Pedro Sánchez celebra la victoria en las primarias del PSOE de 2017 rodeado del equipo que lo encumbró.

Pedro Sánchez celebra la victoria en las primarias del PSOE de 2017 rodeado del equipo que lo encumbró. Reuters

Política

Sánchez, ante su penúltimo Comité Federal: sólo tres de los fieles que lo llevaron a Ferraz en 2017 siguen en su núcleo duro

El presidente del Gobierno, que irrumpió en las primarias del PSOE en 2017 con el objetivo de "regenerar España", se enfrenta a sus momentos más complicados al frente del partido.

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Las claves

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De la treintena de fieles que apoyaron a Pedro Sánchez en su regreso al liderazgo del PSOE en 2017, solo tres permanecen en su núcleo duro actual.

Muchos de los antiguos colaboradores de Sánchez han sido apartados por escándalos de corrupción, procesos judiciales, purgas internas o diferencias políticas.

Entre los supervivientes en el entorno cercano a Sánchez destacan Margarita Robles, Óscar Puente y Alfonso Rodríguez Gómez de Celis.

La imagen de la victoria de 2017 contrasta hoy con la realidad de un entorno marcado por escándalos, salidas silenciosas y una fuerte erosión interna en el PSOE.

"Vamos a construir un nuevo PSOE para regenerar España". Pedro Sánchez pronunció aquellas nueve palabras pasadas las diez de la noche. Era un 21 de mayo de 2017. Vestía camisa blanca, levantaba el puño y sonreía eufórico.

Tenía 45 años y había logrado lo imposible. A su lado, aplaudiendo y sin terminar de creérselo, una treintena de fieles que decidieron apostar por él cuando nadie lo habría hecho.

La escena ocurría en Ferraz, en la misma sede de la que había salido siete meses antes con los pies por delante, tras perder en una de las crisis más graves de la historia reciente del PSOE.

El 1 de octubre de 2016, Sánchez había dimitido como secretario general después de un bochornoso Comité Federal de casi 12 horas de duración.

Un Comité Federal que volverá a celebrarse este sábado ante 300 miembros de la asamblea socialista y en una situación mucho peor que la de aquel año, con Sánchez convertido en el primer presidente que sigue gobernando tras "exigir que dimita" la mayoría del Congreso.

De hecho, Patxi López y Óscar Puente han llamado al orden y han avisado de que el ministro de Transportes podrá intervenir para responder a los críticos, tal y como ya hizo en el Comité Federal del pasado año contra Emiliano García-Page.

El incesante chorreo de escándalos que salpican al presidente del Gobierno no deja de crecer mientras mientras él asegura que todo son "mentiras y rumores". Así, este podría ser el penúltimo Comité Federal antes de las próximas elecciones generales de 2017.

Pero la carrera política de Sánchez es la historia de una continua resurrección. Muestra de ello fueron aquellas primarias de 2017. Sánchez volvió a presentarse y ganó. Contra todo pronóstico y contra todo el aparato. Lo hizo con el 50,2% de los votos y frente a Susana Díaz y Patxi López.

La foto de aquella noche fue la imagen de la resistencia. Nueve años después, es un retrato roto, manchado, en el que la corrupción, el acoso, las purgas y las salidas silenciosas han dinamitado el sanchismo.

De la treintena de fieles que celebraban junto a Sánchez la victoria en las primarias, sólo tres forman parte aún del núcleo duro del presidente. El resto, o están en la cárcel, o tienen procesos judiciales abiertos, o fueron apartados, o directamente han caído en el olvido.

Los últimos del núcleo duro

De entre los supervivientes de aquel día, hay tres nombres que destacan por encima de los demás. Son los de Margarita Robles —no aparece en la imagen icónica de aquella noche pero estaba en Ferraz— Óscar Puente y Alfonso Rodríguez Gómez de Celis.

Margarita Robles llegando a Ferraz aquel 21 de mayo de 2017.

Margarita Robles llegando a Ferraz aquel 21 de mayo de 2017. Moeh Atitar

El de la ministra de Defensa es tal vez el caso más llamativo. En 2017 era independiente. La que fuera la tercera mujer en ingresar en el Tribunal Supremo fue incorporada por Sánchez a su proyecto para darle autoridad institucional.

Nueve años después, sigue sentada en el Consejo de Ministros y ha sobrevivido a una pandemia, a la guerra de Ucrania, a distintas crisis de Gobierno y al caso Pegasus.

No obstante, el PP se ha mostrado muy crítico con su lealtad a Sánchez.

"No se puede estar a la altura de los españoles si se está a la altura de Pedro Sánchez. Hay que elegir o defender a Sánchez o defender a España. [...] No se comporta como la ministra de Defensa, es una fiel soldado de Pedro Sánchez", llegó a decir de ella Miguel Tellado, secretario general del PP.

El de Óscar Puente también es otro caso llamativo. En 2017, era alcalde de Valladolid y uno de los escasísimos dirigentes territoriales que defendía a Pedro Sánchez, por lo que lo hizo portavoz de su candidatura a las primarias.

Su estilo agresivo y faltón lo han convertido, primero, en azote de la derecha y, segundo, en fiel escudero del presidente del Gobierno.

Este sábado será él de nuevo el encargado de aplacar a críticos como Page, o la alcaldesa de Palencia, Miriam de Andrés, entre otros. Ambos tomarán la palabra con toda probabilidad en el Congreso Federal del PSOE.

Puente, curiosamente, ocupa desde 2023 la cartera que dejó José Luis Ábalos y ha salido indemne de la gestión de la tragedia de Adamuz, con 46 víctimas mortales.

Así, el último escudero que permanece cerca del jefe del Ejecutivo es Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, número dos del Congreso de los Diputados y una figura clave para Sánchez en 2017.

Fue él quien trabajó duramente para abrir una brecha en Andalucía, el territorio de Susana Díaz y conseguir así aupar a Sánchez por entonces, que lo premió, primero, con el cargo de delegado del Gobierno en Andalucía y, posteriormente, como vicepresidente de la Cámara Baja.

En una entrevista con EL ESPAÑOL en julio de 2024, Gómez de Celis defendía a Begoña Gómez a capa y espada. "No hay nada reprochable en la actuación de Begoña Gómez, que no ha querido ser sólo un florero", decía por entonces el vicepresidente de la Cámara Baja, quien también aseguraba que jueces como Peinado ponían "muy difícil decir que no hay 'lawfare'".

De izda. a dcha., Gómez de Celis, Carmen Calvo, Santos Cerdán, Adriana Lastra y Ábalos, llegando a Ferraz en 2017.

De izda. a dcha., Gómez de Celis, Carmen Calvo, Santos Cerdán, Adriana Lastra y Ábalos, llegando a Ferraz en 2017. Moeh Atitar

La corrupción flanqueando a Sánchez

Pero si por algo destaca la imagen que capturó la agencia Reuters aquel 21 de mayo 2017, es, sobre todo, por los dos hombres que flanqueaban a Sánchez en la primera fila. A su izquierda, José Luis Ábalos; a la derecha, Santos Cerdán.

Ambos lo fueron casi todo en el PSOE. Y es que, mientras Pedro Sánchez ponía rostro a la rebelión de la militancia, José Luis Ábalos se ocupaba de la parte menos visible de aquella campaña.

Tejía apoyos territoriales, negociaba con dirigentes y mantenía abiertos los puentes con un partido que todavía controlaban sus adversarios.

Junto a él trabajaba otro hombre que no aparece en las fotografías de la victoria, pero sin el que resulta imposible explicar el regreso a Ferraz. Se trata de Koldo García Izaguirre, hombre de absoluta confianza del entonces diputado valenciano y miembro de aquel reducido grupo conocido como la banda del Peugeot, que recorrió España acompañando a Sánchez durante su travesía por el desierto.

La victoria tuvo una recompensa inmediata. Sánchez convirtió a Ábalos en su mano derecha y le entregó la secretaría de Organización del PSOE.

Apenas un año después, tras la moción de censura contra Mariano Rajoy, lo convirtió en ministro de Fomento —después Transportes—, uno de los ministerios con mayor capacidad inversora del Estado y con decenas de miles de millones de euros en contratos de obra pública e infraestructuras bajo su responsabilidad.

Sánchez y su equipo levantan el puño celebrando su victoria.

Sánchez y su equipo levantan el puño celebrando su victoria. Moeh Atitar

La historia dio un vuelco definitivo con el estallido del ‘caso Koldo’. El antiguo asesor de Ábalos pasó de ser un desconocido para la opinión pública a convertirse en el epicentro de una investigación que terminó salpicando al exministro y, posteriormente, a Santos Cerdán.

Fue este último el que heredó precisamente el despacho de Ábalos en Ferraz cuando éste cayó en desgracia. El navarro, que aparece en la foto apoyando sus manos en la cintura de Adriana Lastra, fue uno de los arquitectos de las primarias de 2017, el hombre encargado de organizar la red territorial que hizo posible la remontada de Sánchez frente a Susana Díaz.

Hoy también está en el ojo del huracán. El Supremo le atribuye un papel de dirección dentro de la presunta organización y lo investiga por delitos de organización criminal, cohecho y tráfico de influencias relacionados con la adjudicación de contratos públicos.

Mientras Sánchez asegura que el PSOE "actuó con contundencia" contra la corrupción, los hechos dicen precisamente lo contrario. Resulta paradójico que la caída de los dos arquitectos orgánicos del sanchismo acabe dinamitando el proyecto político de Pedro Sánchez.

De la gloria al destierro

Otro nombre clave de aquella noche fue el de Adriana Lastra. La dirigente asturiana fue una de las voces más combativas de la candidatura de Sánchez y una de las primeras en comprender que la batalla no se libraba sólo en Ferraz, sino entre una militancia que se sentía traicionada por la abstención ante Mariano Rajoy.

La recompensa llegó de inmediato. Sánchez la convirtió en vicesecretaria general del PSOE y, después, en portavoz parlamentaria. Durante años fue una de las caras más reconocibles del sanchismo, pero también ella acabó fuera del puente de mando.

Lastra dimitió en 2022 alegando motivos personales y la necesidad de reposo durante su embarazo, aunque después aseguró que Santos Cerdán la sometió a una "operación de acoso y derribo" hasta forzar su salida.

Hoy sigue dentro del perímetro institucional del PSOE como delegada del Gobierno en Asturias, pero lejos de aquel núcleo duro que decidió la vida interna del partido desde Ferraz.

También formó parte de aquel ecosistema Francisco Salazar, uno de los nombres menos conocidos pero con una influencia decisiva en la construcción del regreso de Sánchez. Su papel fue creciendo en paralelo al poder de Sánchez.

Salazar pasó por la dirección del PSOE, trabajó en Moncloa como director de Análisis y Estudios de Presidencia y llegó a ser señalado como uno de los hombres de máxima confianza del presidente.

Pero su ascenso quedó abruptamente truncado por las denuncias de varias mujeres que le atribuyeron comportamientos machistas e inadecuados cuando era su superior. Salazar dejó sus cargos en el PSOE y en Moncloa, y el partido abrió una investigación interna. Su caída añadió un nuevo escándalo al relato fundacional del sanchismo.

Otras caras que ya no están

Entre quienes tocaron poder tras aquella noche esplendorosa figura Carmen Calvo. Sánchez la premió con la vicepresidencia del Gobierno y el Ministerio de Presidencia, pero en 2021 la sacrificó en la gran remodelación del Ejecutivo. Después rompió la disciplina de voto del PSOE por la ley trans.

"He votado en un día difícil la opción más compleja y asumo las consecuencias de mis actos, siempre”, afirmó tras romper la disciplina de voto. Hoy preside el Consejo de Estado, un destino institucional de altura y, al mismo tiempo, un retiro dorado lejos de las decisiones.

También María Luisa Carcedo acompañó a Sánchez en su regreso. Fue recuperada para la dirección socialista y, en 2018, nombrada ministra de Sanidad tras la salida de Carmen Montón.

Su paso por el Consejo de Ministros fue breve. En 2020 quedó fuera del primer Gobierno de coalición y desapareció de la primera línea política.

Beatriz Corredor representaba un perfil más técnico, vinculado a vivienda y al zapaterismo. Tras la victoria de Sánchez entró en la Ejecutiva Federal y después fue situada al frente de Red Eléctrica.

Corredor fue señalada por la mala gestión del operador del sistema durante el apagón y expedientada por la CNMV, pero sigue en el cargo. Quienes la conocen la describen como una "cortesana de la política" que ha sabido "moverse bien en los despachos".

Odón Elorza fue otro de los veteranos que apostó por Sánchez cuando Ferraz parecía perdido. Exalcalde de San Sebastián y diputado, mantuvo después un perfil propio e incómodo para la dirección.

En enero de 2023 renunció al escaño con un mensaje elocuente: "He constatado que mis aportaciones ya no resultan útiles desde hace un tiempo", escribió. Lo presentó como un "gesto de lealtad" al PSOE y de "coherencia" con sus ideales.

Zaida Cantera también formó parte de aquel grupo que apostó por Sánchez cuando recuperar Ferraz parecía una quimera. La excomandante del Ejército fue uno de los símbolos de la renovación que el hoy presidente quería imprimir al PSOE y ejerció durante años como diputada y portavoz en asuntos de Defensa.

Sin embargo, en 2023 anunció que abandonaba la política y, ya fuera de las instituciones, se mostró muy crítica con la deriva del partido. "El PSOE ya no es el partido al que me afilié", llegó a lamentar, antes de desaparecer de la primera línea.

Los 'soldados' más desconocidos

Toda revolución tiene sus soldados desconocidos. Entre las caras menos conocidas ante la opinión pública en aquel 2017 estaban Manuel Escudero, embajador de España ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) hasta 2024; Andrés Perelló, que fue embajador ante la UNESCO hasta 2021; y José Sanromá, antiguo dirigente maoísta conocido como el "camarada Intxausti".

En la ya mítica foto de la noche de las primarias también estaba Mónica Silvana. La Eurocámara la sancionó en 2023 por acoso psicológico a tres asistentes, con 30 días de suspensión y la retirada de unos 10.000 euros en dietas.

Ella denunció falta de garantías y suspendió su militancia en el PSOE. Dos años después, la Justicia europea confirmó la sanción y la condenó en costas.

Mari Luz Martínez Seijo, que aparece al lado de Ábalos en la foto, representa la fidelidad sin escándalo, pero también sin recompensa decisiva. Diputada por Palencia y secretaria Ejecutiva de Educación y Universidades del PSOE, fue de las que definió a Sánchez como "un líder visionario".

Así, nueve años después, aquella fotografía ya no retrata una victoria, sino, más bien, un derrumbe. De todos los hombres y mujeres que ayudaron a Pedro Sánchez a regresar a Ferraz prometiendo "regenerar" el PSOE, sólo tres siguen hoy en el núcleo duro.

Los demás fueron cayendo uno tras otro. Algunos por corrupción, otros por escándalos, otros por discrepancias y otros, simplemente, porque el sanchismo terminó devorando a quienes lo hicieron posible.