado
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • Unas hebras de azafrán, opcionales
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Perejil fresco
  • Sal, si hace falta

Paso 1

Escurre los garbanzos y enjuágalos. Pela los langostinos y reserva los cuerpos. Guarda también las cabezas y las cáscaras. Pica la cebolla y el ajo.

Paso 2

Calienta un chorrito de aceite en una cazuela. Saltea las cabezas y las cáscaras durante un par de minutos mientras presionas las cabezas con una cuchara. Retira todos los restos.

Paso 3

En ese aceite, cocina la cebolla y el ajo a fuego suave hasta que estén tiernos. Incorpora el pimentón y, si quieres, unas hebras de azafrán. Remueve unos segundos, sin dejar que el pimentón se queme.

Paso 4

Vierte el vino blanco y deja que reduzca durante unos minutos. Añade los garbanzos, remueve con cuidado y rehógalos un par de minutos para que se impregnen del sofrito.

Paso 5

Agrega el caldo de pescado y mantén un hervor suave durante unos 10 minutos. Aplasta algunos garbanzos contra el borde de la cazuela si quieres espesar el caldo.

Paso 6

Incorpora los cuerpos de los langostinos y cocínalos brevemente, hasta que estén opacos y hechos por dentro. Prueba el guiso antes de añadir sal y termina con perejil fresco picado.

Esta receta permite adaptar la textura al gusto de cada casa. Con los 500 ml de caldo indicados se obtiene un plato de cuchara; si se prefiere más espeso, se puede dejar reducir unos minutos antes de añadir los langostinos.

También conviene tener en cuenta el sabor del caldo de pescado. Como tanto este ingrediente como los garbanzos en conserva pueden contener sal, es mejor esperar al final de la cocción para corregir el punto de sazón. Así se evita que el guiso quede demasiado salado al reducirse.

Utilizar garbanzos ya cocidos ahorra el tiempo de remojo y cocción que requieren los secos. Esa comodidad no impide que sigan siendo una fuente de fibra y proteína. Harvard Health incluye los garbanzos en conserva entre las opciones útiles para preparar ensaladas, sopas y guisos.

La cantidad de sal, eso sí, puede variar de una marca a otra. Revisar la etiqueta permite comparar productos y elegir uno bajo en sal si se desea. Escurrir y enjuagar la legumbre antes de cocinarla también ayuda a reducir parte del sodio.

En este guiso, ese pequeño gesto tiene además una ventaja práctica: los garbanzos llegan a la cazuela listos para absorber el sabor del sofrito y del caldo. En apenas media hora, un ingrediente pensado para facilitar la cocina diaria se convierte en el protagonista de un plato que apetece servir recién hecho.