Jordi Pujol, el pasado mes de diciembre, cuando asistió al funeral del empresario Carles Villarrubí.

Jordi Pujol, el pasado mes de diciembre, cuando asistió al funeral del empresario Carles Villarrubí. Alberto Paredes Europa Press

Tribunales CASO PUJOL

Los Pujol, vistos para sentencia: el clan, "símbolo de Cataluña" para el nacionalismo, afronta 83 años de cárcel por corrupción

El 'expresident' catalán quedó exonerado debido a su "deterioro cognitivo", por lo que no podrá ser condenado.

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Las claves

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El juicio del caso Pujol concluye tras seis meses y 38 sesiones, con los siete hijos del expresidente catalán enfrentando peticiones de hasta 83 años de cárcel por corrupción.

Jordi Pujol i Soley, patriarca del clan, ha quedado excluido del procedimiento judicial debido a su deterioro cognitivo y no podrá ser condenado.

La Fiscalía Anticorrupción sostiene que los Pujol se enriquecieron mediante comisiones ilegales y fraude fiscal, mientras que las defensas alegan que el dinero procede de una herencia familiar.

El juicio ha contado con la declaración de ex altos mandos policiales y ha sido interpretado, en parte, como un proceso al símbolo político que representaba la familia Pujol para el nacionalismo catalán.

Años y años de investigación. Miles y miles de folios. Millones de euros bajo sospecha... Seis meses y 38 sesiones de juicio después, el caso Pujol quedó este jueves visto para sentencia.

Para el nacionalismo catalán, es el juicio a "un símbolo" de Cataluña. El apellido sagrado, salpicado por la corrupción.

Desde hoy, un grupo de empresarios, acusados de haber pagado comisiones ilegales a cambio de contratos, y los siete hijos de la familia Pujol, acusados de enriquecerse de esta forma ilícita, están a la espera de una sentencia que los condene o los absuelva.

La decisión la tomará la Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, tribunal presidido por el magistrado José Ricardo de Prada, el mismo que este jueves pronunció el célebre visto para sentencia que dio fin al juicio.

¿Serán los Pujol condenados o absueltos? ¿Una parte o todos? ¿A cuántos años de cárcel?

Quien ya es ajeno a estas dudas —al menos, en lo que a él respecta— es Jordi Pujol i Soley. El "deterioro cognitivo" del expresidente de Cataluña y patriarca del clan, a sus 96 años, le acabó librando del juicio. No podrá ser condenado.

Ello no fue óbice para que, este miércoles, durante su largo alegato final, el fiscal anticorrupción Fernando Bermejo subrayase que, entre 1980 y 2003, el apellido del entonces todopoderoso president fue sinónimo de Cataluña.

Y ese apellido, además de la abultada fortuna familiar y de los privilegios, es el que han heredado todos sus hijos. Los que tuvo con Marta Ferrusola, que no llegó a sentarse en el banquillo debido a su fallecimiento en 2024.

Los siete vástagos Pujol-Ferrusola enfrentan peticiones de pena por parte de la Fiscalía Anticorrupción que, en total, suman más de 80 años de cárcel. Ochenta y tres, concretamente.

El fiscal Bermejo solicita que se imponga la de mayor cuantía (29 años de prisión) al primogénito, Jordi Pujol Ferrusola, el gestor de una fortuna familiar que, según el Ministerio Público, se agrandó mediante el cobro de comisiones ilegales y el fraude a Hacienda.

De hecho, tras seis meses de juicio, las peticiones (y las convicciones) de Anticorrupción se han mantenido intactas: casi tres décadas de cárcel para el mayor de los hermanos y penas de entre ocho y 14 para el resto.

La herencia del abuelo

La tesis unánime de las defensas, repetida una y otra vez a lo largo de este juicio, es otra: que ese dinero, oculto durante décadas en Andorra, fue una deixa de Florenci Pujol, la herencia que les dejó el abuelo, el padre banquero de Jordi Pujol i Soley.

No existen pruebas concluyentes, más allá de los indicios y de los relatos contrapuestos, que acrediten una versión frente a la otra.

De hecho, este miércoles, Cristóbal Martell, el abogado de Jordi Pujol Ferrusola —también lo era del expresident hasta que quedó exonerado por su estado de salud—, subrayó esta "duda razonable" para pedir la absolución de los acusados. "No es extravagante", recalcó, en alusión al legado de Florenci.

Aún no hay sentencia, pero, en clave política, el nacionalismo catalán se ha anotado algunas victorias —más o menos dulces, pero victorias; más o menos contundentes, pero victorias— a lo largo de este juicio.

En un inicio, en noviembre de 2025, el tribunal acordó mantener a Jordi Pujol i Soley como acusado, pese a su estado de salud. El otrora molt honorable asistió a aquella primera sesión del juicio por videoconferencia, lo que evitó su imagen sentado en el banquillo de los acusados.

Esa fotografía, que, finalmente, no se produjo, suponía un gran temor para el post-pujolismo desde hace más de una década, desde que el 25 de julio de 2014 el exdirigente reconociese que había mantenido una enorme fortuna oculta en Andorra; hasta entonces, lejos de los ojos del fisco español.

Ya a finales del pasado abril, la Sala de lo Penal optó por excluir a Jordi Pujol (padre) del procedimiento, tras una entrevista personal con él —esta vez, el expresidente catalán sí tuvo que desplazarse a Madrid— y a la luz del informe emitido por el forense de la Audiencia Nacional. Ni hubo foto ni el expolítico fue, finalmente, interrogado como acusado.

Por otro lado, al inicio del juicio y a petición de las defensas, el tribunal aceptó que testificaran en este plenario tres ex altos mandos de la Policía Nacional a los que tanto el independentismo como los sectores de izquierdas encuadran en la llamada Policía patriótica.

El excomisario José Manuel Villarejo, el exdirector adjunto operativo Eugenio Pino y Marcelino Martín Blas, exjefe de la Unidad de Asuntos Internos fueron interrogados el pasado 24 de febrero.

A ojos del fiscal, quien negó cualquier contaminación política de este caso, estas tres testificales supusieron un intento de los acusados de insuflar aún más aire a la tesis —tan aireada ya por el independentismo— de que el caso Pujol tuvo un origen espurio, canalizado a través de un complot policial contra el pujolismo. España contra esa Cataluña sinónima del apellido Pujol.

Ya sea para condenar o para absolver a sus hijos, es más que probable que la sentencia del caso Pujol mencione al patriarca, aunque éste haya quedado exonerado por motivos de salud. Aunque sólo sea como contexto histórico. De eso es difícil que el nacionalismo se libre.

Porque es evidente que el juicio de esta causa —aunque, como expresó el fiscal, "no sea un juicio político"— sí ha sido el juicio a una época política. Una época a la que la Historia, con la lucidez que da el pasado de esos mismos años que lastran a la Justicia, también tendrá que juzgar por su lado.