Emma Stone en la alfombra roja de los Oscar 2026.

Emma Stone en la alfombra roja de los Oscar 2026. Reuters

Belleza

'Skinification', la tendencia que une maquillaje y tratamiento y redefine la belleza hacia una piel real, no perfecta

Después de años dejando atrás la verdad, en el neceser se vive un cambio de paradigma que tiene que ver con el contexto social.

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Al hablar de tendencias de belleza es habitual pivotar entre nuevas técnicas para dibujar el rostro, formulaciones innovadoras y colores que se convierten en los reyes de la temporada. Sin embargo, en 2026 —y desde 2025—, las indicaciones se dirigen a otra parte.

Sin duda, ahora, una de las propuestas ganadoras y que está más en boga es la combinación de maquillaje y tratamiento, algo conocido como skinification. Ya no sólo se busca la perfección —totalmente irreal e inalcanzable por otra parte—, sino que se ansía unos resultados de piel sana.

Que el término longevidad —vivir más pero, sobre todo, vivir mejor— se haya convertido en uno de los más repetidos en el sector beauty va de la mano de la idea de que al margen de lo superficial, en el neceser también ocupa ahora hueco el concepto de bienestar.

Un cambio de paradigma

Si se retrocede una década en el tiempo, el mayor indicador de tendencias de belleza se encontraba en YouTube. Fue la época dorada de las creadoras de contenido de esta plataforma. Entonces, los pasos básicos no trataban de pieles luminosas, productos en crema y labios difuminados.

En 2016 la idea de las cejas laminadas no estaba sobre la mesa. En su lugar, los diseños exagerados y marcados, creados casi con escuadra y cartabón, eran lo más. Por otro lado, el rostro siempre se sellaba con productos en polvo y los labios se coloreaban con fórmulas fijas.

Kylie Cosmetics, Kat von D o Urban Decay eran algunas de las firmas del momento. No obstante, y en especial tras la pandemia, el paradigma cambió, al igual que los referentes.

Si en moda hizo acto de presencia el athleisure y la estética más relajada, en el apartado beauty la naturalidad fue ganando terreno. Además, se alió con otros conceptos como el de lujo silencioso, minimalismo o clean look.

Al mercado, que ya estaba saturado, comenzaron a llegar propuestas como Rhode o Rare Beauty. Charlotte Tilbury vivía su momento soñado, en especial gracias a su Hollywood Flawless Filter o a sus Magic Wands —colorete, iluminador y contorno—.

De repente, el acabado cakey —es decir, cuando la tez se ve recargada, pesada y poco natural— acabó totalmente desplazado.

Con esta transformación de la percepción de la belleza llegaron nuevos términos: el efecto glowy, el glaseado —que luego se trasladó también a la manicura— y, por supuesto, las pautas del skin care.

Tras este proceso comenzó a importar sobremanera la cuestión del cuidado de la piel, pero siempre muy orientado a la búsqueda de esa perfección —supuesta— que hoy siguen representando figuras como la de Hailey Bieber.

No obstante, esa meta siempre parecía inalcanzable y en parte se debía a que no era real. Es maravilloso apostar por lo natural, pero sobre todo, lo es cuando se hace desde la honestidad.

Poco sentido tiene establecer unos estándares potencialmente peligrosos cuando lo que se halla detrás de la consecución de los mismos es el bisturí, la inyección o las maravillosas manos de un médico estético.

¿Pasa algo por recurrir a este tipo de prácticas? Por supuesto que no. Lo negativo es no reconocer que se ha abogado por ellas y fingir que determinadas facciones se mantienen de cierta forma debido al empleo de un producto u otro.

Skinification

Conforme la población ha ido siendo consciente de todo lo anterior —y las firmas han tomado nota—, ahora se habla de forma más realista de los productos, lo que pueden llegar a hacer, de tratamientos personalizados y el alcanzar una piel sana, no perfecta.

La skinification es una tendencia en belleza que consiste en aplicar los principios del cuidado de la piel —skincare— al maquillaje y a otros productos cosméticos, de modo que no sólo embellezcan, sino que también traten el rostro.

Lo que se pretende ya no es parecer otra persona o adoptar los rasgos del Klan Kardashian —creados con martillo y cincel—, sino de ofrecer, o buscar, la mejor versión de cada cual.

Imagen de una chica mostrándose con un aspecto natural.

Imagen de una chica mostrándose con un aspecto natural. Foto de Fleur Kaan en Unsplash

En este proceso de cambio se han instalado otros conceptos como el de skinimalism, es decir, optar por rutinas minimalistas que se adapten a las necesidades de cada caso —preferentemente pautadas por un experto en dermatología o dermocosmética— en lugar de apostar por recomendaciones eternas con el empleo de productos sin sentido.

Los básicos siempre son la limpieza —se recomienda que sea doble—, la hidratación y la fotoprotección solar a lo largo de todo el año.

Por supuesto, a esta ecuación siempre se pueden sumar otros pasos a modo de extra: desde la niacinamida hasta los shots de colágeno y ácido hialurónico, la vitamina C o los retinoides.

Todos estos cuidados resultan en que los productos de maquillaje que se van aplicando sobre el rostro asienten mejor, se vean más naturales, mejor integrados y que soporten mejor el paso de las horas.

Ahora, la belleza camina de la mano de los ritmos de vida y las nuevas prioridades y cada vez se es más consciente de que la misma también reside en la imperfección, es decir, en la realidad de existir.

Evolución en el neceser

En torno a la idea de la skinification anidan algunos de los lanzamientos más recientes de firmas tan conocidas como Clarins, con su Double Serum Foundation; Chanel, con Sublimage L'Essence de Teint; Lancôme, con Teint Idole Ultra Wear Care & Glow; Guerlain, con Terracotta Le Teint Glow Tinted Oleo-Serum; Dior, con Forever Skin Glow Foundation; L'Oréal Paris con su Accord Parfait Nude Tinted Serum.

Lo mismo sucede con otro tipo de productos como los Chubby Stick™ de Clinique, el Infinite Treatment Primer SPF30 de Shiseido; o los del dermatólogo americano Nicholas Perricone, fundador de Perricone MD, también ha llevado estas máximas a sus artículos. De hecho, lo definen como el doctor que cambió la forma de mirar la piel.

Como prueba de todo esto, dos de sus últimos lanzamientos: la No Makeup Mascara Blackest Black, que agranda la mirada y protege la pestaña; y el tratamiento labial Cold Plasma Plus+ Lip Therapy Black, donde entra en juego el pH de la piel para depositar un color u otro.

Una chica utilizando un sérum.

Una chica utilizando un sérum. Foto de Mathilde Langevin en Unsplash

Otra de las casas cuya filosofía responde a estos criterios es Kosas, a la venta en Sephora. La compañía, fundada por Sheena Zadeh nació con esa convicción: la estética y la funcionalidad para la piel deberían ir de la mano en sus planteamientos.

Cada producto ha de contener activos en concentraciones reales y fórmulas clínicamente testadas. Con todo esto se encuentra alineado su Revealer Concealer, por ejemplo, un corrector de cobertura modulable que juega con el pigmento y con una base tipo sérum enriquecida con cafeína, ácido hialurónico y péptidos.

Todo esto lleva a la conclusión de que la belleza vive un momento de tránsito. Uno en el que una de sus salidas parece la verdad, el aterrizarla a pie de calle y conversar con las necesidades del día a día, con una misma.

En este camino el maquillaje ha dejado atrás su calificativo de máscara para convertirse en un complemento, en algo que acompaña y que no oculta la realidad de quién se es.