Mar Cabra durante su intervención en Ágora UTAMED.

Mar Cabra durante su intervención en Ágora UTAMED. Samuel Baeza

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Mar Cabra, premio Pulitzer y activista de la calma: “He sufrido el síndrome del trabajador quemado”

La periodista y autora de Vivir a jornada completa ha reivindicado en Ágora UTAMED la importancia de cuidar la salud mental en el ámbito laboral.

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Las claves

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Mar Cabra, ganadora del Pulitzer por los Papeles de Panamá, lideró una investigación histórica sobre paraísos fiscales junto a 300 periodistas de más de 70 países.

El intenso ritmo de trabajo y la dedicación extrema llevaron a Cabra a sufrir el síndrome del trabajador quemado, lo que la hizo replantear su vida personal y profesional.

Tras su experiencia, publicó el libro 'Vivir a jornada completa', donde propone cinco pilares para cuidar la salud mental, física y emocional, y defiende la importancia de establecer límites.

Cabra alerta sobre la presión de la multitarea y la dificultad para reconocer el estrés laboral, especialmente entre mujeres, y reivindica que parar no es rendirse.

Un domingo a las 20:00 es posiblemente el momento más intempestivo para publicar algo histórico: los papeles de Panamá. 300 periodistas de decenas de medios y de más de 70 países se unieron para desenmascarar a artistas, empresarios y políticos que daban la espalda al fisco para ocultar sus fortunas en paraísos fiscales.

Mar Cabra estuvo detrás del destape que ocasionó esos papeles y le valió un Pulitzer en 2017 como líder de uno de los equipos que bucearon entre 11,5 millones de documentos. Aunque se olvidó de una cosa; de lo más sagrado: su vida.

“Nunca se había expuesto lo que sucedía en los paraísos fiscales con tanta contundencia, con la merma que supuso en los servicios públicos y en la desigualdad global”, recordó Cabra este lunes en el Ágora UTAMED de Málaga.

Y mencionó algunos nombres que resonaron: Bertín Osborne, Pedro Almodóvar, Imanol Arias o Leo Messi. “Creamos un mini Google seguro donde se podía buscar la información con herramientas para comunicarnos; recuerdo cuando un compañero descubrió a Messi en los datos”.

Esta investigación, apuntó, fue histórica porque nunca antes había existido tanta colaboración entre tantos periodistas. “Los papeles de Panamá demostraron que la colaboración llega más lejos”.

El Pulitzer que ganó solo fue posible porque trabajaba para un medio de comunicación estadounidense. “Todo es aburrido; lo anuncian en una videoconferencia, la ceremonia es un mes después, un lunes a la hora de comer. No puede subir todo el equipo; cuando subes, te dan como una gota de cristal que es el premio y luego, unos diplomas”, bromeó.

Mientras el público aplaudía y las felicitaciones se sucedían, Cabra se dio cuenta de que algo se estaba apagando por dentro. No prestó atención a otros momentos de su vida; vivía imbuida permanentemente en el trabajo.

“Trabajaba 16 horas, tenía treinta y pocos años y desde que me levantaba, respondía mensajes en el móvil hasta las dos de la madrugada. Si cenaba con amigos y me escribían los de Japón, respondía; se acababan de despertar”.

De ahí nació su libro Vivir a jornada completa, una oda a saber no hacer nada que solo se aprende después de tocar fondo. En esta obra, la autora propone cinco pilares: cuidar nuestra atención, el cuerpo, las emociones, la mente y la comunidad, es decir, conectar con los demás.

El síndrome del trabajador quemado fue la respuesta que encontró a ese momento de relativa paz después de jornadas interminables. El efecto de ese síndrome fue dejar su trabajo, su vocación.

“He estado en la última década investigando cómo evitar quemarnos cuando nos gusta nuestro trabajo, cómo conseguir logros sin dejarnos la salud por el camino”.

Las consecuencias no tardaron en llegar. En una conferencia en Filipinas, acabó perdiendo un ovario en un hospital y tuvo problemas de tiroides. Se preguntó de qué le servía estar en un hotel de cinco estrellas en una cama enorme cuando había algo que no le hacía feliz.

“El gran problema de la sociedad actual es que no tenemos un conocimiento básico de cómo funciona nuestro cuerpo”, admitió, y explicó que el estrés es un “mecanismo natural” que responde ante situaciones de amenaza. “Nos dopamos con cortisol para responder ante esa amenaza”. La clave es activar el sistema parasimpático y desactivar el simpático.

Otra señal que captó fue la tensión en el cuello y que se notaba la tripa hinchada. “Cuando veo que me pongo cacao, es una señal de que me estoy pasando”, ironizó, y reconoció que hay incluso señales en el comportamiento, como dejar de hacer bromas, que son un claro signo de estrés.

Con el paso del tiempo, aprendió que había que diseñar otro paradigma de lo que es el éxito, no circunscrito solo a estar ocupado siempre. Cabra reclamó la vagancia: estar un fin de semana en el sofá también es aceptable.

Actuar a tiempo, la clave

“Hay un pilar que es cuidar nuestra mente trabajando en el mundo digital”, admitió, y añadió: “No vale de nada enseñar cuatro trucos y que luego tu jefa te mande correos a las once de la noche”.

Defendió la necesidad de establecer límites a las redes sociales: “Tengo límites de dos horas para WhatsApp; el mayor distractor del mundo son los pensamientos, el miedo a perderte algo”.

Además, advirtió sobre una creciente demanda por parte de las empresas: ser multitarea o polifacético, un requisito que solo puede cumplir un mínimo porcentaje de la población y que, a su juicio, es un sinsentido porque fomenta el desgaste en el rendimiento diario.

Además, comentó que las mujeres padecen más ansiedad y depresión y que llegan al entorno laboral con más carga mental. “Las mujeres tienen encima la carga de los cuidados; sin embargo, los hombres lideran la tasa de suicidios”. El problema es que cuesta reconocer ese estrés por miedo a “quedar mal” en el currículum: “Una de cada dos personas en la Unión Europea tiene miedo a decir ‘no estoy bien’ en el trabajo”.

La lección es clara: parar no es rendirse.