Una imagen de Ana María.
Ana María, la malagueña entre las 22 mejores vendedoras del año en la ONCE: "Yo trabajo repartiendo alegrías, no penas"
La vendedora malagueña, distinguida en Madrid entre los mejores profesionales de la organización, se ha convertido en una confidente para quienes buscan la suerte en su puesto.
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A su puesto no se acerca la gente solo para probar suerte. Muchos llegan con un número en la mano y una historia que contar. Le hablan de discusiones de pareja, de amores recién estrenados o de preocupaciones que pesan más que cualquier cupón. También del abuelo que sueña con que toque "un pellizquito" para ayudar a pagar la carrera de sus nietos. Porque, a veces, vender ilusión consiste tanto en escuchar como en repartir unos "numerillos".
Ana María Heredia escucha religiosamente a cada uno de sus clientes y ejerce, de paso, un poco de psicóloga. "Vienen, te cuentan sus cosas, echan su ratito y se van", resume desde su puesto, en pleno centro de Málaga. Ese trato diario la ha convertido en una de las 22 mejores vendedoras del año de la ONCE.
La organización la distinguió el viernes 5 de junio en una cena de gala en el Hotel Ilunion Pío XII de Madrid, donde recogió el galardón junto a otros 21 vendedores y vendedoras llegados de toda España.
Entre los 22 reconocidos como los mejores del año, ella es la única con sello malagueño. "Es un orgullo, cuando me lo dijeron, no me lo creía", confiesa desde su puesto, ubicado en la plaza del Carbón, donde se refugia en una gran sombrilla para evitar acabar "como una gamba".
Su puesto está en uno de los puntos más turísticos de la ciudad. Por él pasan vecinos de Málaga de paso, muchos camareros que trabajan en negocios hosteleros de la zona y ojo, también muchos turistas.
"Se han aficionado a los rascas", confiesa la mujer que, además, se muestra orgullosa porque hay quien hace kilómetros para buscar la suerte en su puesto.
Tiene clientes de Palma-Palmilla y, concretamente, durante la entrevista, le acompaña uno que viene de La Roca. "Mis dos horas con Ana Mari cada día no me las quita nadie; escucha mis penas", expresa el cliente, a quien Ana María no deja acabar la frase: "¡Y tú las mías!".
Sus ojos se empañan cuando recuerda a todos los clientes que acudían a comprarle cupones a diario y que, por edad, ya han fallecido. Sus hijos siguen pasando por su puesto. "Para mí es muy bonito que sigan depositando esa confianza en mí", dice Heredia.
Ella es luz, alegría y guasa. Va perfectamente maquillada y tiene las uñas arregladas con el símbolo de la ONCE. "Es un gesto que tuve para ir a la gala", cuenta esta coqueta cuponera que es toda una disfrutona de su trabajo. "Desde que empiezo hasta que termino me estoy riendo. Como siempre digo, yo vengo cada día a repartir ilusiones, no penas", asegura.
Una imagen de Ana María y su cliente.
El reconocimiento que ha recibido premia cada año el esfuerzo de los trabajadores, su actitud en el puesto, la implicación con la clientela y el compromiso con la labor social de la entidad. La ONCE resume así su forma de trabajar.
"Ser una luchadora no es solo una actitud para ella, sino la fórmula infalible que siempre le ha dictado el camino hacia el éxito y la superación".
Tiene como gran capacidad arrancar una carcajada en cualquier momento y, como mayor virtud, expresan desde la organización, "el don de hacer feliz a los demás". Ella lo confirma sin rodeos. "Desde que llegué a la ONCE, yo soy la mujer más feliz del mundo", afirma.
Antes de pasar sus días con cupones entre sus manos, pasó quince entre tijeras. Ana María tiene baja visión, un ojo apenas le responde. Gracias a la Fundación ONCE hizo el curso de peluquera y en 2005 entró a trabajar en una peluquería de la zona del parque San Antonio.
Cuando el negocio cerró se encontró sin empleo a los 55 años. Entonces se decidió por los cupones. "Fue la mejor elección de mi vida", afirma sobre su entrada en la ONCE, donde dice no haberse sentido sola "desde el minuto cero".
En estos años ha repartido muchas alegrías. Según cuenta, cuando llevaba año y medio vendió un cupón premiado con 35.000 euros, y en los rascas ha entregado premios de 1.000 y 500 euros, además de otros pequeños premios, como triples.
Las uñas de Ana María.
Su trabajo en la ONCE va más allá del puesto que tiene en el Centro de Málaga. Ana María forma a nuevos vendedores que, al terminar el curso, deben hacer sus primeras ventas reales junto a ella.
Desde el primer día les cede la máquina y les quita el miedo. "Relájate, que esto no es un examen, que ya eres compañera", les dice. Muchos le escriben después para agradecer que les haya formado tan bien.
La noticia del premio le llegó en Navidades, de la mano de su gestor, que le comunicó que había sido elegida la mejor vendedora de la zona centro. Después vino el reconocimiento como mejor vendedora de Málaga, en una gala en el Hotel Ilunion del Paseo Marítimo Antonio Banderas, y el viaje a Madrid como representante malagueña.
La ceremonia nacional, celebrada bajo el lema 'A piel de calle', quiso subrayar que los vendedores están siempre a pie de calle, llevando la suerte a cada rincón. La escenografía simulaba una estación de ferrocarril, la "estación de la ilusión", por la que fueron pasando los premiados para dialogar con el presidente de la ONCE, Miguel Carballeda, y con el director general, Ángel Sánchez.
Una imagen de Ana Heredia.
"Reflejáis el auténtico espíritu de la ONCE y hoy estamos aquí para reconocer vuestro trabajo y daros las gracias", les dijo el director general. Ana María vivió el viaje a Madrid como un sueño.
Sus hijos le prepararon un vídeo sorpresa en el que hasta su marido le dedicó unas coplas de tuna. "Estuvo muy bonito todo. Él es un cuarentuno, como se le dice a los tunos más mayores", recuerda con una sonrisa. Del trato en Madrid no tiene queja, desde la recogida en el aeropuerto hasta la cena en la Plaza Mayor. "Lo he pasado en grande", dice.
La estancia coincidió además con la visita del papa León XIV, que esos días seguía de viaje apostólico por España. El pontífice pasó frente a su hotel y los premiados vivieron boquiabiertos el gran dispositivo de seguridad desplegado en Madrid. Ella, que lleva siempre el humor por bandera, desde entonces asegura que sus cupones "están bendecidos".
Insiste en dejar claro su agradecimiento a la ONCE por pequeños detalles, que "aunque parecen tonterías, suman en su día a día". Cuenta que le han dado "un polito" más fresco para el verano y crema solar para no sufrir quemaduras durante la venta. "Lo único que le pido a Dios es salud para jubilarme en esta gran casa", confiesa la malagueña que este año ha puesto rostro a la mejor cara de la ONCE.