Norbert Feher a su salida de los juzgados de Alcañiz (Teruel).

Norbert Feher a su salida de los juzgados de Alcañiz (Teruel). Efe

Política ANATOMÍA DE UN ASESINO (I)

La vida fantaseada de Igor el Ruso: decía ser un sicario de Putin pero era un vulgar criminal

En su permanente huida plagada de mentiras destaca su máscara como supuesto agente al servicio del Kremlin.

Igor el Ruso siempre soñó con ser el protagonista de una vida de película, pero su biografía real está escrita a brochazos entre la realidad y la ficción. Aparantemente, el presunto asesino de dos guardias civiles y un ganadero el 14 de diciembre en Andorra (Teruel) es un experto francotirador que arrastra un historial delictivo desde que huyó de Serbia, su país de origen. Pero en realidad solo es un vulgar criminal de manual: un hombre en permanente huida, disfrazado de militar, armado, alcohólico, que no siente ningún aprecio por la vida de los demás. Llegó a hacerse pasar por 23 personas distintas, pero su verdadero nombre es Norbert Feher y nació en 1981 en Subotica, una ciudad serbia fronteriza con Hungría.

El pasaje más surrealista de la vida de Feher que él disfruta contando a su círculo más íntimo es cómo escapó de Serbia. Es verdad que los primeros antecedentes penales de Igor el Ruso siguen intactos en su país de origen, donde se le acusó de numerosos robos y fue condenado a once años de prisión por una violación que él siempre negó. Ahí empezó una permanente huida hacia adelante plagada de mentiras y medias verdades que terminó con su detención el 15 de diciembre en Teruel.

Feher abandonó Serbia y llegó directamente a Italia en un trayecto de miles de kilómetros en el que elegía los caminos menos transitados, con mapa y brújula en mano, para no ser nunca descubierto. Hizo parte "a pie" y parte "viajando en autobús", según ha podido saber este diario de fuentes de la investigación. A él le gusta contar que en este punto de su vida estuvo en Siberia, una vasta región rusa donde las temperaturas pueden alcanzar los 60 grados bajo cero. 

El criminal serbio relata que ingresó voluntariamente en el servicio militar en Rusia para ganarse la vida y que pronto despuntó por tener una "capacidad sobrehumana" para acertar en el tiro, según detallan a este periódico personas del entorno más próximo al asesino. El propio Feher cuenta que ascendió rápido y que por eso entró a formar parte de esa élite de sicarios destinada a quitar de en medio a los criminales más peligrosos de la Rusia que dirigía Vladímir Putin. "Los tenía que encontrar... vivos o muertos", detallaba a su entorno. Así se inventó su apodo de Igor el Ruso.

Feher se presentaba públicamente como un asesino a sueldo, como uno de los mejores sicarios de la historia, con decenas de muertos a sus espaldas. Con este argumento justificaba por qué llevaba siempre un machete atado en el antebrazo: decía que en cualquier momento podía sorprenderle el pasado y por eso debía estar preparado para defenderse. Para aquellos que no terminaban de creerse este cuento, enseñaba una marca mal borrada en el tobillo: un tatuaje con el supuesto número de militar que le correspondía y que él mismo eliminó raspándolo con un cuchillo cuando tuvo que fugarse. Cuenta que emprendió de nuevo la huida porque erró en un encargo y mató a la persona equivocada.

Pulp Fiction

Norbert Feher vivió siempre atrapado en sus propias mentiras y un mundo lleno de fantasías en el que siempre aparecían policías que le cercaban. Pero, en realidad, fue toda su vida un acomplejado matón que soñaba con llegar a ser un criminal audaz, idéntico a los que veía en las películas que consumía compulsivamente. Cuando se convirtió al catolicismo en una cárcel italiana, se bautizó con el nombre de Ezequiel por otra de sus obesiones, Pulp Fiction. En esta película de Quentin Tarantino, el protagonista -un criminal- repite varias veces la cita bíblica de Ezequiel 25:17: "El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por las injusticias de los egoístas y la tiranía de los hombres malos...". Un pasaje que le dejó tan hipnotizado que a partir de entonces quiso llamarse como él: Ezequiel.

Cuando fue detenido en Teruel, en su declaración ante la juez de Alcañiz alegó que tenía formación paramilitar y que iba armado porque siempre estaba "preparado" para una "guerra" que en realidad solo había visto en la pantalla de su móvil. Investigadores que le han seguido muy de cerca apuntan a un vídeo para desmontar su biografía militar grabado el 1 de abril de 2017, el minuto que duró el forcejeo con el camarero de Budrio Davide Fabrri antes de matarlo.

Igor el ruso

En esa cinta, distribuida días después de ser detenido en Teruel, se ve a Feher vestido con pasamontañas, ropa militar y un fusil. Pedía "dinero" al dueño del bar por supuestos trapicheos pasados, según la versión del asesino. En la grabación se aprecia cómo la víctima pudo arrebatarle de la mano el fusil sin ningún problema. Fabrri le golpeaba con todas sus fuerzas mientras el ladrón se refugiaba en la cocina, donde consiguió matarlo al sacar un arma corta, la Smith Welson de calibre 9 x 21 que utilizó meses después en Teruel. La cinta no recoge qué pasó en ese habitáculo donde estaba la mujer del recién fallecido, que "empuñaba una escoba" mientras se dirigía al asesino de su marido. El falso paramilitar solo atinó a coger el rifle y su pistola corta y huir del local. "Su forma de actuar no parece la de un sicario profesional", destacan las mismas fuentes.

Una vida inventada

Esta grabación desmonta la versión que él mismo cuenta sobre su vida. Feher describía a sus allegados con un nivel de detalles increíble para ser mentira cómo era su vida en Siberia: contaba que podía pasarse días enteros subido a un árbol, que creaba un cordón de seguridad con cámaras web o campanas en mitad del monte para sentirse protegido o que podía dormir en el campo con un metro de nieve a 40 grados bajo cero. También destacaba que cada misión le ponía más que la anterior y sus "impecables" trabajos le hicieron pronto prosperar en un mundo oscuro donde los policías se mezclaban con asesinos en serie como él. Una mentira continuada en el tiempo que mantenía a base de grandes dosis de alcohol. Si algo caracterizaba los robos de Feher en las casas de campo que asaltaba era que se llevaba todos los licores que encontraba. 

La realidad que vivía Feher era mucho menos pintoresca de lo que a él le hubiera gustado. De hecho, su currículum delictivo oficial solo destaca por asociarse a una banda de delincuentes del este de Europa en el norte de Italia, una organización criminal apodada como la Banda Pajdeck por estar al frente de ella Ivan Pajdeck (50 años), el único amigo que conoce al Norbert Feher real. El tercer miembro de esta camarilla dedicada a robos con violencia y a la extorsión es el veinteañero Patrik Ruszo.

Feher llegó a Italia en 2006 de la mano de Pajdeck y estuvo en prisión por extorsionar y robar con un arco con flechas en casas de campo muy similares a las que atacaba en Teruel. Al salir de la cárcel por primera vez en 2010, sobrevivía de nuevo robando a través del mismo modus operandi, aunque esta vez utilizaba un hacha para intimar a sus víctimas. Volvió a estar entre rejas hasta 2015.

Al salir de la cárcel volvió a atracar, sobre todo a ancianos, a los que golpeaba salvajemente. Participó también en otro robo con agresión sexual incluida. Fue al darse a la fuga cuando mató a tiros a dos personas, pero consiguió escaparse de un cerco policial inédito en Italia en el que se desplegaron hasta mil carabinieris para cazarlo. No lo encontraron jamás y Feher pudo por fin apuntarse esa hazaña como su gran triunfo vital. Desapareció durante ocho meses, como si se lo hubiera tragado la tierra, hasta que lo identificaron con las huellas dactilares la madrugada del 15 de diciembre en la localidad turolense de Mirambel. Ocho horas antes había matado a sus tres últimas víctimas. 

Golpeado en Albalate del Arzobispo

Las mismas fuentes de la investigación recuerdan otro pasaje en la vida de este criminal para desmontar que fuera un experto paramilitar con un pasado sanguinario del calibre de un sicario. La tarde del 5 de diciembre, cuando Feher fue sorprendido por primera vez en España en una masía de Albalate del Arzobispo (Teruel) por dos vecinos de la localidad, uno de ellos también la emprendió a golpes con él.

Igor el Ruso estaba apuntando a quema ropa con el arma al cerrajero Manuel Marcuello cuando éste se abalanzó sobre él, lo tiró al suelo y le intentó quitar la pistola. No pudo porque la llevaba atada a la muñeca. Durante el forcejeo, este vecino intentó morderle la yugular sin éxito porque el criminal se protegía con un abrigo militar que le tapaba hasta la barbilla. El asesino consiguió darle una sola vez en el brazo. Al otro paisano le alcanzó con otra bala en el hígado. Quemó una veintena de casquillos y los dejó heridos de gravedad. Pero no los mató. "No tiene aprecio por la vida ajena y tiene la sangre fría de matar a cualquiera. Pero es un criminal de libro: se infló a disparar y falló. ¿Qué sicario profesional deja vivos a dos vecinos de a pie?", se preguntan las mismas fuentes. 

Tampoco estuvo nunca en China

Tras su fantasioso paso por Rusia y antes de llegar a Italia, a Feher también le gusta presumir de haber sobrevivido una temporada vagando por los montes de China. Es cierto que el serbio se maneja bien en el idioma. De hecho, él era quien hacía de traductor con un preso en una cárcel italiana en la que cumplió parte de su pena. También suele escribir muchas de sus notas en este idioma, para que nadie descifre nunca qué apuntes salen de su imaginativa cabeza. "Tiene una mente privilegiada y estudió el idioma en prisión porque le llamaba la atención. Pero nunca estuvo allí", reconocen las mismas fuentes. Feher habla perfectamente italiano, ruso, chino y serbio. Ahora, en la cárcel de Zuera (Zaragoza), pasa gran parte del día aprendiendo castellano.

Fue precisamente en la primera prisión italiana en la que estuvo donde el serbio conoció a Ivan Kazlavic, un auténtico francotirador del ejército ruso en el pasado. Su historia le fascinó tanto que cuando puso un pie de nuevo en la calle, Norbert Feher decidió adueñarse de la vida de su compañero y se bautizó a sí mismo como Igor Vaclavic, nacido en Uzbekistán el 21 de octubre de 1976. Era una identidad falsa con la que consiguió atascar a las autoridades italianas durante años, que no conseguían formalizar su expulsión oficial del país ni devolverlo a Serbia, donde le perseguía una orden de arresto. Entonces repitió el mismo esquema vital de siempre: contar como propia una biografía que jamás le perteneció. Como nunca fue Rambo. Ni Ezequiel. Ni un sicario a sueldo. Porque por no ser, ni siquiera se llama Igor ni es ruso.