De izda a dcha y de arriba abajo: Stanley G. Payne, Paul Preston, Antonio Cazorla, Juan Eslava Galán, Enrique Moradiellos y Ángel Viñas.

De izda a dcha y de arriba abajo: Stanley G. Payne, Paul Preston, Antonio Cazorla, Juan Eslava Galán, Enrique Moradiellos y Ángel Viñas. E.E

Política EXHUMACIÓN DE FRANCO

Los biógrafos de Franco respaldan la exhumación: “Dejarlo en el Valle sería anomalía democrática”

Paul Preston, Stanley G. Payne, Antonio Cazorla, Ángel Viñas, Enrique Moradiellos y Juan Eslava Galán opinan sobre el traslado.

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La materia con la que trabajan, tanto tiempo acurrucada en los oscuros cajones de la Historia, de pronto se ha tornado presente. Si vivo es también aquel que, a pesar de muerto, aparece en los periódicos con insistencia, las biografías de Francisco Franco encontrarán este jueves sustancia para un último capítulo: la exhumación.

Seis de los investigadores más reputados que han dedicado décadas de su vida a revestir de realidad la figura del dictador -acudiendo a los papeles y huyendo de la mitología- aceptan contar a este periódico cómo escribirían esas líneas.

[Directo: última hora de la exhumación de Franco]

La conversación con Paul Preston, Stanley G. Payne, Antonio Cazorla, Ángel Viñas, Enrique Moradiellos y Juan Eslava Galán gira en torno a tres cuestiones: el traslado de Franco, su retrato y el futuro del Valle de los Caídos una vez no esté allí el militar.

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Restringen el acceso al cementerio de Mingorrubio donde se enterrará a Franco

Preston: "No hay que cerrar el Valle"

-Profesor Preston, ¿puedo robarle unos minutos?

-¡Inténtelo! -se ríe-.

Paul Preston (Liverpool, 1946) escribió hace décadas un libro titulado Franco, caudillo de España, que se reedita con fruición cada vez que se cumple una efeméride. También ha abordado, gruesos manuales de por medio, el papel del dictador como político internacional y su actuación en la Guerra Civil. Su último trabajo -se publica esta semana- se llama El pueblo traicionado (Debate) y recorre los últimos 140 años de nuestra Historia.

La ubicación de Franco en el Valle de los Caídos, introduce Preston, "encaja realmente mal con una democracia moderna": "Es imposible imaginar el equivalente con Hitler a las afueras de Berlín". Su desentierro, en teoría, "es un deber elemental": "Se trata, en definitiva, de un monumento creado por el dictador para glorificarse a sí mismo". ¿Y en la práctica? "Quiero ser prudente, no me han elegido primer ministro de España".

-¿Podría trazar una breve semblanza de Franco? ¿Cree que, a día de hoy, se distorsiona -para bien o para mal- su figura?

-Entienda que la brevedad, habiendo escrito una biografía de mil páginas se me antoja complicada -se ríe-. Franco era un dictador cruel, mediocre y corrupto. Esto último se ha ido conociendo en los últimos años. Sobre ello escribo en el libro a punto de salir.

Preston no contempla el derribo del Valle: "Yo eliminaría esa opción porque se trata de una maravilla del mundo, como otra de las grandes construcciones. Cavar una Basílica en la roca, elegir la cruz, levantarla... Tirarlo sería un insulto a los obreros". ¿Cerrarlo? "Tampoco. Opto por convertirlo en un buen museo, con los letreros adecuados y los folletos pertinentes. Costaría dinero, claro. Pero sería importante que España tuviera un gran museo sobre la Guerra Civil".

Payne: "Nunca quiso enterrarse allí"

Stanley G. Payne (Texas, 1934) apaga la radio para atender esta llamada. Conversa desde Wisconsin. Es el hombre en la ciudadela: "Aquí, en Estados Unidos, el interés en la exhumación de Franco es nulo". Escribe desde muy lejos, para ser leído a miles de kilómetros.

Últimamente afanado en la "desmitificación" de la Segunda República, es autor de decenas de biografías y manuales de referencia. Antes de que se acabara el régimen, ya viajó a España para indagar en sus causas y consecuencias.

Payne considera que la exhumación podría "vulnerar los acuerdos entre la Iglesia y el Estado": "Si se confirma, se trataría de algo realmente grave". Por otro lado, otorga un "fuerte peso" a dos argumentos que propician el desentierro: "Ni Franco quiso enterrarse allí ni fue un caído de la Guerra Civil". Insiste en que la decisión de inhumar al dictador en la Basílica fue tomada entre el régimen y el Rey Juan Carlos.

-¿Podría describir a Franco?

-Es enormemente complicado. No se puede negar que, bajo su mandato, se transformó España. Es una paradoja de la Historia. Bueno, en realidad a España la transformaron los españoles. El legado tiene cosas buenas y malas. Lo bueno fue la derrota de la revolución de los años treinta, que era necesaria para el porvenir del país. Lo malo fue la dictadura tan larga que vino.

-¿Y en cuanto a sus rasgos personales?

-Era frío, no especialmente simpático. No era el típico militar bonachón al estilo Primo de Rivera, dictador predilecto hasta para sus adversarios políticos. Franco era ordenado, un modelo como padre de familia, personalmente recto. Muy autoritario. Nunca brillante intelectualmente. Fíjese en una curiosidad muy interesante: aunque era militar, siempre se preocupó por apartar a las Fuerzas Armadas de la política durante la dictadura. Sabía que aquello era un riesgo para él. Prueba de su astucia.

Payne apuesta por mantener el Valle de los Caídos como monumento nacional y respetar la actividad de los monjes en la Basílica: "Los asuntos políticos no deben intervenir en la comunidad benedictina. Debe ser intocable".

Cazorla: "Hay que 'musealizar' el Valle"

Antonio Cazorla (Almería, 1963) es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Trent (Canadá). También uno de los profesionales que más esfuerzo ha dedicado a la protección del estudio de España en los centros norteamericanos.

En 2013, publicó Franco, biografía del mito (Alianza editorial), un trabajo que aportó nuevos datos y derribó las leyendas fruto de la propaganda. Es autor de Cartas a Franco de los españoles de a pie (RBA, 2014), que capta con nitidez la vida cotidiana durante los años más complejos de la dictadura.

Define como "necesaria" la exhumación: "Es una anomalía tener a un dictador en un monumento de Estado. La democracia española debe seguir afirmando sus valores de manera simbólica y eso pasa por la transformación del Valle".

-Después de lo investigado, ¿cómo definiría a Franco?

-Fue un dictador particularmente cruel. A partir de ahí, se puede entrar en detalles, pero la conversación debe ir encaminada a un fin: rechazar su persona y su obra, que se opusieron a nuestros valores democráticos y humanistas.

Cazorla se inclina por "musealizar" el Valle tras la exhumación: "De la misma manera que ocurrió con tantísimos lugares de dolor en Europa, como por ejemplo los cementerios de la Primera Guerra Mundial". En concreto, apuesta por construir un museo en "la abadía que está en la parte de atrás del conjunto".

Este historiador visitó hace unos días el Museo del Ulster de Belfast. Leyó a la entrada: "Tenemos una historia común, pero memorias distintas". "Es un buen comienzo. Si se ha hecho en un lugar tan dividido como Irlanda del Norte, ¿por qué no en España?".

Moradiellos: "Derribar la cruz sería una barbaridad"

Enrique Moradiellos (Oviedo, 1961) acaba de regresar de Salamanca, donde sigue buscando papeles que arrojen nuevos datos sobre la figura de Franco. Con su Historia mínima sobre la Guerra Civil española (Turner, 2016) ganó el Premio Nacional de Historia 2017. El año pasado, publicó su obra más completa sobre el personaje: Franco, anatomía de un dictador (Turner, 2018).

La exhumación le parece "necesaria": "Se dice que desenterrar es algo tremendo, pero no debemos llevarnos las manos a la cabeza si se hace sin escarnio ni maniqueísmo. Los movimientos de restos a lo largo de la Historia han sido normales". Pone como ejemplo el traslado de Carlos I, que testamentariamente indicó dónde quería ser enterrado -cementerio de Yuste- y luego fue llevado por su hijo, Felipe II, a lo que sería El Escorial.

"Franco no debe estar en El Valle porque va contra la propia normativa del monumento. Su esposa y su hija pensaron que iría a Mingorrubio, donde vivió casi 35 años de su vida", resume.

La presencia de Franco en la Basílica, arguye Moradiellos, la convierte en "mausoleo". Además, la propiedad pública de gran parte del conjunto hace que los españoles mantengan con sus impuestos un monumento al dictador.

Este catedrático de Historia define a Franco desmontando los tópicos a los que acuden quienes tratan su figura con benevolencia: "Hablan de él como el general que salvó a España del comunismo. Sí, pero se levantó contra un régimen liberal democrático. También lo catalogan como el caudillo de la paz que evitó la entrada de España en la Segunda Guerra Mundial. No fue neutral, apostó por el fascismo, envió la División Azul y permitió el espionaje y las operaciones bélicas. Fue prudente para cambiar de bando y arrimarse a Estados Unidos en calidad de luchador contra el comunismo. También se le alaba como el gobernante que cambió la España de las alpargatas por la del Seat 600. Sí, pero tras veinte años de miseria y férrea autarquía".

Una de las escenas que mejor define a Franco, cuenta Moradiellos, fue su primera decisión adulta: "Se inscribió en la adoración nocturna junto a su madre". Concebía el mando en términos absolutos: "Hay que obedecer órdenes, aunque sean ilógicas o discutibles. Quien no cumple es el enemigo y hay que castigarle". Además, se proclamó caudillo "bendecido por la gracia de Dios": "Ahí entra el nacional-catolicismo. Se hizo bendecir por el sacerdocio". Moradiellos concluye que Franco dirigió todo su proyecto a convertirse en "la encarnación de la soberanía española".

Sobre el Valle, le gustaría "mantenerlo como monumento histórico y ventana del presente al pasado": "Abandonarlo y derribar la cruz es una barbaridad. En Roma se puede ver el Palacio de la Civilización Italiana construido por Mussolini y en Berlín está el ministerio de la Luftwaffe, de Göring. Los símbolos hay que resignificarlos y contextualizarlos".

Viñas: "Se debe resignificar el Valle"

Ángel Viñas (Madrid, 1941) lleva toda una vida dedicado a estudiar la acción de Franco, los detalles de su conspiración y las consecuencias de la dictadura. Así lo ha plasmado en decenas de libros, entre ellos La otra cara del caudillo (Crítica, 2015) o El primer asesinato de Franco (Crítica, 2018).

Describe la exhumación como una "necesidad histórica, política y social": "Está enterrado en un mausoleo, elevado a la gloria de su cruzada. España no debe honrar indefinidamente a uno de los personajes fundamentales en la destrucción de su democracia. A nadie se le ocurre homenajear así a Mussolini. Nuestra sociedad no ha ajustado cuentas con su pasado".

-¿Cómo describe a Franco?

-Era un militar mediocre con un complejo de superioridad desarrollado en las campañas coloniales. Taimado, ambicioso, con un gran sentido de las relaciones públicas. Terminó creyéndose un superhombre. Frío, calculador, sin escrúpulos... Aunque lo último que descubrí fue lo de la corrupción.

-¿A qué se refiere?

-A las tres semanas de ser nombrado jefe del Estado, empezó a desviar fondos a sus cuentas personales, abiertas en Salamanca. Me dejó completamente helado. Hizo fortuna durante la guerra a través de las suscripciones nacionales. Mientras sus soldados morían en el frente, él se cubría el riñón.

Sobre el Valle de los Caídos, se inclina -también- por la "resignificación": "Es imprescindible, pero muy difícil. ¿Qué haces, entonces, con la abadía benedictina? Los partidos y la sociedad deben reflexionar. También tendría que haber un asesoramiento de expertos internacionales que hayan vivido situaciones similares".

Eslava Galán: "Demolerlo sería de descerebrados"

Juan Eslava Galán (Jaén, 1948) se ha consolidado como uno de esos escritores capaces de detectar los lugares menos manidos de la Historia. Con esa premisa, consigue convertir la divulgación en best seller de calidad.

Dos de esos productos han sido Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie (Planeta, 2005) y Los años del miedo (Planeta, 2008), ambos sobre las etapas más oscuras del franquismo recién nacido.

"Está bien sacarlo del Valle, pero lo han hecho de manera torpe. Deberían haber buscado el acuerdo con la familia y pactar el lugar de reinhumación. Navegamos siempre entre la demagogia y el electoralismo. Sea cual sea el cadáver, merece respeto", introduce.

-¿Quién fue Franco?

-Su imagen se ha venido distorsionando para bien y para mal, dependiendo de las circunstancias. Fue un hombre autoritario, sin una ideología definida más allá del mando. La crisis económica le obligó a dejar el gobierno en manos de los tecnócratas. En eso tuvo una suerte inmensa. Militarmente no fue brillante, pero se enfrentó a generales casi siempre peores que él. Ganó la guerra porque en el lado republicano latía un enorme desconcierto. Me gustaría subrayar una cosa.

-Adelante.

-Siempre se dice que le ayudaron Italia y Alemania. Es verdad, le dieron material bélico, pero la gasolina se la proporcionaban los norteamericanos y los ingleses. A nadie le interesaba que los republicanos, en manos del Frente Popular, ganaran la guerra.

Eslava Galán apunta que demoler el Valle sólo lo defienden los "descerebrados": "Hay que conservarlo, démosle una utilidad museística. Que no se quede en mero cementerio. Tampoco me importaría que los benedictinos mantuvieran su comunidad".