Calle Trinidad, en una imagen antigua.
El Cautivo y la Virgen de la Trinidad de Málaga, dos iconos que unen al barrio en el Sábado de Pasión
Se puede decir, sin exagerar, que el barrio gira en torno a sus dos imágenes devocionales por excelencia. Están presentes cualquier día del año en que se pasee por la zona.
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Caminar por el barrio de la Trinidad de Málaga en la mañana en la que se traslada a Nuestro Padre Jesús Cautivo y a María Santísima de la Trinidad desde la iglesia de San Pablo hacia su casa hermandad es lo más cercano a estar presente en un evento contagiado de felicidad colectiva. Por algo se le ha llamado últimamente el barrio de la alegría.
Y así lleva siéndolo décadas, desde que el escultor José Martín Simón dejó su impronta en el Señor de la túnica blanca que une a un mar de personas. De aquí para allá, pero con un destino fijo. Hay fechas muy marcadas en el calendario, y el traslado del Cautivo es una de ellas, como también lo es nacer o haber vivido en la Trinidad. Reencuentros, consuelo, devoción, nostalgia, ritos y primeras veces.
Desde ese abuelo que se despide un año más por calle Sevilla pensando que será la última vez que verá a su Cristo y a su Virgen, hasta esa niña que lanza claveles al trono por primera vez. Cada uno lo vive a su manera y con sus razones particulares, pero todo lo une una serie de casualidades.
A Jesús Cautivo de Málaga se le nombró así, según Dolores Carrera, más conocida como el Nazareno Verde, porque a los integrantes de la hermandad de la Trinidad se les ocurrió el nombre influenciados por la triste situación de la época. Todo surge porque la antigua talla de la Virgen de la Trinidad, que veneraban una serie de hermanos, fue escondida durante unos meses en el año 36, temiendo que acabara como tantas otras en la ciudad en 1931.
Tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, corrió en Málaga el rumor de que alguna turba pretendía calcinar la iglesia de San Pablo. Por eso se organizó un grupo de personas, entre las que se encontraba José Carrasco Castilla, al que se le ocurrió esconder a la Virgen de la Trinidad en su carnicería.
Mural en el barrio.
Así que eso hicieron: en la madrugada del día siguiente al comienzo de la Guerra Civil sacaron a aquella Virgen de la Trinidad y la colocaron en una espuerta cubierta de solomillo y chuletas de ternera dentro de la carnicería de quien fue hermano de la cofradía del Cautivo.
Tras la entrada del Ejército Nacional en Málaga, volvió al culto aquella Virgen de la Trinidad, y aquellos hermanos consideraron que el Cristo que habían encargado a un escultor granadino debía llamarse Cautivo en honor a la Trinidad. La escondieron primero en la carnicería y luego la enterraron, así que para ellos estuvo cautiva.
Se puede decir, sin exagerar, que el barrio gira en torno a sus dos imágenes devocionales por excelencia. Están presentes cualquier día del año en que se pasee por el barrio, como, por ejemplo, esa esquina de calle Jaboneros con calle Mármoles, donde hay una floristería en un kiosco decorado con un grafiti de su Cristo.
O en cualquier rincón donde se divisa un azulejo relacionado con las tallas que realizaran Martín Simón o Francisco Buiza, símbolos que mantienen viva la devoción popular. Hoy miles de personas se acercarán a la Trinidad para el gran preludio de esa semana que está por vivirse, sintiendo el pulso de una tradición que va mucho más allá de lo estrictamente religioso.
El traslado del Cautivo en el Sábado de Pasión se convierte así en un acto íntimo y multitudinario a la vez, donde cada silencio se mezcla con la emoción y con el orgullo de un barrio que, sin pretenderlo, también camina al compás detrás de esa túnica piel de ángel. Y no es sólo hoy, son los 365 días del año.