El negocio de las máquinas expendedoras

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Un dueño de un negocio de máquinas expendedoras en España: "Si vende 10 productos al día, se paga sola"

El atractivo del modelo de negocio es que funciona las 24 horas y reduce considerablemente la necesidad de personal, pero su éxito no depende solo de comprar una máquina.

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No necesitan dependientes, pueden vender de madrugada y ocupan apenas unos metros cuadrados. Las máquinas expendedoras parecen reunir muchos de los ingredientes que se buscan en un negocio automatizado, aunque detrás de cada refresco o snack vendido hay bastante más trabajo del que se aprecia desde fuera.

José, empresario dedicado a este sector, ha explicado en el canal de YouTube de Adrián G. Martín cómo funciona realmente este modelo de negocio, cuánto cuesta ponerlo en marcha y qué volumen de ventas necesita una máquina para empezar a resultar interesante.

"Dejando impuestos aparte, una máquina saldría sobre los 6.000 o 7.000 euros", señala. Una inversión considerable que obliga a estudiar muy bien dónde colocarla, qué productos ofrecer y cuánto tráfico de personas existe en ese punto.

Según sus cálculos, no hace falta vender cientos de artículos diarios para cubrir los costes. "Si la máquina es capaz de vender 10 o 15 productos al día, prácticamente se está pagando sola", asegura.

Inversión inicial

El negocio del vending ha cambiado mucho durante los últimos años. Las antiguas máquinas que funcionaban únicamente con monedas han incorporado billetes, tarjetas bancarias y sistemas de pago sin contacto, una evolución que facilita las compras impulsivas y elimina una de las principales barreras para el consumidor.

Para José, esta transformación en los medios de pago ha sido una de las mejoras más importantes del sector. La máquina puede permanecer disponible durante las 24 horas sin necesidad de que haya una persona cobrando detrás de un mostrador.

Pero esa automatización no significa ausencia de gastos. Hay que comprar o financiar el equipo, llenarlo de mercancía, realizar mantenimiento, atender averías y desplazarse periódicamente hasta su ubicación.

José calcula que, manteniendo un ritmo aproximado de entre 10 y 15 ventas diarias, "en un año y medio ya se ha amortizado". Además, sostiene que uno de estos equipos puede alcanzar una vida útil cercana a los 12 años si recibe el mantenimiento adecuado.

La rentabilidad, por tanto, depende de conseguir mantener un volumen continuado de operaciones durante mucho tiempo.

La importancia de la ubicación

No todas las máquinas funcionan igual. Una situada en un lugar de paso constante puede multiplicar las ventas de otra instalada apenas unos metros más lejos.

José trabaja especialmente con hoteles. En estos establecimientos recomienda colocar las máquinas cerca de ascensores, escaleras o zonas comunes, lugares por los que el huésped tiene necesariamente que pasar y lo ve.

Su modelo incluye también acuerdos con los propietarios de los establecimientos. Según relata, estos pueden recibir alrededor de un 30% de comisión sobre la facturación mientras la empresa de vending se ocupa de reponer el producto, solucionar incidencias y mantener operativa la máquina.

Toni, director comercial de la empresa, pone un ejemplo con una facturación de unos 1.500 euros: aproximadamente 500 euros corresponderían al coste del producto, otros 500 al establecimiento y una cantidad similar al distribuidor.

No se trata, por tanto, de ingresar 1.500 euros limpios. Antes de hablar de beneficio hay que descontar mercancía, comisiones, mantenimiento, desplazamientos, amortización e impuestos.

No se trata de 'esperar el dinero'

La imagen de negocio completamente pasivo es precisamente uno de los errores que José trata de desmontar. "Piensan que es poner una máquina y hacer dinero cuando realmente requiere de mucho esfuerzo", advierte.

Encontrar buenas ubicaciones exige también una importante labor comercial. Hay que contactar con hoteles, empresas, gimnasios u otros establecimientos, presentar la propuesta y convencer al responsable de que existe una necesidad que la máquina puede cubrir.

Después está la elección del producto. José considera que llenar el expositor con referencias desconocidas únicamente para mejorar el margen puede acabar siendo contraproducente. "Puedes tenerla muy llena y muy bonita, pero si la marca no es conocida, no te los van a comprar o te lo comprarán mucho menos", explica.

La clave está en algo mucho menos automático: conseguir un buen emplazamiento, controlar los costes y lograr que, todos los días, haya suficientes personas dispuestas a detenerse delante de ella y comprar.