Ángel Calvente con la pequeña Cris.

Ángel Calvente con la pequeña Cris. Jesús Domínguez

Cultura

Ángel Calvente: "Los niños son muy inteligentes y se les puede hablar de todo, pero siempre desde el respeto "

El director teatral estará los próximos 10,11 y 12 de octubre en el Teatro del Soho CaixaBank con 'Cris, la pequeña valiente', una obra donde trata la infancia trans.

3 octubre, 2023 05:00

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Ángel Calvente es uno de esos creadores culturales a los que escuchas hablar y sientes que, en lugar de soltar palabras, rebosan inspiración y creatividad. El director teatral lleva más de tres décadas haciendo teatro para toda la familia, pero la realidad es que han sido sus espectáculos infantiles los que han logrado hacerle conseguir tres premios Max. En todos ellos, trata de temas que la sociedad cataloga como 'tabú' entre los pequeños de la casa, algo que él no termina de entender.

Cris, pequeña valiente obtuvo el Premio Max al Mejor Espectáculo para la Infancia en 2022. En esta obra, Calvente habla de infancia trans y todo lo que ello conlleva. La pequeña Cristina, una niña que al nacer pensaron que era un niño, lucha por su derecho a ser la persona que es y siente, sobre todo para obtener un futuro lleno de libertad y oportunidades y crecer como cualquier niña de su edad.

Con su lenguaje "gamberro", Calvente ha ofrecido casi 200 funciones por toda España con su Cris, la que para él es su "hija de gomaespuma". Los próximos días 10 y 11 de octubre estará con ella en el Teatro del Soho en unos pases que solo estarán disponibles para centros educativos en el marco del 'Soho de los niños'. Los centros escolares interesados en acudir, pueden contactar con el teatro en el correo programaescolar@teatrodelsoho.com.

El 12 de octubre, en cambio, a las 12.30 horas, se realizará un pase de Cris, pequeña valiente para el público general que quiera disfrutar de esta coproducción de El Espejo Negro y Teatro del Soho CaixaBank que no deja indiferente a nadie. Las entradas están a la vista aquí por 22 euros. Hablamos con él para saber más sobre la obra y su forma de hacer teatro.

Una imagen de Cris.

Una imagen de Cris. Teatro del Soho

En apenas unos días vuelves al Soho con una obra que te ha dado grandes alegrías. ¿Qué es para ti Cris, Pequeña Valiente?

Son palabras mayores decir qué es ella para mí. A mí Cris me ha abierto la puerta y me ha dado la posibilidad de conocer a muchas personas, dialogar, entenderlas, acompañarlas y, sobre todo, darle visibilidad y una sonrisa a la infancia trans. La infancia trans, por desgracia, no suele ser algo que se visibilice lo suficiente y mucho menos en espacios como puede ser el teatro.

¿Crees que Cris, Pequeña Valiente llena ese vacío que, por desgracia, hay en la sociedad actual? 

Hombre, por supuesto que sí. También hay otras compañías que tratan el tema, no tan directamente como lo hago yo sobre el escenario, pero sí que hay ya espectáculos también que siguen un poco la estela y el camino iniciado por Cris. Pero es verdad que no se habla demasiado de este tema y ya sabemos que de lo que en este país no se habla… desaparece. A veces, para la gente, es muy incómodo hablar sobre la transexualidad en la infancia. Pues, a través de Cris, damos ese paso hacia adelante, creamos una ventana donde todas las niñas y los niños trans se pueden asomar y mirarse en un espejo a través de su historia.

Tienes tres premios Max por obras infantiles en la que tocas temas que son, desgraciadamente, ‘tabú’ en el público infantil. Has hablado hasta de los piojos sobre las tablas. ¿Hay algo de casualidad en que se te premie por esas obras en las que hablas de lo que no se suele hablar?

A ver, casualidad, no sé si sería la palabra… Es un trabajo, un buen trabajo, y que los profesionales, un jurado muy amplio, decida que un espectáculo se tiene que llevar el premio Max… Para mí es gratificante. Yo creo que mi obra es valiente, salgo de los cánones establecidos. Yo nunca he pensado que los niños y las niñas, nuestros pequeños, no son nada inteligentes, al contrario; creo que son un público inteligente, que se les puede hablar de todo, pero siempre desde el respeto hacia la infancia y hacia ellos mismos y sí mismas. 

Pero sí que es verdad que yo siempre veo temas “peliagudos”, que hay mamás y papás, adultos y profesores… gente normal y común, de los que creen que no se les puede hablar a los niños como es el caso de los espermatozoides, de los piojos, del coma de un niño o, en este caso, de niñas trans. Pero bueno, ahí entra la libertad de cada uno sobre el escenario, lo importante es hacer buenos trabajos, que visibilicen a las personas y que la infancia tenga referentes en este caso. Es decir, creo que uno puede enseñar muchas cosas a través de Cris, a través de la sonrisa… y del llanto también, porque los niños y las niñas, nuestros pequeños, también se caen al suelo, se hacen un daño en las rodillas y empiezan a llorar, pero cinco minutos después están saltando y jugando otra vez. Así es la vida, o así la concibo yo.

El Teatro del Soho vuelve a abrirte las puertas con esta obra la semana que viene. ¿Todos los teatros te han abierto las puertas pese a la temática que tratas? No sé si temas políticos han podido afectarte por ello...

Cris se ha movido y ha recorrido muchas ciudades, hemos hecho ya casi 180 funciones, creo. No recuerdo bien la cifra, pero nosotros no hemos tenido, en principio, ningún problema en ninguna ciudad ni en ningún municipio porque ya los programadores sabían qué llevábamos y a dónde nos llevaban. Y cuando un programador te lleva es porque sabe que su público lo va a encajar bien y qué va a ver. También te tengo que decir que en algunos territorios de nuestro país, donde la ultraderecha está implantada, por supuesto, no nos llaman… O al menos no tanto.

Una imagen de Cris.

Una imagen de Cris. Luis Gutiérrez

¿Y Castilla y León?

Pues también trabajamos en Castilla y León. Pero no tanto como debiéramos, pero por estos motivos, evidentemente. Pero bueno, esto es una constante en mi carrera artística. Es decir, que a mí no me viene dado ahora por el cambio político ni nada.

Gracias a la libertad de expresión, yo siempre he creado espectáculos que algunos pensaban que no deberían estar ahí. También porque nunca he tenido pelos en la lengua. Es decir, no es algo que me pille de sorpresa. Aún así ya te digo que Cris ha estado y está en programaciones absolutamente importantes, en municipios muy pequeños también. Y, por ello, también se ha llevado tantísimos galardones, que tenemos nueve premios y una nominación. Como se suele decir, ha nacido de pie, con mucho trabajo, con muchísimo esfuerzo que nos costó producirla.

Gracias al Teatro del Soho CaixaBank también, porque el propio Antonio Banderas fue el que pensó y creyó que era un buen proyecto para coproducir. Y bueno, seguimos caminando. Siempre hay alguien o algún político que cree que a los nenes y a las nenas no se les puede hablar de la transexualidad en la infancia, pero ese es su problema, no el nuestro. Es nuestro deber seguir dándoles voz y voto a todos estos niños y niñas que, aunque muchos lo nieguen, viven entre nosotros y no siguen una moda pasajera.

Es algo que ha pasado toda la vida y que ahora se puede identificar con palabras. Ellos tienen que entender y saber qué son. Este espectáculo no está basado en nadie en realidad, pero he tenido muchas entrevistas con adultos y menores transexuales para crear a Cris. Algunos ya con 4 o 5 años saben que son un niño o una niña, igual que lo sabías tú e igual que lo sabía yo.

A veces, el azar de nuestra propia genética y vida nos pone en un compromiso al ponernos genitales que no se contemplan en nuestra mente, que no casan con lo que pensamos. Y ahí está el grave problema. Sobre todo es grave para la gente de alrededor de estas personas, que piensan, en muchos casos, que eso no puede ser. Pero sí, señoras y señores, esto sucede y no es un invento. Esto sucede de verdad. Es decir, los transexuales no caen en la cuenta de que lo son con 40 ni 30 años. Nacen y crecen como cualquier persona.

¿Cómo fue el proceso de creación de Cris? Ella nace en tu mente en un momento complicado de tu vida. ¿Cómo fue trabajar mano a mano con esas personas para lanzar su mensaje?

Yo trabajo por impulso. De pronto me llega una imagen a la cabeza. Puede ser que esté durmiendo o vaya en el coche y un pensamiento me atraviese la mente. Algo así me pasó con ella. Yo quería escribir la historia de una niña trans después de soñarlo. El azar y la musa de la creación son así de puñeteras. Te pillan en cualquier sitio y ya te atrapan. 

Yo empecé a leer muchísimo sobre el tema trans para la infancia. Algo de lo que, por cierto, no hay tanto como parece. Hay libros en los que ir documentándote, vas cruzando ideas y vas viendo qué se repite constantemente. Hubo un momento en el que ya me cansé del estudio un poco y vi que necesitaba sentir de primera mano lo que sentían esas personas.  Lo que sentían sus papás, sus mamás, sus hermanos. 

Después de ver un espectáculo sobre un señor mayor trans, que se travestía para ocultar lo que era, había allí una charla donde me encontré, después de muchos años, a mi amiga Lola. Lola es una artista que trabajaba en Málaga y que se fue a Córdoba. Y entonces le expliqué la historia y le dije, mira, estoy escribiendo algo sobre una niña trans. Y Lola, que tiene unos ojos verdes enormes, los abrió mucho más al escucharme y me dijo que tenía dos niños trans. Sus hijos, los dos, eran trans. Yo le dije que no podía creérmelo, y ella me dijo que sí y que tenían, además, una asociación para niños, niñas y adultos trans en Córdoba.

Y allá que me fui, concertamos una cita y me fui con ella para Córdoba, con mi libreta, y conocí a padres con sus nenas y a una chica trans adulta. Y así empezó todo. Yo en ese momento ya había elaborado un guion, un preguion, pero a partir de ahí le fui dando mucho más forma.

Sobre todo porque no es lo mismo leer, que hablar y que te expliquen, ¿no? Y al final, lo que sacas en conclusión cuando estás con las niñas o niños trans es que son niñas y niños. Y punto. Nada más. No hay nada que les identifique como seres extraños de otro planeta y otro mundo. Son niños y niñas con 7 y 8 años y juegan a lo que les gusta jugar y se visten como les gusta vestirse. No hay nada que los identifique en la frente como transexual.

Da la sensación de que Cris te ha marcado muchísimo, un antes y un después en tu vida. Sueles decir que es tu hija de gomaespuma. 

Sí, sí, la verdad es que sí. Mira, nosotros somos una familia con un solo hijo que trabaja con nosotros, que ya tiene 32 años, pero cuando Cris llegó a nuestra vida fue ella la que nos adoptó a nosotros. Ahora somos una familia de cuatro y un perro. Carmen, Laín, Cris, un perrito y yo.

Como bien comentabas antes, yo empiezo a hacer un guion en un momento muy delicado de salud de mi vida, donde yo era muy vulnerable. Gracias a Cris y a haber hecho este espectáculo, me sané mucho mentalmente, me hizo mejor persona, me ayudó a abrirme mucho más a las personas diferentes, a las que lo tienen todo en contra. Y por todo eso, Cris es tanto para mí y significa tanto.

Y no solo para mí, también para Carmen, que es el otro 50% de El Espejo Negro. También a los actores y actrices que le dan vida al espectáculo. Ella tiene algo mágico que nos ha atrapado y supongo que nos conducirá siempre hacia una sonrisa. Una sonrisa y un abrazo.

Mira, a mi espectáculo vienen padres y madres con sus nenes y hay algunos que nos dicen que ellos también son Cris. Se ven reflejados en ella. Y te dan un abrazo y te dicen gracias, gracias por darnos voz, gracias por darnos visibilidad. Y tú dices… Nada más que por esos abrazos y esas caritas de los niños y niñas que miran a Cris como diciendo “¿Eres igual que yo?”... 

De hecho, una mamá me dijo que llevó a su niño de seis años al espectáculo porque ella intuía algo. Se lo decía, pero no claramente. Al salir, cuando iba de la mano de su madre, le dijo que él, o más bien ella, era como Cris. 

Con o sin marionetas, el teatro sirve para eso, para abrir la mente, para hacer autocrítica, para criticar lo que se hace mal, para halagar lo que se hace bien, para inventar, para hacer fantasías… Y Cris nos ayuda a todo ello y es importantísima para todos. 

Se suele decir que los niños aprenden en la escuela, pero que tienen que venir también educados de casa. ¿El teatro educa? ¿Se deben ir los peques con una lección a casa? 

Más que aprender, que es un término que yo juzgo mucho, porque siento que no enseño a nadie nada, es exponer. Yo solamente muestro sobre el escenario realidades y cosas muy cotidianas que nos rodean. Luego, que cada cual tome sus propias conclusiones. Lo importante, sobre todo, de Cris, es que da visibilidad. Y una visibilidad real.

O sea, no nos inventamos nada. Al contrario, he tenido que echarme muchas veces hacia detrás con el texto porque no quería entrar en jardines. Como soy, he tratado de poner sobre la mesa el suicidio en la infancia por este motivo, porque siento que hay que hablar mucho sobre ello, pero finalmente decidí que este no era el momento.

Cris debía ser un canto a la vida, a ser quien eres y a caminar. Eso es importante. Mostrar qué es la vida. La de Cris es inventada, pero está basada en muchas vidas muy reales.

Llevas años haciendo obras infantiles, ¿tienes cierta debilidad por ellas? ¿O son dos mundos diferentes cuando te pones a trabajar en una obra infantil y en una adulta? 

Yo le he hecho las mismas ganas e ilusión. Les pongo la misma energía. Yo trabajo igual para los pequeños que para los adultos. Lo último que hemos hecho para adultos fue en enero, cuando hicimos El verdugo, la primera adaptación que se hace de la película al teatro de marionetas. Hasta ahora nadie había conseguido hacer esta obra para adultos desde una perspectiva de marionetas.

Yo a eso y a una obra infantil les pongo la misma imaginación, los mismos recursos económicos. Yo lo hago con la misma intensidad. Lo que es cierto es que sí, soy mucho más gamberro cuando trabajo para los adultos. Porque evidentemente hablo para adultos y hay cosas que son muy adultas. (Ríe con picardía) Entonces ahí me permito ser mucho más gamberro. Aun así, cuando trabajo para los pequeños sigo siendo gamberro. Pero un gamberro... para ellos. ¿Me explico?

Te explicas. Y bueno, para ir acabando… ¿Qué le queda por hacer a Ángel Calvente? 

¿A mí? Pues todo y nada. A mí me queda mucho por seguir creando, seguir llevando hacia adelante mi motivación en la vida. Aunque sí tengo que decir que me queda por hacer un proyecto muy importante en Málaga: el primer centro internacional de la marioneta. En él, me gustaría que hubiera un teatro, un museo permanente donde expondría mis marionetas… Quiero hacer esto, pero quiero seguir creando todo el rato. Ahora mismo estoy preparando un nuevo espectáculo de calle, y cuando estrene, al poco tiempo estaré a otra cosa. Mi cabeza es muy calenturienta y no para, no me deja. Ella es la que dirige y me lleva hacia delante. 

Ahora de manera inminente estaremos en el Soho. Los días 10 y 11 de octubre haremos campaña escolar en el teatro, con diferentes centros de Málaga, y el 12 de octubre por la mañana estaremos haciendo espectáculo para toda la familia. En un día de fiesta, a las 12.30 horas, un planazo para adultos y niños a partir de seis años. Y después, a disfrutar de la Málaga tan bella que tenemos, con este cielo y este calor que no se quiere ir.