Recreación de cómo pudo ser la ciudad del Cerro del Villar.

Recreación de cómo pudo ser la ciudad del Cerro del Villar. EEM

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Málaga mantiene vivo el sueño de hacer visitable su 'Atapuerca fenicio': Cerro del Villar guarda bajo tierra el 90% de su historia

Cinco campañas de investigación han confirmado la excepcional conservación de calles, edificios, almacenes y talleres de una ciudad fenicia de casi 3.000 años.

Más información: La Málaga fenicia emerge en el Cerro del Villar: una 'superciudad' mucho más compleja de lo que se creía

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Las claves
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El Cerro del Villar, en Málaga, es uno de los asentamientos fenicios mejor conservados y podría convertirse en un parque arqueológico visitable.

Las excavaciones han revelado una compleja ciudad fenicia con calles, edificios, talleres y espacios de culto, pero solo se ha investigado el 10% del yacimiento.

Los hallazgos incluyen ánforas griegas, pesas de metrología fenicia y restos de trabajos metalúrgicos, evidenciando la importancia comercial y artesanal del enclave.

El proyecto para abrir el yacimiento al público requeriría una inversión millonaria y se plantea acondicionar únicamente los sectores de mayor interés y mejor conservación.

El Cerro del Villar es una especie de Atapuerca del mundo fenicio. Una ciudad que lleva casi 3.000 años enterrada en la desembocadura del Guadalhorce y que, seis décadas después de su descubrimiento, todavía tiene la mayor parte de su historia por contar.

Las excavaciones han permitido reconstruir una colonia comercial de gran entidad, con calles, edificios, almacenes, talleres y espacios de culto. Pero apenas se ha intervenido en una décima parte de sus aproximadamente 60.000 metros cuadrados.

El 20 de diciembre de 1965, el arqueólogo malagueño Juan Manuel Muñoz Gambero descubrió el yacimiento. Las primeras excavaciones llegaron al año siguiente, aunque hubo que esperar hasta 1987 para que arrancase la primera gran etapa de investigación científica y sistemática a escala internacional, liderada por la catedrática María Eugenia Aubet, de la Universidad Pompeu Fabra. Aquellos trabajos sacaron a la luz la compleja trama urbana y artesanal de la colonia fenicia.

Después de casi dos décadas de parón, la Universidad de Málaga retomó las campañas arqueológicas en 2022 bajo la dirección de José Suárez.

Imagen de las excavaciones en el Cerro del Villar.

Imagen de las excavaciones en el Cerro del Villar. Ayuntamiento de Málaga

Cinco años de trabajos después, el Cerro del Villar no solo ha ampliado el conocimiento sobre la antigua ciudad. También ha reforzado la posibilidad de que algún día pueda convertirse en un espacio visitable, un parque arqueológico periurbano donde caminar por las calles de una ciudad de hace casi 3.000 años, observar sus suelos y comprender cómo vivían sus habitantes.

El sueño del parque arqueológico sigue vivo. Y, según Suárez, es una posibilidad real. "Hay material de sobra ya", explica el profesor de Prehistoria de la UMA. No habla de excavar toda la ciudad, sino de seleccionar los sectores de mayor interés, acondicionarlos y permitir que el público pueda recorrerlos.

La última campaña, desarrollada durante casi un mes y financiada por la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Málaga, ha confirmado la excepcional conservación de sus estructuras y ha permitido seguir dibujando la dimensión de una colonia fenicia que pudo llegar a estar habitada por hasta un millar de personas.

En algunos puntos, los muros conservan más de 1,5 metros de altura. Y en los sectores situados al norte de la antigua isla, la superposición de diferentes edificios y calles forma un auténtico tell: una colina artificial generada por la acumulación de asentamientos humanos a lo largo del tiempo.

La imagen que empieza a emerger es la de una auténtica superciudad fenicia, mucho más compleja de lo que se había podido documentar hasta ahora. Una ciudad que todavía guarda bajo tierra buena parte de su trama urbana, sus actividades económicas y su historia.

Una realidad que se dibuja tras cinco campañas de investigación que apenas han profundizado en el 10% de la superficie total, estimada en unos 60.000 metros cuadrados.

Una ciudad superpuesta

El Cerro del Villar no es un conjunto cualquiera, como subraya Suárez: "Eso no son cuatro piedras difíciles de entender. Cuando tú ya encuentras una calle, te puedes pasear por la calle, puedes ver los suelos, puedes entender las cocinas, eso ya es algo que se puede contar", destaca.

La quinta campaña ha permitido localizar al menos tres grandes fases arquitectónicas superpuestas, fechadas entre finales del siglo VIII y el siglo VII antes de Cristo. En los sectores situados al norte de la antigua isla, los restos de diferentes edificios, separados por calles, se acumulan hasta formar un auténtico tell: una colina artificial generada por la superposición de asentamientos humanos a lo largo del tiempo.

Es una imagen que recuerda a las grandes ciudades del Próximo Oriente y que ofrece una lectura poco habitual de la evolución urbana del Cerro del Villar. Las estructuras permiten observar una planificación urbana de cierta entidad y refuerzan la idea de que la colonia tuvo una dimensión mayor de la que se había podido documentar hasta ahora.

En uno de los espacios se ha seguido investigando una habitación utilizada como almacén y que presenta evidencias de haber sufrido un incendio. En su interior se conservan restos de al menos seis ánforas fenicias, madera quemada que pudo formar parte de antiguas estanterías y otros restos orgánicos, entre ellos semillas. En el extremo opuesto de la antigua isla, bajo niveles de ocupación romana, también se han identificado edificaciones que confirman la ocupación de ese sector meridional durante la época fenicia arcaica.

Varios de los participantes en la excavaciones del Cerro del Villar.

Varios de los participantes en la excavaciones del Cerro del Villar. Ayuntamiento de Málaga

La extensión del poblamiento por la isla es una de las aportaciones relevantes de esta campaña. La ciudad que empieza a emerger es más compleja de lo que se creía y, al mismo tiempo, más fácil de imaginar.

Una ciudad conectada con el Mediterráneo

El Cerro del Villar fue mucho más que un lugar de residencia. Las excavaciones han aportado nuevos indicios de su pujanza económica y comercial, así como de sus actividades artesanales y de la importancia de las prácticas de culto.

En el borde noreste de la antigua isla, a unos 30 metros de los sectores excavados, se continúa documentando un gran inmueble situado próximo a una de las zonas identificadas como posible espacio de atraque o varadero. Hace dos años apareció allí un fragmento de ancla.

En algunas habitaciones de ese edificio se han recuperado numerosos fragmentos de ánforas griegas procedentes de talleres como Corinto. Los recipientes habrían contenido vino y aceite de calidad y constituyen una evidencia de la intensidad de los intercambios comerciales desarrollados en el asentamiento. Los materiales apuntan a un enclave conectado con redes de amplio alcance, con relaciones que no se limitaban al entorno inmediato de la bahía de Málaga.

La presencia de productos procedentes de Grecia, Etruria o Cartago refleja la posición estratégica que pudo ocupar el Cerro del Villar en el comercio del extremo occidental del Mediterráneo. También se han localizado nuevas pesas de balanza de metrología fenicia, fabricadas en plomo o bronce y destinadas al pesaje de productos de alto valor. Su presencia refuerza la interpretación del asentamiento como un importante centro comercial durante el siglo VII a.C., hasta el punto de que algunos investigadores lo han relacionado en el pasado con la antigua Mainake.

La actividad económica no se limitaba al intercambio de mercancías. En el entorno del gran inmueble próximo al posible atraque se han documentado evidencias de trabajos metalúrgicos de plomo, bronce e hierro con una entidad superior a la conocida hasta ahora. Los análisis desarrollados por especialistas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas han identificado la llegada al Cerro del Villar de minerales procedentes de distintos lugares, entre ellos el plomo de Gádor, en Almería.

A estos indicios se suman restos de desechos de trabajo y objetos de marfil, que evidencian la llegada de materias primas exóticas transformadas por artesanos locales en productos de lujo. El conjunto de hallazgos dibuja una colonia con una economía diversificada, en la que convivían el comercio a larga distancia, la transformación de materias primas, la producción artesanal y actividades vinculadas al culto.

Recreación de cómo se cree que eran las construcciones del Cerro del Villar.

Recreación de cómo se cree que eran las construcciones del Cerro del Villar. EEM

El parque no necesita esperar a descubrir toda la ciudad

La posibilidad de un parque arqueológico no pasa por excavar los 60.000 metros cuadrados del Cerro del Villar. De hecho, Suárez considera que una intervención sobre la totalidad no sería viable.

El futuro parque podría arrancar con los sectores que ya ofrecen mayor interés para el visitante. La existencia de calles, edificios, suelos, cocinas y almacenes permite plantear un recorrido que no dependa de haber desenterrado toda la ciudad. «Es cuestión de decidir qué se quiera hacer y que se cuenta con los recursos y para adelante», resume Suárez.

La idea es crear una especie de contenedor de centro de recepción de visitantes, parecido al modelo del Teatro Romano de Málaga, y organizar una ruta por el interior de las zonas excavadas. La ejecución, en sí misma, no tendría por qué ser excesivamente larga una vez asumida la decisión y garantizados los recursos. Pero antes de eso hay que resolver la investigación, la conservación y las condiciones que permitan abrir el yacimiento.

Inversión millonaria

La naturaleza de los restos condiciona el proyecto. Los muros del Cerro del Villar son de tierra y barro, no de piedra sólida como los de muchos yacimientos romanos. Los sectores que se acondicionen para la visita necesitarían cubiertas y estructuras capaces de garantizar su conservación. No bastaría, por tanto, con abrir un camino entre los restos.

Suárez sitúa la inversión necesaria en una escala millonaria. "Al menos un par de millones de euros", precisa.

El próximo año se dedicará a la redacción de las memorias de resultados, al estudio de los materiales recuperados y a la divulgación de los avances en distintos foros. La campaña de 2026 cierra el Proyecto General de Investigación Arqueológica desarrollado entre 2022 y 2026, pero no supone el final de los trabajos científicos.

La intención es solicitar a la Junta de Andalucía un nuevo proyecto general de investigación de cuatro años como mínimo. Su autorización y financiación resultan imprescindibles para continuar las excavaciones y el procesamiento de los materiales. La investigación seguirá dependiendo fundamentalmente de los recursos de la Administración autonómica, sin perjuicio de que se mantengan activas otras vías de ayuda, incluidos posibles fondos europeos.

Suárez considera que la investigación de futuro resulta aún muy prometedora. La próxima etapa permitirá seguir estudiando los sectores ya excavados, pero también sondear otros espacios para comprender mejor cómo funcionaba la ciudad: sus edificios públicos, sus zonas residenciales y la relación entre los diferentes ámbitos de actividad.

Historia de Málaga

El Cerro del Villar se reafirma como uno de los asentamientos fenicios mejor conservados del Mediterráneo occidental y como un enclave de especial valor para conocer una colonia fenicia arcaica del sur de la península ibérica.

La campaña ha aportado asimismo un nuevo fragmento de máscara de terracota, fabricada en los propios talleres alfareros del asentamiento. La pieza refuerza la importancia de las prácticas de culto documentadas en este sector y se suma a las habitaciones interpretadas como espacios relacionados con actividades religiosas.

Sobre los niveles fenicios se han identificado restos que podrían corresponder a hornos de época posterior, vinculados a testares con abundantes fragmentos de ánforas, lebrillos, platos y cuencos fechados entre los siglos VI y V a.C. Esta superposición ofrece una conclusión especialmente significativa: el Cerro del Villar pudo permanecer ocupado de manera ininterrumpida, al menos, entre los siglos VIII y V antes de Cristo. Una continuidad que, según Suárez, no se conocía hasta el momento con esta claridad.

"Esto significa que en esos momentos el asentamiento funcionó como un ámbito artesanal relacionado con la ciudad, pero con una entidad superior a lo que se había imaginado hasta el momento", explica.