'El Limonar' del siglo XII, con casas de lujo islámicas, aflora bajo El Perchel: "Fue planificado por la élite gobernante"
Los arqueólogos desentierran viviendas de 100 y 200 metros en las parcelas sobre las la promotora Dazia proyecta una gran promoción residencial. "Se pone de manifiesto el alto poder adquisitivo de quienes ocuparon muchas de estas casas".
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Bajo los solares de Callejones del Perchel donde la promotora madrileña Dazia proyecta varios cientos de viviendas renace el pasado islámico de Málaga.
Los trabajos arqueológicos que desde hace meses desarrolla la empresa Nerea Arqueología en el sector han desenterrado de las profundidades un amplio sector del arrabal de Attabanim, bien conocido y documentado en los últimos años gracias al avance de la obra del Metro en la Avenida de Andalucía.
La labor ha permitido encontrar restos de viviendas de gran tamaño, patios cuidados, agua corriente y una muralla de cierre en las proximidades al río Guadalmedina que los arqueólogos, entre bromas, describen como "El Limonar del siglo XII".
La intervención constata el hecho de que este barrio musulmán ya no puede verse como un apéndice menor de la Málaga islámica. Por la extensión excavada, la calidad de las viviendas y la complejidad de sus infraestructuras, los especialistas lo sitúan "al nivel de cualquier arrabal de una ciudad de primer orden del mundo musulmán”.
Así lo explica a EL ESPAÑOL de Málaga Miguel Sabastro Román, al frente del equipo encargado de esta excavación, que cuenta con cuatro técnicos arqueólogos de campo: Carmen Vera, Yolanda Arrebola, Verónica Navarrete y Juan Manuel Mena.
A pie de campo, pisando las piedras sobre las que se asentaron estos inmuebles residenciales, Miguel detalla con pasión el valor de lo encontrado en una campaña iniciada hace ahora unos seis meses.
A una primera fase de sondeos, con resultado positivo, le ha seguido una excavación en extensión que ronda ya los 2.500 metros cuadrados y, una vez se levante el vial central (la antigua calle Huerto de la Madera) para unir las distintas piezas, podría superar los 4.000 metros cuadrados.
A ojos del experto, lo hallado permite concluir que el arrabal musulmán no fue fruto de un crecimiento espontáneo, sino que fue planificado "por la élite gobernante".
Las estructuras más antiguas datan a finales del siglo XI y la ocupación se prolonga sin interrupción hasta mediados o finales del XIV, cuando la zona comienza a abandonarse como área densamente poblada y se reconvierte en huertas ya en época cristiana.
Viales y red de pozos
Las manzanas se organizan en torno a viales bien trazados, con una red de pozos que recogen las aguas residuales de las casas alineadas a ambos lados.
El corazón de cada unidad doméstica es un patio central, en torno al cual se distribuyen las estancias. El agua limpia circula por canalizaciones y atarjeas superficiales, mientras que cocinas y letrinas se sitúan hacia las fachadas para facilitar la evacuación. En algunas cocinas se conservan todavía los suelos quemados por el uso.
Según el director de la excavación, muchas viviendas superan los 80 o 100 metros cuadrados e incluso se acercan a los 200, reforzando la idea de un vecindario de alto poder adquisitivo.
De ahí el símil que manejan en el equipo: "Decimos que es como El Limonar de la época". Y no por casualidad, sino por la suma de indicadores: superficies generosas, calidad constructiva, refinamiento en los patios, soluciones hidráulicas cuidadas…
Uno de los objetivos que se marca el equipo es cruzar los datos de su investigación con los obtenidos en las excavaciones del suburbano en la avenida de Andalucía para comprobar si dentro del arrabal existieron sectores más industriales y otros claramente residenciales y si se pueden leer diferencias sociales en el mapa.
La muralla aparecida
En la manzana C, la más pequeña y separada del resto, la excavación ha sacado a la luz además un elemento mayor: el lienzo de la muralla que cerraba el arrabal por la parte más cercana al río Guadalmedina.
El trazado se conocía de forma aproximada, haciéndolo coincidir con la calle Angosta del Carmen, pero la aparición del muro permite ahora fijar con precisión su recorrido real, con un ajuste de unos diez metros sobre lo que se manejaba hasta ahora.
El paramento conserva varias fases constructivas. Por un lado, el tapial original del siglo XI, al que se añade un refuerzo posterior con grandes bloques de mampostería y tongadas de ladrillo, interpretado como una “camisa” levantada para proteger la cerca de las crecidas del Guadalmedina.
Miguel llama la atención sobre la aparición dentro de esta estructura, sobre la que pesa la máxima protección, un pequeño arco que los arqueólogos creen que funcionó como cloaca o sumidero que atravesaba la muralla para evacuar aguas residuales hacia el río.
El trozo de muralla se está excavando con especial cuidado para poder datar, a partir de los sedimentos que la rellenan, hasta cuándo se mantuvo en uso esa infraestructura y en qué momento se colmató definitivamente por falta de mantenimiento.
La consideración de este elemento arqueológico como Bien de Interés Cultural (BIC) obliga a su conservación. No obstante, la ordenación del desarrollo residencial previsto por Dazia parece facilitar la posibilidad de que sea integrada.
La parcela en cuestión no recoge la previsión de aparcamiento subterráneo, facilitando la búsqueda de compatibilización.
Los arqueólogos trabajan ahora en una fotogrametría detallada con coordenadas de todos los restos para entregarla a los arquitectos de la promoción, que deberán replantear la posición de los micropilotes de cimentación para minimizar el impacto sobre el yacimiento.
Queda por resolver qué parte de todo este "Limonar del siglo XII", sobre el que sí se plantea un parking soterrado, podrá verse el día de mañana. La decisión final corresponde a la Delegación Territorial de Cultura, que será la que dictamine sobre el futuro de los restos encontrados.