Patricia Vera, entrenadora personal en Málaga.

Patricia Vera, entrenadora personal en Málaga. EEM

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Patricia, experta en cambios físicos: "Un buen entrenamiento de 20 minutos vale más que 1 hora perdida en el gimnasio"

En lugar de llenar una rutina de ejercicios aislados, la experta apuesta por movimientos básicos.

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Las claves
Las claves

Patricia Vera afirma que un entrenamiento bien planificado de 20-30 minutos puede ser más efectivo que una hora mal aprovechada en el gimnasio.

La clave está en optimizar el tiempo y centrarse en ejercicios básicos y multiarticulares, como sentadillas, remos o presses, evitando rutinas con demasiados movimientos aislados.

La intensidad y la estructura de la sesión son fundamentales; no se trata de sudar más, sino de estimular el cuerpo adecuadamente y poder progresar semana a semana.

La constancia y la repetición de buenos estímulos a lo largo del tiempo son más importantes para mejorar la condición física que la duración de una sola sesión.

La falta de tiempo es una de las excusas más habituales para no entrenar. Muchas personas consideran que, si no pueden dedicar mínimo una hora completa al gimnasio, apenas merece la pena empezar.

Esta idea la desmonta la entrenadora Patricia Vera, experta en cambios físicos y responsable de Málaga Entrena. Según ella, el problema no está en disponer de poco tiempo, sino en optimizarlo. “Un buen entrenamiento de 20 minutos vale más que una hora perdida en el gimnasio”, asegura.

“La clave no está tanto en cuánto tiempo entrenamos, sino en qué hacemos durante ese tiempo”, explica. Una sesión de 20 o 30 minutos puede ser suficiente para trabajar la fuerza, mejorar la condición física y contribuir a una mejor salud si está correctamente planteada.

Cuando el entrenamiento es corto, cada minuto cuenta. Por eso, Vera considera fundamental eliminar todo aquello que no aporte demasiado y evitar que buena parte de la sesión se vaya en descansos excesivamente largos o en cambiar continuamente de ejercicio.

“Cuando una sesión es corta, hay que eliminar todo lo que no aporta demasiado”, señala. Su recomendación pasa por centrarse en movimientos que permitan trabajar varios grupos musculares y aprovechar mejor el tiempo disponible.

En lugar de llenar una rutina de ejercicios aislados, la experta apuesta por movimientos básicos como las sentadillas, los remos, los presses, las zancadas o el peso muerto.

“No hace falta utilizar diez máquinas diferentes”, sostiene. En una sesión breve, cuatro ejercicios bien escogidos pueden ofrecer un estímulo suficiente si se realizan con una estructura adecuada.

La intensidad también juega un papel importante. “Si disponemos de poco tiempo pero trabajamos siempre muy lejos del esfuerzo real, el estímulo puede quedarse corto”, advierte Vera.

Sin embargo, entrenar en poco tiempo tampoco significa convertir cada sesión en una prueba extrema. Sudar más o terminar completamente agotado no es necesariamente sinónimo de haber entrenado mejor.

“La calidad no se mide por cuánto sudamos ni por cómo de cansados terminamos”, explica la entrenadora. Lo importante es haber generado un estímulo suficiente y, sobre todo, poder repetirlo y progresar con el paso de las semanas.

Una sesión de 25 minutos puede incluir cuatro o cinco ejercicios, varias series efectivas y descansos ajustados. Y para muchas personas puede resultar más útil que pasar una hora en el gimnasio sin una planificación clara.

“Una buena sesión de 25 minutos puede incluir cuatro o cinco ejercicios bien escogidos, varias series efectivas y descansos ajustados”, apunta.

Otra de las claves está en no pensar únicamente en el entrenamiento de un día. Cuando el tiempo es limitado, repartir las sesiones durante la semana puede ser una estrategia mucho más fácil de mantener.

Además, el movimiento no termina cuando se sale del gimnasio. Caminar, utilizar las escaleras o mantenerse activo durante la jornada también contribuye a mejorar la condición física.

“Lo que realmente cambia el cuerpo no es una sesión aislada, sino la repetición de un buen estímulo durante semanas y meses”, señala.

La idea es que el entrenamiento sea sencillo, pero no improvisado. Tener poco tiempo obliga precisamente a saber qué se quiere trabajar y a reducir los minutos que no aportan un beneficio real.

Y esa constancia es, precisamente, la que acaba marcando la diferencia. “Ponerse en forma no depende de pasar muchas horas en el gimnasio. Depende de entrenar con intención, progresar y ser capaz de repetirlo durante suficiente tiempo”, concluye Vera.