Carles Puigdemont accede junto a su esposa, Marcela Topor, al Ayuntamiento de Elna (Francia), rodeado de seguidores, este jueves.

Carles Puigdemont accede junto a su esposa, Marcela Topor, al Ayuntamiento de Elna (Francia), rodeado de seguidores, este jueves. E.E.

Política ELECCIONES CATALANAS

Puigdemont promete volver a Cataluña si puede ser investido hagan lo que hagan los jueces

"Aquí empieza la cuenta atrás para mi regreso", anunció ante casi 2.000 fieles en Elna (Francia). "Si hay mayoría, volveré el día de la investidura" para "acabar la tarea" de 2017 y negociar "un referéndum de autodeterminación".

22 marzo, 2024 02:00
Enviado especial a Elna (Francia)

La expectación era brutal, porque "somos buenos en el relato", y desde que Pedro Sánchez le reconoció como dueño de la llave de la Moncloa la noche del 12-J, Carles Puigdemont ha sabido mantener el foco. Y volvió a hacerlo este jueves en Elna, una pequeña localidad francesa a apenas 20 kilómetros de la frontera gerundense. No sólo anunció que se presentará al 12-M, también confirmó que "la cuenta atrás" para su regreso comenzaba ahí... y que volverá "para la investidura", aunque los tres jueces que lo investigan y/o le imputan delitos gravísimos no le hayan amnistiado.

Entre los más de 1.500 fieles y enfervorizados asistentes no se vio un solo cartel, chapa o pegatina de Junts, el partido que lidera desde su refugio de Waterloo, hace ya seis años y medio. Sólo banderas del nostre president, efigies de su rostro, y el nombre del líder mesiánico del independentismo, el president del 1-O y la declaración de independencia.

Por eso, que proclamara que su "retorno del exilio" como "presidente legítimo" no podía ser "fruto de una rendición o de una chaladura personal", arrancó grandes aplausos de homenaje a su presunta heroicidad. Y que remachara con que tampoco tomaba la decisión como "un acto de servicio a un partido", culminó la épica. 

Puigdemon anuncia su candidatura a las elecciones catalanas Sara Fernández

"Somos como novios en una boda", comentaba un alto dirigente de Junts al acabar el acto, con la sonrisa desbordada del contrayente. "Pero los novios, todos. Exultantes todos, como si nos casáramos cada uno".

Lo de Puigdemont es una misión, no una candidatura. Y lo de Junts es un grupo de discípulos más que un partido. Un apostolado más que un programa electoral. Una autodeterminación antes que un govern.

La independencia y la república, por la vía de la amnistía y las elecciones que ERC adelantó con la esperanza de aprovechar su "ventana de oportunidad" y que ahora, una vez más, capitaliza "el 130", uno de los presidents más breves de esa Generalitat que, también, es más leyenda que historia real.

"Lo que tenga que pasar"

A Puigdemont lo investiga por malversación, desobediencia y desórdenes públicos agravados el magistrado Pablo Llarena, en el Tribunal Supremo. Es la causa principal del procés, la que le costó su condena, por ejemplo, a Oriol Junqueras, su vicepresidente en el 1-O.

También está imputado por terrorismo en el caso Tsunami que ha pasado del juzgado de Manuel García-Castellón en la Audiencia Nacional al TS, precisamente por su condición de aforado como eurodiputado.

Y finalmente, el juez Joaquín Aguirre, titular del Número 1 de instrucción de Barcelona, insinuó en uno de sus últimos autos que lo imputará por delito de traición en el llamado caso Volhov. La trama rusa del procés también pasaría, en ese caso, al Supremo.

Pero él regresará a España -"a Catalunya", corrigen los suyos- sin atender a que uno o todos ellos hayan aplicado, o no, la Ley de Amnistía. Y que "pase lo que tenga que pasar".

La proposición acaba de llegar al Senado, que tiene dos meses para estudiarla y, con toda probabilidad, vetarla, gracias a la mayoría absoluta del PP. Así alrededor del 20 de mayo debería regresar al Congreso y, dado el trámite de urgencia de la Cámara Baja, a la semana siguiente ser ratificada.

Carles Puigdemont sube, este jueves, al atril de la sala de eventos del Ayuntamiento de Elna (Francia) entre vítores.

Carles Puigdemont sube, este jueves, al atril de la sala de eventos del Ayuntamiento de Elna (Francia) entre vítores. ADP

A inicios de junio, si todo transcurre según lo previsto, puede estar publicada en el BOE. Y el Parlament, salga lo que salga de las urnas, se constituye el 12 de junio, un mes después de las elecciones. "Si hay una mayoría parlamentaria" para "restituir" su presidencia, Puigdemont estará allí, en Barcelona. "Regresaré del 'exilio' el día de la investidura", proclamó lo más alto que pudo para superar los decibelios infinitos de los vítores.

Posición de fuerza

Porque a las urnas no va un candidato, sino un president al que le usurparon "injusta, ilegítima e ilegalmente" el cargo, el día siguiente de proclamar aquella independencia con freno y marcha atrás. Un hecho al que también le supo dar la vuelta: nada de cobardía, nada de no atreverse, aquello fue un gesto, un guiño al Estado. "Si ahora estamos dispuestos a negociar el referéndum pactado, quiero recordar que aquel día, también".

Entonces, la posición de fuerza se la daba haber sabido esconder las urnas y las papeletas a todas las policías, guardias civiles y operaciones de espionaje, para celebrar el referéndum ilegal. Y las imágenes de "los guardias de la porra" que dieron la vuelta al mundo.

Ahora, la posición de fuerza se la dan los siete votos que dieron la Mesa al PSOE, la investidura a Sánchez, y los decretos convalidados al Consejo de Ministros. Tres ocasiones, hasta ahora, en las que ha demostrado lo imprescindible que es contentar su voluntad.

Y uno más: "Nos atrevimos a votar no a la amnistía cuando no nos convencía", proclamó. "Porque no estábamos convencidos de que fuera la ley a la que nos habíamos comprometido, no creíamos que cubriera a todos los represaliados". Y si ganó aquel órdago -que, como otros, dijo "no fue gratis"-, ¿qué le impediría romper la baraja en cualquier momento si Sánchez no cumple lo pactado?

Un mitin también contra ERC

"En los últimos 120 días han pasado cosas de gran relevancia", se jactó.

Una, que Sánchez fue investido gracias a un pacto cerrado fuera del país cuyo Gobierno iba a presidir. "Qué mayor muestra de la excepcionalidad en la que vive España que se llame 'Acuerdo de Bruselas' lo que le dio la reelección".

Dos, que ese texto incluye discrepancias en las soluciones, pero comparte el diagnóstico de los problemas, porque el PSOE aceptó el relato de los siglos de agravios que alimenta el separatismo. "La política es acordar entre distintos, pero ocurre algo importante, por primera vez el independentismo y el Estado estamos de acuerdo en qué nos ha llevado hasta aquí".

Tres, que él y otros fugados podrán volver. Que los condenados, verán sus antecedentes borrados. Que los procesados, recibirán el archivo de sus causas. Y que los investigados dejarán de estarlo. "Por primera vez en años volveremos a trabajar sin la amenaza de la represión", pregonó. "Y es que cuando resistimos les arrastramos; y cuando les arrastramos, ganamos".

Cuatro, que la lengua catalana "en el Congreso se ha normalizado" y, aunque en la Unión Europea "está siendo más largo de lo esperado", dijo, "ya es irreversible".

Y cinco, que el Gobierno está teniendo que pasar un examen mensual "en Suiza y con un mediador internacional". Porque, recordó, "ya tenemos experiencia" de lo que es negociar con los partidos españoles. Así que, en lugar de ir a la Moncloa, "que es como jugar en el Bernabéu y con un árbitro y el VAR a favor del equipo local", él logró la Mesa de Ginebra, "que es jugar en Wembley con árbitros neutrales".

Y aquí llegó el primer gran bofetón a Esquerra, a Oriol Junqueras y a Pere Aragonès, sus rivales por la hegemonía independentista y, por tanto, en las elecciones del 12-M. "Esa mesa, por cierto, no ha fallado nunca, cada mes se ha reunido como está escrito", espetó con sorna. "Yo no sé cuántas veces se ha reunido la otra, la Mesa de Diálogo, pero la nuestra se hace con seriedad".

Porque esto no era una conferencia, como se anunció. Era un mitin de lanzamiento del candidato, una apertura de campaña. Y al adversario al que le había ofrecido "unidad" tenía, en ese momento, que colocarlo en posición menor, de perdedor, porque él sólo volverá si es para ser 'president'.

Sin Junts, ERC no gobernará, ya sea como primera o como segunda fuerza del separatismo. Y sin ERC, ya lo advirtió a modo de respuesta en una nota el partido republicano, él tampoco podrá recuperar el título de Molt honorable, pero ya estará amnistiado... y seguirá teniendo la llave de Moncloa.

"Para eso estamos aquí"

Era un mitin, pero era mucho más. Era el anuncio del regreso: el que proclamó la independencia y la abortó; el que huyó de la Justicia pero lo convirtió en épico "exilio", se presentó ante los suyos para retomar el asunto donde se dejó. Para "terminar la tarea" y "resolver el conflicto político de Cataluña con el Estado español" apoyado, esta vez, en los papeles que el presidente de ese Estado ya ha firmado.

Esos que dicen que hay que negociar "el déficit fiscal de Cataluña" y el "reconocimiento nacional de Cataluña".

Es decir, lo que llamó Artur Mas "pacto fiscal" que, al recibir el no de Mariano Rajoy, convirtió la bronca del Estatut en un procés independentista; y lo que el 1-O se celebró "en unas condiciones poco favorables" pero que ahora puede convertirse en "un referéndum de autodeterminación pactado".

Porque "para eso estamos aquí", repitió Puigdemont. Para demostrar que él, en apenas cuatro meses, y con la llave que le dio Sánchez al proclamar aquel "somos más", ha puesto las condiciones para "que en esta legislatura" catalana no se llegue al décimo aniversario del 1 de octubre sin haber votado la independencia de Cataluña.

"Eso vamos a exigir, un referéndum", concluyó entre vítores y cantos de independencia, independencia. "No una consulta sobre un arreglo estatutario, no. Vamos a preguntar a todos los catalanes, los que están de acuerdo en seguir formando parte de España y los que no, cuál es su opinión y su voluntad".