Vídeo amenaza contra Jan G reclamando 1283 kilos de cocaína.

Vídeo amenaza contra Jan G reclamando 1283 kilos de cocaína. EE

Málaga

De Países Bajos a la Costa del Sol: la pista de una deuda de cocaína que atraviesa Europa

El asalto de un comando de 30 hombres armados a la casa de Jan G. destapa una trama internacional en la que aparecen una partida de droga desaparecida, 1.283 kilos intervenidos en Sevilla y el entorno de Bolle Jos.

Más información: Salas atribuye a un ajuste de cuentas entre bandas de narcos el tiroteo con tres detenidos y un herido en Marbella

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Las claves
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Un conflicto internacional por una deuda de cocaína ha desencadenado violencia en Países Bajos y tiene conexiones con la Costa del Sol.

Jan G., un neerlandés implicado en laboratorios de drogas, fue objetivo de un comando de más de 30 hombres armados de varias nacionalidades.

El ataque y las amenazas contra Jan G. estarían relacionados con la desaparición de una partida de 1.283 kilos de cocaína.

Las autoridades investigan si la droga incautada en Sevilla pertenece a la misma red y vinculan el caso a grandes estructuras criminales europeas.

Están las aguas muy revueltas en todo el mundo y en el entorno del narcotráfico internacional no iba a ser menos.

Irán ha organizado una ofensiva esta semana para desestabilizar la economía mundial, pero antes de que eso sucediera ocurrió un incidente de importancia en el mundo del narcotráfico europeo y que pone en alerta a todos los grupos criminales internacionales que operan en la UE. Y en la Costa del Sol hay que ampliar las miras, porque aquí se ajustan cuentas por conflictos que comenzaron en otros lares.

La cocaína es la droga clave para las finanzas de los grupos criminales y perder un alijo supone muchos quebraderos de cabeza. Eso se traduce en deudas millonarias y dar explicaciones a gente con las que no querrías ni tomar un café.

Si a esto se le añade que una mercancía ha sido robada y no incautada por las autoridades policiales de turno, las explicaciones se traducen en tiros, secuestros, mutilaciones o palizas y, por supuesto, la deuda se incrementa por días. Eso parece ser que le ha ocurrido a un tal Jan G. Un gachó neerlandés que se ha creído Walter White de Breaking Bad.

A este tipo casualmente le encontraron un laboratorio de drogas en su casa en 2019 tras un incendio en una vivienda de Ewijkseweg y recientemente fue condenado a 4 años de cárcel por su participación en un laboratorio de MDMA en Angeren a 30 kilómetros de la casa que fue atacada el 1 septiembre.

operativo de la Guardia Civil en Dos Hermanas en un alijo de cocaína de 1283 kilos.

operativo de la Guardia Civil en Dos Hermanas en un alijo de cocaína de 1283 kilos. EE

Comenzó a tener problemas con gente desconocida en 2024. En aquel octubre se presentaron dos hombres armados con un fusil Zavasta M70, pero no hicieron nada.

Dieron vueltas alrededor del inmueble en Overasselt y, tras dudar, se marcharon. Les habían contratado para disparar a la casa de Jan G, pero al final no lo hicieron y para la mala suerte de ellos la cámara de seguridad del terreno de Jan G los captó y le dio tiempo a llamar a la policía.

Finalmente fueron detenidos esos pistoleros amateurs. Alguien los contrató por 2.000 euros, según el medio neerlandés Gerderlander.

Tras esa visita inesperada, Jan G. tuvo varias órdenes de cierre de sus diferentes inmuebles prohibiéndole el acceso durante periodos intermitentes. Los alcaldes de las localidades donde reside recibían bastantes quejas de sus vecinos.

Por lo que sea, en los vecindarios no gustaba un pelo que gente encapuchada apareciese armada con fusiles de asalto solicitando explicaciones a Jan G, y a su padre.

Las escenas eran irreales para el paisaje típico holandés, de casas diseminadas con bicicletas en los porches. El año pasado a Jan G. le volvieron a avisar disparándole con armas automáticas a su casa y dejándole una foto de él en la entrada de su casa. Al inicio del verano le tirotearon de nuevo la vivienda en Overasaselt con un Kalashnikov.

Tantas advertencias contra Jan G. no eran casualidad y este supuesto narco, la condena que pesa por él aún no es firme, colmó la paciencia de alguien muy importante del crimen organizado internacional.

Por eso la madrugada del 1 de septiembre aparecieron armados hasta los dientes más de 30 personas de diferentes nacionalidades, en las que se incluían neerlandeses, argelinos, y franceses, al sur de Nijmegen.

El comando armado con fusiles de asalto llegó a la zona en furgonetas y camiones y se desplegaron en la vía de acceso a la finca de Jan G. En los vídeos de las cámaras de seguridad se puede observar que la gran mayoría de esos narcos no eran profesionales del sicariato por la forma de empuñar las armas.

Comando dirigiéndose a la casa de Jan G en Países Bajos.

Comando dirigiéndose a la casa de Jan G en Países Bajos. EE

Dejan claro que comenzaron ellos el enfrentamiento contra el escolta que defendía la casa de Jan G. y al que asesinaron a tiros, pero no contaban con la rápida intervención policial porque aparecieron entre 4 y 5 vehículos policiales bastante rápido. El comando tiroteó a los primeros agentes que llegaron hiriendo de gravedad a al menos dos de ellos.

Pero lo verdaderamente inquietante apareció después del ataque. Cuando todavía no se había apagado el eco de los disparos, comenzó a circular un vídeo de amenaza dirigido directamente contra Jan G.

Las imágenes son propias de una guerra internacional entre organizaciones criminales: un hombre encapuchado y armado aparece acompañado por varios individuos también encapuchados y armados, y lanza un mensaje inequívoco contra Jan G., su familia, sus amigos y las personas que trabajan con él. La amenaza no se limita a él. El mensaje advierte de que las consecuencias alcanzarán a todo su entorno si la mercancía reclamada no es devuelta.

La cuestión fundamental es qué mercancía están reclamando. Según las informaciones publicadas sobre el vídeo, los protagonistas hablan de una enorme partida de cocaína desaparecida.

Y aquí aparece uno de los elementos más llamativos de toda esta historia: la cantidad que se menciona en las informaciones sobre la grabación coincide con una operación realizada posteriormente en Dos Hermanas (Sevilla), donde fueron intervenidos exactamente 1.283 kilos de cocaína.

La coincidencia no permite afirmar que se trate de la misma droga, pero sí proporciona una línea de investigación extraordinariamente llamativa. El vídeo, además, ayuda a entender la magnitud del operativo que se produjo en Overasselt.

La policía puso en marcha una operación de enormes dimensiones y ese mismo día detuvo a 34 personas, además de intervenir armas y vehículos. Durante la noche siguiente se produjo una nueva detención, por lo que el número total de sospechosos pasó posteriormente a 35.

Y ese detalle resulta fundamental. No estamos hablando de dos o tres sicarios desplazándose hasta una vivienda para ejecutar un encargo. Las autoridades se encontraron con un grupo extraordinariamente numeroso, compuesto por personas de diferentes nacionalidades y con capacidad para desplazarse hasta una zona residencial fuertemente armado.

La operación policial posterior, con decenas de agentes registrando carreteras, zonas boscosas y campos cercanos a la vivienda de Jan G. da una idea de la dimensión que alcanzó el episodio.

La pregunta, por tanto, deja de ser únicamente quién disparó contra Jan G. La pregunta realmente importante es quién tenía capacidad para movilizar a un grupo de estas dimensiones y qué cantidad de dinero había detrás de la mercancía que supuestamente estaban intentando recuperar.

Y aquí es donde vuelve a aparecer el nombre de Bolle Jos. La hipótesis de que la cocaína reclamada pudiera pertenecer a una estructura vinculada a Jos Leijdekkers explicaría, al menos sobre el papel, por qué una supuesta deuda por droga habría terminado convirtiéndose en una operación armada de semejante magnitud.

Pero hay que insistir: esa conexión todavía debe demostrarse. Que el nombre de Bolle Jos aparezca alrededor de esta investigación, que exista un vídeo reclamando una partida concreta y que posteriormente aparezcan 1.283 kilos de cocaína en España son piezas que encajan de una manera inquietante, pero todavía no constituyen por sí solas una prueba de que toda la operación pertenezca a una misma organización.

Lo que sí está demostrado es que el conflicto ha adquirido una dimensión internacional. Países Bajos, España y la Costa del Sol aparecen dentro del mismo tablero criminal.

Y cuando una deuda de cocaína de semejantes proporciones provoca que decenas de hombres armados crucen carreteras, ataquen una vivienda y se enfrenten incluso a la policía, cualquier tiroteo posterior protagonizado por ciudadanos neerlandeses en Marbella, como el de esta última semana, merece ser observado con mucha más atención.