Antonio Tejero, durante el golpe de Estado del 23-F

Antonio Tejero, durante el golpe de Estado del 23-F

España Obituario

Antonio Tejero Molina: el último devoto de Franco

Hijo de un maestro republicano, su fallido intento de golpe de Estado le convirtió en uno de los grandes protagonistas militares de la Transición.

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El 31 de agosto de 1978, el diario ultraderechista El Imparcial, publicaba una carta abierta para Juan Carlos I bajo el título "¡No más sangre, Majestad!", donde se rendía honores a los guardias civiles asesinados por la banda terrorista Euskadi Ta Askatasuna (ETA):

"Estos hombres, cuando salían de sus cuarteles o de sus comisarías siempre dirigían una postrera mirada a la bandera que presidía sus viviendas, única representante de nuestras glorias y sacrificio y futura mortaja para nuestros mártires. Sin embargo, en el proyecto de Constitución hay demasiadas banderas haciendo sombra a la Única, alguna de ellas creada expresamente por y para el separatismo. No. En este proyecto de Constitución no van incluidos algunos de los valores por los que creemos vale la pena arriesgar nuestras vidas. En él, no están nuestros muertos".

Su autor fue uno de los grandes protagonistas militares de la Transición: el entonces teniente coronel Antonio Tejero Molina, que ha fallecido en el día de hoy. En este texto reflejaba no solo su rechazo al terrorismo, sino también su oposición al sistema democrático y a la norma fundamental que lo articulaba. Porque este militar fue, a lo largo de sus 93 años de vida, un nostálgico del franquismo, un simpatizante del falangismo y un escéptico de la monarquía.

Nacido en Málaga, el 30 de abril de 1932, e hijo de Antonio Tejero Camacho, un maestro republicano y agnóstico, y de Dolores Molina Labrada, se crio en un ambiente castrense porque su padre impartía docencia en un establecimiento militar. Fue allí donde nació su amor por la milicia.

Entre el 15 de diciembre de 1955, fecha en la que recibió su despacho de teniente de la Guardia Civil, y el 20 de noviembre de 1975, fue un disciplinado militar, carismático, extremadamente respetuoso con sus subordinados y con gran capacidad de mando.

Estas características le convirtieron en un oficial muy apreciado por sus jefes, que le concedieron destinos muy importantes y complicados en los años finales de la dictadura: jefe de la Plana Mayor de 51º Tercio de la Guardia Civil -con sede en San Sebastián (Guipúzcoa)- entre 1974 y 1975 y jefe de la 512ª Comandancia de la Guardia Civil -con sede en Vitoria (Álava)-.

No obstante, en estos nombramientos también influyó su progresiva vinculación con la "familia" falangista del franquismo a través de su gran amigo, el sindicalista "azul" Juan García Carrés, quien le abrió las puertas para mantener relaciones con José Antonio Girón de Velasco, José Utrera Molina y el teniente general Carlos Iniesta Cano, director general de la Guardia Civil entre 1972 y 1974.

Fue su sucesor en este cargo, el también falangista Ángel Campano López (1974-1976), quien le eligió para esos destinos en las provincias vascas.

A partir de la muerte del general Franco, Tejero se transformó como militar. En esta dinámica fue clave la decisión de Campano de nombrarle, el 5 enero de 1976, jefe de la 511ª Comandancia (San Sebastián), el mando más difícil de la Guardia Civil en ese momento.

En este destino fue observador directo de la gestación en las provincias vascas de un movimiento de apoyo a las acciones del nacionalismo radical y violento representado por ETA y también de atentados salvajes como el que tuvo lugar en San Sebastián del 4 de octubre de 1976, que acabó con la vida de 4 personas, entre ellas tres miembros de la Policía Armada.

Tejero, que nunca había creído en Juan Carlos I como jefe de Estado y que era muy escéptico con los gobiernos que se habían sucedido desde la muerte del dictador, se fue autoconvenciendo de que estas muertes, así como el aumento de los conflictos sociales como consecuencia de la crisis económica que vivía el país o el auge de los nacionalismos periféricos, era consecuencia del proceso de cambio político que estaba teniendo lugar.

Así se lo hizo saber al ministro de la Gobernación Rodolfo Martín Villa en un telegrama donde le "felicitaba" por los honores que se habían dado a la "bandera separatista", en referencia a la ikurriña. El resultado de esta insubordinación fue su cese como jefe de la Comandancia de Guipúzcoa el 22 de enero de 1977.

Poco después, pasó a mandar la de Málaga, donde también sería cesado el 8 de octubre de ese mismo año, tras impedir una manifestación autorizada por el gobernador civil con el argumento de que había muerto un guardia civil: "Hoy es un día de luto y aquí no se manifiesta nadie", dijo.

Antonio Tejero, durante la exhumación de Franco.

Antonio Tejero, durante la exhumación de Franco. Efe

El 17 de febrero fue nombrado jefe de la Agrupación de Destinos de la Guardia Civil (Madrid). En este destino escribió la citada carta al rey y diseñó la primera acción involucionista de la Transición, junto a su amigo el capitán Ricardo Sáenz de Ynestrillas: la Operación Galaxia.

Esta intentona nació de su convencimiento de que solo las Fuerzas Armadas, a través de un golpe de Estado y del establecimiento de una junta militar, podía acabar con la situación de crisis que vivía España.

Sin embargo, Tejero sabía perfectamente que su empleo militar no le facultaba para liderar a los Ejércitos en una acción de estas características, pero sí estaba convencido de que, si se producía un vacío de poder, los militares intervendrían y se harían con el control de la situación.

Por eso, el objetivo de la Operación Galaxia pasaba por la ocupación del Palacio de la Moncloa el viernes 17 de noviembre de 1978, un día especialmente propicio porque se celebraba Consejo de Ministros, por lo que podía detener a la totalidad de los componentes del Ejecutivo: el vicepresidente del Gobierno, teniente general Manuel Gutiérrez Mellado, se encontraba en Cartagena; Juan Carlos I en México, y en Madrid habría numerosos ultraderechistas que iban a asistir a las conmemoraciones por la muerte de Franco.

Sin embargo, las ilusiones de Tejero se truncaron cuando uno de los conjurados, el comandante Manuel Vidal Francés, delató al resto de sus compañeros. Tejero e Ynestrillas fueron detenidos el 16 de noviembre y juzgados en consejo de guerra el 7 de mayo de 1980. La sentencia del tribunal militar pareció justificar su acción, ya que afirmaba que los acusados:

"Profundamente preocupados por los progresivos ataques a los componentes de las Fuerzas Armadas y del Orden Público perpetrados principalmente en las provincias del norte por el terrorismo separatista, pensaron en la posibilidad de poner fin a tal estado de cosas, por lo cual […] llegaron a preparar un "golpe de mano" que había de ocupar el Palacio de la Moncloa en el momento en que estuviera reunido en el Consejo de Ministros, para posteriormente someter la nueva situación a S. M. el Rey".

Las condenas fueron extraordinariamente bajas: siete meses y un día para Tejero, y seis meses y un día para Ynestrillas. Los dos acusados, que llevaban encarcelados más tiempo del que correspondía a su pena, fueron puestos en libertad.

"Solución Armada"

Tras salir de prisión, el teniente coronel se puso en contacto con sus amigos falangistas para preparar una nueva acción golpista, cuyo objetivo sería esta vez el edificio del Congreso de los Diputados, a semejanza de lo que el comandante sandinista Edén Pastora había hecho en Managua en 1978.

Para ello compraron seis autobuses y unos centenares de anoraks, que permitirían trasladar y camuflar a los guardias civiles que llevarían a cabo el golpe de mano. Sin embargo, este diseño tenía el mismo problema que el de la Operación Galaxia: la falta de un líder militar capaz de arrastrar al resto de las Fuerzas Armadas una vez que se hubiera producido la acción.

Ese hombre sí podía ser el teniente general Jaime Milans, capitán general de la III Región Militar (Valencia), antiguo defensor del Alcázar de Toledo, poseedor de una brillante carrera militar y crítico con el sistema democrático. A través de Iniesta Cano, Tejero entró en contacto con este militar, explicándole a su ayudante, el teniente coronel Pedro Mas Oliver, la operación que había diseñado.

El teniente general recibió esta información. Sin embargo, y a pesar de que no tenía mala imagen de Tejero, como monárquico, aristócrata y conservador no se sentía cómodo liderando una operación de falangistas que culpaban a Juan Carlos I de los problemas que azotaban a España. Por tanto, decidió no comprometerse.

La posición de Milans del Bosch cambió cuando, en noviembre de 1980, recibió la visita de un viejo amigo: el también aristocrático y monárquico general de división Alfonso Armada Comyn.

Este militar, antiguo secretario de S.M. el Rey, le explicó que tenía el aval de Juan Carlos I para poner en marcha una operación política cuyo objetivo era convertirle en presidente de un gobierno de concentración nacional en el que estarían integrados todos los partidos políticos de ámbito nacional.

Su programa de gobierno se centraría en reformar la Constitución en el tema autonómico, poner fin a la oleada terrorista y acabar con la crisis económica. Este diseño, conocido como "Solución Armada", presentaba dos variantes.

La primera, apoyada por importantes empresarios, consistía en poner en marcha una moción de censura a Armada convertirse en presidente del Gobierno. La segunda, con el mismo objetivo, consistía en provocar una crisis muy grave, que permitiese al general presentarse ante los diputados como "salvador" de la democracia para que le eligiesen como jefe del ejecutivo.

Antonio Tejero, durante el golpe de Estado el 23 de febrero de 1981.

Antonio Tejero, durante el golpe de Estado el 23 de febrero de 1981. EFE ARCHIVO

Milans del Bosch se sintió encantado con este plan. A partir de ese momento se subordinó a Armada porque entendía que este general hablaba en nombre del rey y siguió todas sus indicaciones, a pesar de que fuera de menor empleo militar.

Por eso, el teniente general se reunió con todos los representantes de los grupos involucionistas militares, incluyendo a Tejero, el 17 de enero de 1981 en Madrid y les ordenó que apoyasen la operación de Armada.

Sin embargo, no reveló el objetivo final de la operación, que el teniente coronel de la Guardia Civil seguía pensando que era la constitución de una junta militar que pusiera fin al sistema democrático.

Además, en esta reunión, se estudió con detalle la acción del teniente coronel por si era necesaria para poner en marcha la segunda variante de la "Solución Armada".

El 27 de enero Adolfo Suárez dimitió, imposibilitando así una posible moción de censura de los diputados que apoyaban a Armada. A partir de ese momento, los planificadores de la "Solución Armada" empezaron a laborar en favor de la segunda variante, especialmente dos hombres del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID): el comandante José Luis Cortina Prieto y el capitán Vicente Gómez Iglesias.

Fueron estos militares quienes prepararon un encuentro entre Armada y Tejero el 21 de febrero de 1981 donde el general le ordenó tomar el edificio de la Carrera de San Jerónimo el lunes 23 mientras se celebraba la votación para elegir como presidente del Gobierno a Leopoldo Calvo Sotelo.

Sin embargo, el general tampoco le informó del objetivo final de la operación. Tejero seguía convencido de que el golpe de Estado culminaría con el establecimiento de una junta militar presidida por Milans del Bosch.

A las 6:22 horas del 23 de febrero el teniente coronel cumplió la orden que había recibido, al mando de más de 300 guardias civiles que había podido reclutar y trasladar hasta la Carrera de San Jerónimo gracias al apoyo del CESID, y que entraron en el hemiciclo al grito de "Viva el Rey", tal como le había ordenado Armada. A partir de ese momento se limitó a esperar al general que debía resolver la situación tal como se le había indicado y que no tardaría más de dos horas en llegar.

Sin embargo, las horas fueron pasando y las cosas no se desarrollaron tal como había pensado. Diversas autoridades militares, entre ellas el director general de la Guardia Civil general de división José Luis Aramburu Topete, intentaron desalojarle del edificio, y además recibió una llamada del secretario de Juan Carlos I, interventor general de división Sabino Fernández Campo, abroncándole por utilizar el nombre de Juan Carlos I.

Finalmente, sobre las 00:15 horas del 24 de febrero, Armada entró en el edificio del Congreso de los Diputados, autorizado por el rey para proponerse "a título personal" ante los diputados como presidente de un gobierno de concentración nacional.

El rey Juan Carlos durante su famoso discurso del 23-F.

El rey Juan Carlos durante su famoso discurso del 23-F.

El general cometió el error de comentar a Tejero que las cosas no habían salido como pensaban y que traía una solución de compromiso. Inmediatamente, el teniente coronel le exigió que, a puerta cerrada, le informara de cuál era esa proposición que pensaba hacer a los diputados.

Cuando Armada le dijo que pensaba ofrecerse como jefe de un gobierno de concentración nacional y le enseñó la lista de sus integrantes, de la que formaban parte miembros del Partido Socialista Obrero español (PSOE) y del Partido Comunista de España (PCE), Tejero se indignó y le echó del edificio.

En ese momento fracasó definitivamente la "Solución Armada" y, por tanto, el golpe de Estado del 23-F.

Tejero fue arrestado el 24 de febrero de 1981. Pronto se dio cuenta que existía un pacto entre Armada y Milans del Bosch para presentar el golpe de Estado como una acción achacable exclusivamente a Tejero y que había comenzado a las 18:22 horas del día anterior, sin que ellos tuvieran ninguna responsabilidad en su diseño.

El teniente coronel, ya convencido de que había sido engañado para participar en una operación con la que no se identificaba, decidió entonces contar "todo" en sus declaraciones. El resultado fue que tanto él como Armada y Milans del Bosch fueron condenados a 30 años de prisión.

Antonio Tejero Molina abandonó la cárcel el 3 de diciembre de 1996. Fue el último de los condenados por el golpe de Estado en hacerlo. A partir de ese momento vivió entre Alahurín de la Torre (Málaga), Madrid, Galicia y Valencia, dedicándose a la pintura y su familia.

Nunca se arrepintió de su participación en el 23-F y siempre mantuvo su devoción por el franquismo, como demostró con su oposición pública a la exhumación del dictador de la basílica del Valle de los Caídos.

Hoy, 25 de febrero de 2026 ha dejado de existir. Fue el último devoto de Franco.