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Los veterinarios coinciden: los dueños de gatos tienen hasta 26% menos de riesgo de morir por accidentes cardíacos

La ciencia confirma que nuestro amor por los gatos es una perfecta combinación de química cerebral y psicología del comportamiento.

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¿Alguna vez te has preguntado por qué tu gato te tiene tan enganchado, al punto de perdonarle cualquier travesura que haga en casa?

Según explica Carlos Gutiérrez, en un vídeo de YouTube, nuestros compañeros felinos no solo son adorables, sino que tienen mecanismos y encantos naturales capaces de "manipular" nuestro cerebro para volvernos completamente adictos a ellos.

A través de una revisión de artículos científicos, el veterinario, desglosa las razones biológicas y psicológicas que explican este fuerte vínculo.

Un cóctel de hormonas

El primer secreto del éxito felino radica en la química de nuestro cerebro. Estar al lado de nuestro gato estimula la producción de oxitocina, conocida coloquialmente como la "hormona del amor" o de la maternidad. Esta sustancia despierta en nosotros el deseo de cuidar y proteger a los seres de nuestro entorno.

Curiosamente, aunque siempre se ha creído que los gatos reducen nuestro estrés, estudios recientes han demostrado que en realidad aumentan ligeramente nuestros niveles de cortisol (la hormona del estrés).

Sin embargo, los expertos catalogan esto como un "estrés positivo". Este aumento hace que nuestro corazón lata un poco más rápido y nos mantiene mucho más atentos y disponibles para complacer a nuestro gato cada vez que pide mimos, ronronea o quiere comida.

El poder del refuerzo intermitente

Otro factor fundamental que nos vuelve adictos es la naturaleza indómita e independiente de los gatos. Al no estar siempre disponibles para nosotros ni acudir cada vez que los llamamos, los gatos ejercen sobre nosotros lo que en psicología se conoce como "refuerzo intermitente".

La imprevisibilidad de su cariño hace que, cuando finalmente deciden hacernos caso, nuestro cerebro reaccione como si nos hubiera tocado la lotería. Esto provoca una fuerte descarga de dopamina, un neurotransmisor asociado al placer, la motivación y la alegría.

El veterinario explica que nuestro cerebro está biológicamente preparado para engancharse a esa sensación de bienestar, lo que nos mantiene siempre pendientes de cuándo nuestro gato decidirá darnos su próxima dosis de atención.

El "Kindema" y el instinto parental

Los gatos saben cómo activar nuestro "cerebro parental" simplemente siendo quienes son. Físicamente, poseen rasgos como ojos grandes y cabezas redondeadas, características que comparten con los bebés humanos.

Este fenómeno se conoce como kindema (o esquema infantil), y detona de forma automática en los cuidadores una profunda empatía y una necesidad imperiosa de proteger y atender a ese ser.

Beneficios directos para la salud

Más allá de la química cerebral, nuestro cuerpo parece entender instintivamente que la convivencia con los felinos nos conviene. El video destaca que vivir con un gato disminuye en un 37% la probabilidad de sufrir un infarto, y hasta un 26% el riesgo de morir por cualquier tipo de accidente cardiovascular.

Sorprendentemente, este es un beneficio exclusivo de los felinos, ya que los estudios demuestran que esta situación no se da en la convivencia con perros. Sin embargo, el veterinario deja claro que esta "adicción" no es culpa nuestra ni del gato, sino una respuesta evolutiva conjunta que nos lleva a cuidarlos mejor.

Hablando desde su propia experiencia clínica y personal, Carlos concluye con una recomendación profesional tajante: "En nuestro cerebro hay una tormenta de hormonas y de neurotransmisores que nos aporta muchísimo bienestar, satisfacción y felicidad a la hora de estar al lado de nuestros gatos. Convivir con un gato es una adicción que yo, como veterinario y profesional de la salud, 100% te recomiendo".

La ciencia confirma que nuestro amor por los gatos no es una simple casualidad, sino una perfecta combinación de química cerebral, psicología del comportamiento y un instinto evolutivo que beneficia tanto a los felinos como a nuestro propio corazón.