Rufián, en el acto de este miércoles en la Sala Galileo Galilei
Rufián divide a la izquierda en su acto por la unidad: "El burka es una salvajada. Ser facha está de moda. Hemos fracasado"
El portavoz de ERC junto a Sarah Santaolla y Emilio Delgado lanzan su plan "para ganar a Vox": "O nos ponemos de acuerdo o nos vamos al carajo”.
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Una sala de conciertos convertida en escenario político para un rockstar llamado Gabriel Rufián.
Diez años después de aterrizar en Madrid proclamando que su estancia duraría sólo 17 meses —el tiempo que, auguraba, tardaría Cataluña en ser independiente—, el portavoz de ERC en el Congreso reapareció en la capital reinventado como Pepito Grillo de la izquierda nacional, ante medio millar de personas "sin querer ser mesiánico" pese a que decenas de personas se quedaron fuera con la esperanza de conseguir un selfie.
Aunque hubo destacadas ausencias: nadie de IU, pese a que habían anunciado a Enrique Santiago, ni la líder de Sumar, Yolanda Díaz, ni de la actual dirigencia de Podemos: ni Ione Belarra, ni Irene Montero.
Tampoco el discurso contribuyó a unirlos ya que fue una enmienda a la totalidad a algunos de los últimos discursos de la izquierda.
En su intervención, Rufián reivindicó los cambios de la última década y presumió de haber “sometido” al PSOE y de “mandar a la papelera de la historia a un partido tan tóxico como Ciudadanos”.
Aunque pocos logros puede exhibir de ese sometimiento, ya que ha afirmado que la ley de vivienda es "un fracaso" pese a haber sido pactada con el PSOE y Bildu. También que hay problemas de seguridad en España y que la inmigración "es un reto" y que hay "deberes y obligaciones".
Hasta criticó el burka como "una salvajada", pese a que este martes la izquierda votó en bloque contra una propuesta de Vox para prohibirlo. La afirmación fue acompañada de una ovación que mostraba la distancia entre el público y lo que votan los partidos de la izquierda.
A su juicio, la clave pasaba por “ciencia, método y orden”, porque “si no nos van a fusilar por separado”, y por impulsar, tras las elecciones, un “grupo interparlamentario coordinado en común”, dado que “hay mucho más de lo que nos une”.
Para defender esa idea de una izquierda popular, tiró de citas dispares: desde el líder de IU, Julio Anguita, y su “programa, programa” a Isabel Pantoja, a la que señaló como ejemplo para responder a Vito Quiles: “dientes, dientes que eso es lo que les jode”.
Rufián no estuvo solo. Compartió escenario con el diputado de Más Madrid Emilio Delgado y la tertuliana Sarah Santaolalla, que cargó contra el programa de Pablo Motos y al que culpó del auge de Vox: “No hay unas hormigas, hay unas ratas que están sembrando el caos con la tarjeta del programa”.
Santaolalla, convertida en nueva musa de la izquierda alternativa, fue ovacionada al inicio entre gritos de “guapa”, un respaldo “por toda la violencia que está recibiendo por defender nuestros derechos”.
El ambiente tuvo algo de reencuentro generacional. Antiguos compañeros conversaban entre botellines de cerveza mientras esperaban el comienzo del acto, intercambiando batallitas.
En cambio, entre los asistentes se encontraban 13 diputados, entre ellos Gerardo Pisarello, de los Comunes, y Alberto Ibáñez, de Compromís, además de otros siete parlamentarios de Sumar, la coordinadora del Movimiento Sumar, Lara Hernández, y dos representantes de ERC (Inés Granollers y Etna Estrems).
En total, una cuarentena de políticos en activo y retirados, entre ellos figuras como Roberto Sotomayor, candidato a la alcaldía de Madrid por Podemos, o Gloria Elizo, vicepresidenta primera del Congreso en la pasada legislatura.
Más controvertido fue el momento cuando preguntó “quién ha sido más patriota”, si la líder de Bildu, Merche Aizpurúa, o la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso. Algunos gritos aislados se pronunciaron a favor de la dirigente abertzale.
La segunda parte del acto giró en torno a la batalla cultural. “Nos han robado banderas”, lamentó Emilio Delgado, que puso como ejemplo el concepto “de la libertad”. A lo que Rufián se dolió de que ahora, entre los más jóvenes, "ser facha está de moda".
La clave es cómo volver a conectar con las clases populares. Uno de los momentos más tensos llegó cuando Delgado admitió que a la izquierda “le cuesta hablar de seguridad”. Sarah Santaolalla le replicó insinuando si lo vinculaba con la inmigración, y el diputado respondió que “hay barrios en los que hay movidas”.
El público avaló las palabras del diputado de Más Madrid en la Asamblea al responder con un sonoro aplauso. Delgado añadió que la seguridad no debía asociarse sólo a la policía, sino a un enfoque “más amplio” ligado a la “prevención” y la “desigualdad”, y abogó por evitar concentrar las viviendas más humildes en los mismos barrios.
Unas frases que también gustaron al portavoz de ERC. “Hay gente que su modus vivendi es delinquir, sí”, añadió Rufián, que lo relacionó con “la falta de oportunidades”.
El portavoz de Oriol Junqueras reclamó “articular un discurso” sobre “los flujos migratorios”, que “son un reto”: “En nuestras sociedades tiene que haber derechos y obligaciones”.
Fue especialmente aplaudida su defensa de “una izquierda laica”, al afirmar que “el burka es una salvajada” frente al hábito de “las monjas españolas"que admiten que, aunque no te puedan gustar, "son libertad religiosa”.
Más fría fue la reacción cuando se refirió a Irene Montero como “una fuerza de la naturaleza”: no hubo ovaciones y sí alguna voz aislada de desaprobación.
Entre el público también se dejaron ver simpatizantes de Podemos. En una pancarta se leía: “Rufián, sumamos más con Ione Belarra”. En cuanto se bajó del escenario, la unión ya parecía más complicada.