Cogida en una capea de pueblo, de Eugenio Lucas Velázquez.

Cogida en una capea de pueblo, de Eugenio Lucas Velázquez.

Cultura

Estos son los 5 cuadros que no te puedes perder si vas al Museo Thyssen en Málaga

El Museo Carmen Thyssen Málaga ha seleccionado para El Español de Málaga sus cinco obras más emblemáticas de la colección. 

12 diciembre, 2022 05:00
Málaga

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Pasear por un museo siempre es un placer. Cada pintura, cada escultura o cualquier otro tipo de expresión artística, al margen de la calidad suprema que se le atesora, tiene una historia detrás, un por qué y ahí está su magia. Las colecciones de los museos son amplias pero suele haber unas obras que tienen más tirón que otras, por el motivo que sea. El Español de Málaga se ha puesto en contacto con los expertos del Museo Carmen Thyssen Málaga -como ya hicimos también con el Museo Picasso Málaga- para que nos seleccionen cuáles son, en su opinión, los cinco cuadros imprescindibles que no te puedes perder si visitas el museo. Y esta ha sido su elección. 

Santa Marina (Francisco de Zurbarán)

Santa Marina

Santa Marina

c. 1640-1650. Óleo sobre lienzo, 111 x 88 cm. © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga

Francisco de Zurbarán dedicó buena parte de su producción a este tipo de representaciones de santas, en pie, en posición de tres cuartos e interpelando directamente al espectador, habitualmente agrupadas en series. Entre los distintos ejemplares de Santa Marina conservados, éste es el que se considera de mayor calidad, salido enteramente de su mano y ejemplo del virtuosismo técnico del pintor y de su extraordinaria capacidad para captar las calidades táctiles de tejidos y objetos.

La santa, vestida de pastora, pero sin atributos que permitan identificarla con su iconografía (habitualmente alguno de los instrumentos de su martirio), se recorta en fuerte claroscuro sobre el fondo, gracias a una contrastada iluminación, típica del primer barroco naturalista, que dota de tridimensionalidad a la figura y destaca especialmente el rostro y las manos.

Cogida en una capea de pueblo (Eugenio Lucas Velázquez)

Cogida en una capea de pueblo

Cogida en una capea de pueblo

1855. Óleo sobre lienzo, 114 x 184,5 cm. © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga.

Eugenio Lucas, máximo representante del Romanticismo madrileño y principal continuador del estilo de Goya en las décadas centrales del siglo XIX, aborda en esta obra una de las temáticas predilectas de aquél, las escenas taurinas, que también Lucas trabajó abundantemente en su producción.

La pintura recoge, siguiendo la visión cruenta de Goya, un momento trágico durante una capea rural, en el que un torero está siendo corneado por el toro. Toda la composición, de gran formato, dirige la mirada hacia el grupo principal aislado en el centro del improvisado ruedo y busca resaltar la tensión del momento, en una imagen en la que todo destila un intenso dramatismo: las reacciones del resto de participantes en la corrida y de los espectadores, el cielo que se cubre de nubes oscuras, la pincelada suelta y rápida, que hace vibrar la escena, y la desvencijada arquitectura de las casas del pueblo.

Salida del baile de máscaras (Raimundo de Madrazo)

Salida del baile de máscaras

Salida del baile de máscaras

1885. Óleo sobre tabla, 49 x 80,5 cm. © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga

Esta cautivadora imagen testimonia la fascinación que, como otros muchos artistas de finales del siglo XIX, sintió Raimundo de Madrazo por la vida nocturna parisina durante los años en que residió en la ciudad. Recoge una escena ante la célebre sala Valentino, con varios personajes disfrazados saliendo de un baile de máscaras, destacándose entre ellos una pareja ante la puerta: el propio pintor invitando a una joven a acompañarle.

Madrazo da singular protagonismo a la luz artificial que organiza magistralmente la composición, desde los farolillos que iluminan el nombre del local y la luz del interior que recorta las figuras en la acera, hasta los pequeños faroles de dos coches de caballos. Los reflejos de estas luces en los charcos, cristales y objetos metálicos ponen de manifiesto la aguda capacidad de observación del pintor y su atención al detalle. Madrazo realizó con frecuencia este tipo de pinturas de género con destino al mercado internacional.

Rocas de Jávea y el bote blanco (Joaquín Sorolla)

Rocas de Jávea y el bote blanco

Rocas de Jávea y el bote blanco

1905. Óleo sobre lienzo, 62,5 x 84,7 cm. © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga

Sorolla visitó por primera vez Jávea en 1896, donde regresaría en repetidas ocasiones para pintar. La grata impresión que le produjo el lugar se aprecia en una carta dirigida a su mujer, Clotilde: «Esto, Xabia, tiene todo lo que yo deseo y más […] es el sitio que soñé siempre, Mar y Montaña, pero ¡qué mar!».

El cuadro fue pintado durante su última estancia en Jávea, en el verano de 1905. Ese año Sorolla estaba preparando su primera gran exposición individual que celebraría en París en 1906 y a la que deseaba llevar nuevas pinturas. Llamado por el colorido y la transparencia del agua del Mediterráneo, pasó con su familia un largo y feliz verano pintando. La experiencia le resultó muy productiva, pues salieron de sus pinceles ese verano numerosas obras, unas dieciséis con el tema de mar y rocas, en las que la técnica y destreza pictóricas alcanzaron cotas difíciles de superar.

Coristas (José Gutiérrez Solana)

Coristas

Coristas

1927. Óleo sobre lienzo, 160 x 211 cm. © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga

Aunque fue respetado y admirado por la primera generación vanguardista del arte español, José Gutiérrez Solana es autor de una pintura al margen de todo movimiento, independiente, singular y extraña. Su costumbrismo de ambientes sórdidos, de figuras bordeadas de contornos negros e inexpresivas como muñecos de cera, se manifiesta de forma sobresaliente en este gran lienzo, protagonizado por varias mujeres que, tras una función teatral o de cabaré, se cambian de ropas en un espacio angosto, bajo la atenta vigilancia de una siniestra viuda que también escruta al espectador, voyeur de un espacio de intimidad vulgar.

El asunto del cuadro, que Solana repitió en varias ocasiones, se plantea casi como un bodegón con figuras, congeladas, sin comunicación entre ellas y con una relación distante e incluso amenazante con el observador. Pinceladas anchas, empastadas y emborronadas remarcan el aspecto desabrido de toda la escena.

Estas cinco obras de arte puedes verla en persona en el Museo Carmen Thyssen en Málaga, situado en la plaza Carmen Thyssen, en el número 10 de la calle Compañía de martes a domingo de 10:00 a 20:00.