Pedro Sánchez, de visita en un centro industrial del sector aeroespacial, este jueves en Vigo.
Sánchez, en la encrucijada de seguir pese a todo o convocar elecciones aprovechando la movilización de la izquierda
Desconcierto en el Gobierno, que había interpretado en sus conversaciones con Junts que no tumbaría el decreto.
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El rechazo de Junts a los decretos de vivienda ha dejado a Pedro Sánchez en una situación muy difícil. En la encrucijada entre aguantar para seguir hasta 2027 como preveía o disolver las Cortes y convocar elecciones generales para finales de novioembre o principios de diciembre. La primera fecha posible sería el 29 de noviembre.
Moncloa confiaba estos días en el sí del partido de Carles Puigdemont. Porque Junts había aceptado por primera vez en un año sentarse a negociar, porque algunas de sus exigencias las habían incluido en el decreto y, además, habían admitido que Sumar renunciara a algunas de sus peticiones.
Las respuestas de los independentistas parecían positivas, por eso, el anuncio del no les pilló por sorpresa. Les hubiera bastado la abstención de los siete diputados, pero ni eso.
El desconcierto entre ministros socialistas y de Sumar era anoche total. Había además mucho enfado con los de Puigdemont y expresiones de reconocimiento de que nunca han sido socios fiables, pese a que en los últimos años ha habido todo tipo de cesiones por parte de Sánchez.
Eso es lo único que se emitió desde el Gobierno y oficialmente desde la Moncloa no se desveló qué ocurrirá desde este viernes.
Moncloa se limitó a emitir una nota en la que defienden el decreto y su utilidad y asegura que “ha llegado la hora de que PP, Vox y Junts se retraten y demuestren si, en materia de vivienda, están con la ciudadanía o con los especuladores. Con las clases medias y trabajadoras o con las élites. España ya no puede esperar más. Necesita soluciones y una política de vivienda valiente”. En la nota oficial no hay pistas sobre las consecuencias políticas tras la votación.
Tampoco las hay en el mensaje posterior en redes sociales de Sánchez siguiendo la misma línea: "Este Gobierno no va a dar un paso atrás en su lucha por el derecho a la vivienda" y "ha llegado la hora de la verdad. PP, Vox y Junts deben elegir: o están con la mayoría social o con los especuladores. Mañana, su voto les retratará ante generaciones enteras".
Para el Gobierno es un mazazo político muy importante, porque muestra la imposibilidad de avanzar en la legislatura y dar respuesta a problemas reales.
Es también una nueva constatación de que es inviable seguir adelante con un Gobierno progresista en un Congreso de derechas. Así es imposible en un régimen parlamentario como el español.
La cuadratura del círculo de incluir a Junts y a Podemos en la misma votación ha fracasado esta vez, porque el bloque ocasional de investidura de 2023 murió hace tiempo, según un ministro socialista.
Es la mayoría que salió de las urnas en 2023, la de las tres derechas, a la que se puede sumar PNV, aunque en muchas ocasiones y en esta también vota con el PSOE.
Se formó un bloque de investidura con la izquierda más PNV y Junts, con cesiones como la amnistía a los condenados por el proces independentista. Se aprobaron algunas leyes, pero ha sido imposible aprobar ningún Presupuesto y el bloque hacía aguas hasta que ha colapsado ahora.
El bloque ha aguantado con boquetes sólo gracias a que ni PNV y Junts querían ir con Vox como acompañante del PP en una moción de censura.
Por eso, lo de este viernes es en la práctica y dada la acumulación de traspiés y la debilidad de Sánchez una especie de moción de censura, pero sin efecto inmediato.
Las opciones de Sánchez
Sánchez puede intentar seguir adelante, con un nuevo decreto con las medidas esenciales para que pueda ser convalidado, pero sin garantías de conseguirlo.
Ahí se arriesgaría a tener más fracasos, empezando por la financiación autonómica o los Presupuestos en diciembre, para acabar convocando elecciones para febrero. Sería una opción "muy Pedro Sánchez", marca de la casa y coherente con su historia política. La mítica resiliencia y la leyenda del resistente.
La otra opción, que manejan abiertamente miembros de su Gobierno como pura especulación, sería la convocatoria inmediata de elecciones. Serían en noviembre o diciembre, poniendo ya punto final a la legislatura.
Con esta vía, Sánchez aprovecharía la movilización actual de la izquierda y el relato del "Gobierno que pretende tomar medidas para la gente y que se da de bruces contra la derecha sin corazón".
Sería su programa de campaña, con la derecha y extrema derecha al otro lado. El pleno de hoy con la votación con PP, Vox y Junts alineados a favor de los desahucios sería el primer acto de esa campaña.
Por tanto, esas elecciones serían una especie de plebiscito sobre política social y de vivienda, entre derecha e izquierda.
El principal inconveniente es saber si los movilizados y acampados estos días votarían al PSOE. Y, además, Sumar aún no se ha organizado, no tiene ni candidato y aunque puede atribuirse el haber promovido el decreto, no está claro que eso le sirviera para derrotar los pronósticos de las encuestas.
Otro inconveniente evidente para esas hipotéticas elecciones inmediatas es la situación en Ceuta, aún con miles de migrantes en las calles y sin que se atisbe una solución próxima.
Queda la duda de cómo va a responder la calle, la que se ha movilizado estos días tras el desahucio emblemático de Maricarmen. Si eso da votos al PSOE o si, por el contrario, el "desorden" ayuda a movilizar definitivamente a la extrema derecha.