El ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi.
La escalada del Gobierno de Marruecos contra España eclipsa el relato de Sánchez sobre su "cooperación reiterada"
Tras reclamar Ceuta y Melilla, el ministro de Justicia critica la regularización: "Los migrantes dicen: '¿Por qué nos paráis si España nos acepta?'".
Rabat estudia suspender la aplicación del acuerdo de extradición con España.
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Unos días después de que Pedro Sánchez elogiase la "cooperación reiterada, constante y fluida" con Marruecos, y casi a la vez que José Manuel Albares alababa la "total disposición" de Rabat para solucionar la crisis de Ceuta, un ministro marroquí decidía propinar un golpe bajo.
Abdellatif Ouahbi reivindicó la soberanía de Ceuta y Melilla en declaraciones a un canal de televisión árabe.
El titular de Justicia marroquí cogió carrerilla y este miércoles añadió más pólvora al discurso, justo cuando España había aparcado por unas horas la crisis de Ceuta para mirar al cielo y seguir el eclipse total.
Ouahbi aseguró que su Gobierno está estudiando suspender la aplicación del acuerdo de extradición con España.
El motivo sería un problema con las entregas de personas reclamadas por los tribunales marroquíes.
Desde hace años hay algunas extradiciones atascadas, como la de "Ovidio", a quien Marruecos acusa de introducir psicotrópicos y cocaína en su país.
Y está el caso reciente de un ciudadano marroquí al que se le acusa del naufragio de una patera, y cuya extradición deniega la Audiencia Nacional al no ver fundamento.
Pero la reclamación de Rabat tiene otra derivada, porque el país no sólo puede solicitar extradiciones por delitos comunes: también para disidentes o miembros del Frente Polisario.
Para Marruecos, los miembros del Frente Polisario son terroristas, pese a que la ONU considera a esta organización una de las partes clave del conflicto del Sáhara Occidental.
La iniciativa del Gobierno español de aprobar a la vuelta del verano entregar la nacionalidad hasta a 130.000 saharauis que nacieron bajo Administración española, tampoco ha gustado en Rabat.
Y baste recordar cómo reaccionó en 2021 cuando España abrió la puerta a que el líder saharaui Brahim Ghali recibiera tratamiento en un hospital de Logroño. Hasta 8.000 inmigrantes cruzaron la frontera de Ceuta por la fuerza.
Discurso agresivo
Poco después de cuestionar la continuidad del acuerdo de extradición, el ministro marroquí criticó el proceso de regularización masiva aprobado por el Gobierno de Sánchez. Según advirtió, ha tenido un efecto llamada que habría desencadenado el asalto a Ceuta.
"Nosotros impedimos la salida de los inmigrantes, no solo de los marroquíes, sino también de otros, pero cuando llegan a España son aceptados y se regulariza su situación", lamentó.
Y lo ilustró con supuestas palabras de los propios migrantes, en lo que casi parece una burla: "Nos dicen: '¿Por qué nos paráis si España nos acepta?'".
A este discurso agresivo de Rabat se suma la denuncia del Consejo Nacional de Derechos Humanos marroquí, institución muy ligada a la monarquía alauí.
La entidad culpa a la Guardia Civil de infligir "malos tratos y agresiones" a los asaltantes de Ceuta, a los que presenta como víctimas.
Esta ofensiva política y mediática supone una escalada que eclipsa el relato de Sánchez según el cual Marruecos es un "país socio y amigo" en el que cabe confiar.
Tanto los elogios del presidente a Rabat como su política de apaciguamiento, que el ministro Albares encarna entusiásticamente con sus declaraciones cada vez que tiene oportunidad, parecen diluirse hoy en el discurso provocador del país vecino.