Un perro de pelo claro tumbado en su cama.

Un perro de pelo claro tumbado en su cama. istock

Mascotario

Aída, veterinaria: "Para tu perro, 10 minutos de olfateo equivalen a 1 hora de ejercicio físico donde aprende a regularse"

La experta explica que cuando se trabaja con un perro con dificultades de conducta, se utiliza el olfato como herramienta de regulación emocional.

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El olfato es el sentido primordial a través del cual los perros perciben y procesan la realidad que les rodea. Para un perro, salir a la calle sin poder olfatear con detenimiento es como recorrer una ciudad con los ojos completamente vendados.

"A estas alturas de la vida, todos sabemos que 10 minutos de olfateo equivalen a 1 hora de ejercicio físico para tu perro", afirma la veterinaria y etóloga Aída en sus redes sociales. Esta afirmación, lejos de ser un mito popular, hunde sus raíces directamente en la propia neuroanatomía canina.

La estructura cerebral del perro está diseñada para priorizar el análisis químico del entorno por encima de cualquier otra capacidad sensorial. "El bulbo olfativo del perro es desproporcionadamente grande en comparación con su cerebro". Es la parte del cerebro encargada de recibir y procesar la información de los olores.

Según indica la experta, ocupa cerca del 43% del diámetro del hemisferio cerebral en el perro, frente a solo un 9% en el cerebro humano. Pero no es solo el bulbo, es todo el sistema límbico.

Emociones y memoria

El circuito de emoción y memoria juega un rol fundamental en estos procesos. Los carnívoros terrestres, incluidos los perros, tienen volúmenes relativos altos tanto de la corteza como del sistema límbico, a diferencia de los primates y los humanos.

"Esto significa que cuando un perro huele está activando de forma simultánea el circuito emocional y de memoria". La parte del cerebro humano que piensa y razona creció muchísimo más con el paso del tiempo.

En el perro, la parte encargada del olfato siguió desarrollándose. "Por eso, cuando huele está usando una de las zonas más grandes y activas de su cerebro, y esto gasta energía".

A diferencia del cansancio muscular que genera correr o buscar una pelota, la estimulación olfativa exige un esfuerzo cognitivo intenso que consume glucosa a nivel cerebral. Así se entiende por qué 15-20 minutos oliendo pueden cansar a un perro tanto como una hora de paseo a buen ritmo: no es cansancio físico, es cansancio mental.

Sabiendo esto, la dinámica de los paseos diarios cobra una dimensión completamente nueva en la convivencia con nuestras mascotas. Dejar que se detengan en una farola, un árbol o un matorral a explorar cada rastro no debe verse como un obstáculo para nuestro ritmo de caminata.

Disminuir el estrés

Según la experta, aquí está la clave en muchos perros con dificultades en su conducta: dejarles oler ni es un capricho ni es perder el tiempo. "Es darles acceso a la parte de su cerebro que mejor saben usar, y es la misma que está conectada con la memoria y las emociones".

Al olfatear, se libera dopamina y se disminuyen los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés y la hiperactividad. Por eso, el olfato calma. "Se usa como herramienta real de trabajo con perros que necesitan regularse y aprender a gestionar mejor su entorno".

Permitir que un perro ejercite su olfato no solo mejora su estado de ánimo, sino que previene conductas destructivas en casa fruto de la frustración. Un paseo de calidad, donde se priorice la estimulación cognitiva sobre la distancia recorrida, es sin duda la inversión más efectiva en el bienestar integral del animal.