Manuela Carmena, exalcaldesa de Madrid.

Manuela Carmena, exalcaldesa de Madrid. ADP

Política NEGOCIACIÓN DE INVESTIDURA

Sánchez sondeó a Carmena como ministra pero ella sólo se mostró dispuesta a ser Defensora del Pueblo

La exalcaldesa, halagada, rechaza de plano seguir en la actividad política salvo en el puesto ya pactado con Iglesias. Más País cree que puede beneficiarles.

La operación Carmena pudo ir mucho más allá del acuerdo al que han llegado Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para que sea nombrada Defensora del Pueblo. Este periódico ha podido confirmar en fuentes conocedoras de las negociaciones que el presidente en funciones sondeó a la exalcaldesa para que integrara su Gobierno como ministra.

En ningún momento se concretó la cartera que le sería entregada, pero por su condición de exjueza en su entorno se da por seguro que si las conversaciones hubieran avanzado, le habría sido ofrecido el Ministerio de Justicia.

El caso es que fue la propia Carmena la que, halagada, detuvo cualquier posibilidad de avance por esta vía. Considera que los puestos políticos ya han terminado para ella y, aunque de natural imprevisible, se ve más en el puesto que ahora se le otorga. De hecho, ella misma ha comentado que sería un colofón bonito para su carrera, defendiendo los derechos humanos, con presencia mediática y, además, con la capacidad de darle lustre a su criatura política ahora alicaída, Más País.

Las elecciones de 10-N no han resultado el espaldarazo que esperaba el entorno de Íñigo Errejón a la "alternativa de izquierda progresista y transversal" que propuso el exfundador de Podemos cuando decidió dar el salto a mediados de septiembre.

Los tres diputados cosechados -además de que en realidad sólo se les puede imputar uno, porque Inés Sabanés es la cuota Equo y Joan Baldoví procede de la confluencia con Compromís en la Comunidad Valenciana- no han colmado las aspiraciones errejonistas. Pero fuentes oficiales de Más País consideran que "para el partido sería buenísimo que Manuela ocupara ese cargo".

Íñigo errejón y Manuela Carmena, en el acto de presentación de Más Madrid.

Íñigo errejón y Manuela Carmena, en el acto de presentación de Más Madrid. Efe

La llegada de la carismática Carmena (Madrid, 1944) al simbólico cargo de control al Gobierno solucionaría un problema de interinidad arrastrado desde hace hace ya dos años y medio. En julio de 2017, expiró el plazo de cinco años del mandato de Soledad Becerril (PP)

Así fue como el socialista Francisco Fernández Marugán (Cáceres, 1946) tomó las riendas de la institución en funciones. Ahora, a la espera de lograr el voto afirmativo de los 89 diputados del PP -imprescindible para alcanzar los tres quintos del Congreso necesarios para el nombramiento- está previsto que la exalcaldesa sea la nueva Defensora del Pueblo.

La deseada

Carmena se ha convertido en una pieza codiciada por toda la izquierda. Todos la reivindican. Errejón, como guía espiritual de su partido, e Iglesias reivindicándose como responsable de haberla recuperado para la vida pública desde la jubilación allá por 2015, cuando le ofreció la candidatura municipal y la aupó a la Alcaldía. Lo mismo Sánchez, que quiere contar con ella a toda costa. Prueba de ello es su intención de darle un cargo ministerial e investirse del prestigio adquirido entre el votante de  izquierdas tras sus años al frente del Ayuntamiento de Madrid.

El caso es que tampoco está mal visto desde Podemos que Carmena recupere visibilidad. Aceptan que ahora mismo es cuota Errejón, pero ni se le discute su capacidad de inspiración ni se desedeña la posibilidad de que "el traidor Íñigo" quede un poco más aislado si la exalcaldesa pasa a ser un cargo institucional "de todos". Además, señalan que sin ella pendiente de Más País, afloren con más fuerza las divisiones internas que ya se adivinan en la nueva formación.

Dos pájaros de un tiro

Eso sí, que Carmena hubiese sido ministra les habría hecho menos daño que la (remota pero no negada) posibilidad de que lo vaya a ser Errejón. Y de haber sido en Justicia, mejor que mejor, porque Iglesias habría sacado una segunda ventaja: se habría asegurado la caída de Dolores Delgado y no sentarse con ella en el mismo Consejo de Ministros.

Hay que recordar que el líder de Podemos reclamó la dimisión de la exfiscal por "ser amiga" del excomisario Villarejo, cuando se publicaron hace algo más de un año unas grabaciones en las que Delgado compartía mesa y mantel con el policía hoy en prisión acusado de organización criminal, cohecho y blanqueo de capitales: "Alguien que se reúne de manera afable con un personaje de la basura de las cloacas de Interior en nuestro país debe alejarse de la vida política porque hace daño a la mayoría que protagonizó la moción de censura".