El puesto de churros.
Los malagueños que han llevado los "churros de verdad" y el pan con aceite a Múnich: "Es como estar en Andalucía"
Una pareja afincada en Alemania ha convertido los churros en protagonistas de una 'food truck' que ya es punto de encuentro para españoles en la ciudad cada fin de semana.
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Las claves
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Una pareja de malagueños ha creado una foodtruck en Múnich que ofrece churros auténticos y desayunos andaluces, convirtiéndose en un punto de encuentro para españoles.
La receta de los churros se ha adaptado cuidadosamente para mantener la tradición familiar, usando ingredientes españoles y elaborándolos a mano como en Málaga y Córdoba.
El proyecto, llamado No ni ná, ha ayudado a conectar a la comunidad española en Alemania, fomentando amistades y celebrando fechas señaladas como el Día de Andalucía.
Además de churros, ofrecen chocolate traído de Sevilla y tostadas andaluzas, con la intención de mantener vivo el vínculo cultural con Andalucía.
Hay una decepción muy particular que solo conoce quien vive fuera de España: la de encontrar en un mercadillo tradicional un puesto con la bandera de su país, acercarse con la ilusión de volver a casa por un instante… y descubrir que aquello no tiene nada que ver con lo que uno esperaba.
A Nuria López y Daniel Langmaack les ocurrió en Múnich con los churros. Allí, lo que se vende como "spanish churros" poco tiene que ver con la tradición española. "Poco... por no decir nada. A los alemanes les encanta, pero nos dimos cuenta de que venden como nuestro algo que no tiene nada que ver", explica Daniel.
Aquella sensación, compartida por muchos españoles en el extranjero, fue el germen de algo más. En su caso, además, todo se mezclaba con una historia familiar muy concreta: la de varias generaciones de la familia de Daniel dedicadas a hacer churros en Córdoba y Málaga.
De esa combinación nació No ni ná, una foodtruck que cada fin de semana se instala a pocos minutos del recinto del Oktoberfest y que ha terminado convirtiéndose en un pequeño punto de encuentro para quienes echan de menos Andalucía.
Allí, entre el olor a aceite caliente y chocolate espeso, se repite una escena que ya se ha vuelto habitual semana tras semana. Españoles, sobre todo andaluces, que llegan a desayunar y acaban compartiendo mesa, conversaciones y un ratito de categoría. "Vienen a desayunar y acaban haciendo amigos, es como tener un pedacito de Andalucía en Alemania", cuenta Nuria.
Nuevos horizontes
Pero la historia de esta pareja en Alemania comenzó mucho antes de que los churros de su foodtruck empezaran a freírse. Daniel fue el primero en marcharse hace más de una década, en plena resaca de la crisis económica en España. Había trabajado durante trece años como cámara en Mijas Comunicación, donde conoció a Nuria, pero un cambio político lo dejó fuera del equipo. "Nos echaron a siete y ya después de eso no encontraba trabajo allí en televisiones y lo que había no me pagaban lo mismo. Sabía que aquí podría encontrar oportunidades", recuerda.
Su decisión no fue del todo a ciegas. Su padre era danés y Daniel había pasado parte de su infancia en el norte de Europa, lo que le daba cierta familiaridad con ese entorno. Aun así, empezar de nuevo no fue fácil. "Aquí primero son los alemanes y ya, si sobra algo, llaman a un extranjero; son muy cerrados para eso", resume.
Durante un tiempo tuvo que reinventarse, hacerse autónomo, buscar contactos y abrirse camino poco a poco hasta conseguir estabilidad en el sector audiovisual. "He trabajado para Fox Sport en Latinoamérica y hoy trabajo en partidos de la Bundesliga, con ESPN y también como cámara para Mediaset España en Alemania, pero es muy difícil ser freelance".
Nuria llegó un año después, cuando él ya estaba asentado, y lo hizo con sus dos hijos. "No queríamos venirnos a lo loco", explica. En su caso, la inserción laboral fue mucho más rápida. "Yo soy maestra y trabajo con niños pequeños en una escuela infantil". La diferencia entre sectores fue brutal desde el principio. "Tres meses antes de llegar ya tenía contrato de trabajo".
Mientras construían su vida en Alemania, llegó una oportunidad que les hizo replantearse todo. Un primo de Daniel vendía una foodtruck de churros. Su bisabuela empezó como churrera en Rute y su abuela abrió una churrería hace años en la calle Mármoles de Málaga. "Somos una familia de churreros, pero nosotros no formábamos parte de ello", recuerda Daniel.
El proyecto
La pareja pensó y repensó la idea del proyecto de crear una foodtruck de churros en Alemania y decidieron intentarlo. Aunque Nuria tenía su trabajo muy estable, le confesó que le ayudaría en todo lo que pudiera y más en este nuevo reto familiar a miles de kilómetros de su tierra natal.
Una imagen de Nuria y su hijo.
Daniel volvió a España para aprender bien el oficio desde la base. "Me fui a Córdoba, y allí comencé a aprender a trabajar el churro realmente desde cero".
Después vino otra parte igual de importante: adaptar la receta y el proceso a un contexto y a un país completamente distinto. "No fue llegar y abrir. Tuve que probar en casa, ver la harina, buscar proveedores… hacerme yo un churro a mi medida y que me gustara a mí", explica. Porque, aunque los ingredientes básicos se pueden encontrar en Alemania, el resultado depende de muchos matices y querían que fuera el churro "perfecto".
La base del churro, como señala, no tiene misterio en apariencia. Agua, harina y sal. Pero dar con la textura, el punto y el sabor adecuado requiere de mucho ensayo, de mucha prueba y error. Utilizan harina de fuerza, un producto accesible en Alemania gracias al peso de la gastronomía italiana, y han ido afinando la receta hasta conseguir un resultado que consideran fiel a lo que ellos entienden como "un churro auténtico".
Elaboran los churros a mano, uno a uno, con jeringa, sin maquinaria industrial, como hacían sus antepasados. "La masa se hace en el momento, a mano, como lo hacía mi bisabuela. No hay máquinas", subraya Daniel. Trabajan con tejeringos, una forma típica de Málaga y Córdoba.
Daniel y Nuria consideran algunos productos como irrenunciables. El chocolate lo traen desde España. "Hacemos un pedido grande y la empresa nos lo va dosificando", explica. También utilizan Nocilla en lugar de otras cremas más comunes en Alemania, como la Nutella. "Queremos que todo lo posible sea español y, si se puede, andaluz". A partir de ahí han ido incorporando otras opciones de toppings como dulce de leche o pistacho, que conectan con distintos públicos, e incluso probaron durante un tiempo propuestas más llamativas como la Pantera Rosa.
Un churro con chocolate.
La foodtruck abrió en noviembre de 2024 y, de momento, ambos la compaginan con sus trabajos. Solo funcionan los fines de semana. "Yo tengo mi trabajo fijo de lunes a viernes. Y él acude cuando lo van llamando, que a veces es en fin de semana, pero me ayudan mis niños que están grandes", explica Nuria.
Aun así, la respuesta del público ha sido rápida. Por las mañanas, el público es principalmente español. La mayoría, andaluces que buscan ese placer de desayunar bien una mañana de fin de semana. Por la tarde, el perfil cambia. Se acercan más alemanes, curiosos por probar. "Al principio son reacios, pero cuando lo prueban son muy fieles", dice Daniel. "Ellos lo quieren con azúcar y canela. Y nosotros se lo damos, aunque nos duela. Pero solemos decirle que los prueben con chocolate, como nosotros... Y alucinan. Lo que no entienden es el churro para desayunar; ellos lo toman por la tarde".
Con el tiempo, el puesto ha ido ampliando su oferta sin perder la esencia. Chocolate a la taza traído de Sevilla, el mismo que se sirve en la Feria de Abril; y tostadas con aceite, tomate y jamón, zurrapa o paté ibérico. Todo con la intención de mantener un vínculo claro con Andalucía.
El pasado 28 de febrero vivieron verdaderos momentazos en la foodtruck, donde ofrecieron un desayuno especial del Día de Andalucía. A los churros ellos le sumaban de forma totalmente gratuita el pan con aceite, para dar a conocer su gastronomía. "Vino una chica tiktoker, Paloma, que grabó un vídeo. También coincidió con unos gaditanos... Aquí vinieron con camisetas, banderas... Fue precioso", recuerda Nuria.
Las redes sociales han ayudado a difundir el proyecto, pero no han sido lo único para que No ni ná funcione tan bien en Múnich. El boca a boca ha sido clave. En una ciudad con muchos españoles pero poco conectados entre sí, su puesto ha terminado funcionando como un punto de unión. "Se han formado grupos de amigos aquí. Familias que no se conocían ahora quedan para desayunar juntas. Eso es de lo que más orgullosos estamos".
El nombre, No ni ná, también responde a esa intención de mantener viva la identidad andaluza. "Es una expresión muy nuestra. Muy andaluza. Nos representa", dice Daniel, que la lleva hasta tatuada.
La pareja.
Emprender en Alemania, aseguran, ha sido más llevadero que en España en términos económicos. "Aquí no tienes una cuota fija de autónomos como en España. Pagas en función de lo que ganas", explica. Una diferencia que, en su caso, ha sido clave para poder poner en marcha el negocio sin una carga inicial tan elevada.
Lo comparan con una experiencia anterior en Fuengirola, donde montaron una librería en plena crisis de 2008. "Fue todo pérdidas". Nuria estaba embarazada y, pese a encajar en perfiles que podían recibir ayudas, como los de ser mujer, joven y embarazada, no obtuvieron ninguna. "No nos llegó ni un duro, ni uno". A eso se sumaron los gastos y la falta de consumo. "No pudimos mantenerlo. Fue pérdida todo, un fracaso tremendo", relatan.
Hoy su vida está asentada en Alemania, pero mantienen un fuerte vínculo emocional con Málaga. Sus hijos tienen 15 y 18 años. Llegaron con 3 y 5. Han crecido allí, pero se sienten andaluces gracias a que sus padres les hablan en andaluz y les siguen inculcando tradiciones. Tanto que, el mayor, de hecho, quiere volver. "Nosotros estamos aquí los cuatro solos. La familia que tenemos es la que se elige, la de los amigos. Pero nos tira mucho la familia, la echamos de menos".
Un padre icónico
Hace apenas un mes, además, Daniel perdió a su padre, una figura clave en su historia. Danés de origen, llegó a España por amor. Su madre no se adaptaba a la vida en Dinamarca y decidieron trasladarse. "Mi madre estaba allí y no encontraba amistades, el tiempo era muy triste… y nos vinimos", recuerda.
Su padre dejó un buen trabajo en un banco y empezó de cero en Málaga. "Se sacrificó, pero una vez que estuvo allí no volvió a Dinamarca. No había quien lo sacara de Málaga". Su arraigo fue tal que incluso se presentó a las elecciones municipales en Mijas. "Se llamaba John Frank". Logró siete concejales en un municipio con una importante comunidad extranjera.
"Mi padre tenía a sus niños por el extranjero, uno en Dinamarca, otro en Alemania, pero a él nadie lo movía de su Málaga. Estaba enamorado y se sentía de allí", recuerda con emoción. A Daniel se le ilumina el rostro hablando de su padre, aquel danés que se hizo más mijeño que nadie y entiende por qué no hubo quien lo sacara de la Costa del Sol. El arraigo vale más que cualquier pasaporte. Por eso Nuria y Daniel no solo venden churros, sino que construyen, a su forma, un puente de Múnich a Málaga construido a partir del aceite, la harina, el azúcar y bonitos recuerdos.
Con este gesto mantienen viva una promesa: la de que, por lejos que se esté, uno nunca termina de irse del todo si tiene un pedacito de su tierra que compartir. De hecho, su objetivo es poder abrir en el futuro un local fijo y ampliar la carta con productos como camperos y serranitos. Quieren llevar a Málaga por el mundo.