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Caos en el AVE a Barcelona: cuando empezó el funeral del padre de mi amigo, estábamos parados en los Monegros
Hemos necesitado cuatro horas y media para un viaje que no debía durar ni tres. Junto a las dos horas más de retraso en la salida, hacen seis horas y media. Y yo me pregunto cuándo se jodió la Alta Velocidad en España.
Escribo este testimonio a bordo del tren 03303, un AVE que debería haber salido de Madrid a las 10:27 horas y haber llegado a Barcelona Sants a las 13:19. Sin embargo, son las 14:41 y la megafonía del vagón anuncia en castellano, catalán e inglés que la próxima parada es Zaragoza Delicias.
"Renfe les agradece que hayan viajado con nosotros, esperamos verles pronto". Advierte a "los pasajeros que continúen viaje", que "no deben bajar del tren"; y a quienes van a descender, "que no deben olvidar sus pertenencias", con un tono amable.
El de siempre. Nadie ha pensado/querido/podido añadir una disculpa a la grabación rutinaria de cada día. Aunque sólo fuera en castellano.
Mis tribulaciones de viajero habían comenzado a las 10:05, cuando un mensaje de InfoRENFE me informaba de que "Derivado de las limitaciones de velocidad tu tren AVE 03303 circulará acoplado a AVE03113 con salida de Madrid a las 11:27".
Mucho "Hola Ignacio", mucho tuteo; pero información, escasa.
El SMS advertía de que lo anterior podía "producir que el tiempo de viaje sea superior al habitual". Antes de concluir agradeciendo "mi comprensión", pedía que "por favor" siguiera "las indicaciones de nuestro personal, pantallas y megafonía de la estación".
En Atocha, la megafonía estaba muda. Las pantallas estaban congeladas sin informar ni de la vía de tren. Raro.
Se acercaba la hora de la salida del 03113 y nada. El personal no parecía saber mucho más. Las azafatas que controlan el acceso a los andenes informaban con paciencia que no había tren "porque no había llegado de Barcelona".
¿Cuándo va a llegar? Ni idea.
Me sorprendió que, en todo ese tiempo que estuvimos esperando allí los cuatrocientos viajeros de los dos AVE, sólo una señora levantara la voz. Y simplemente exigió que le dejaran hablar con el "supervisor", o quien fuera capaz de informar de algo.
A base de paciencia y de permanecer junto a las azafatas, pude saber que el tren venía ya acoplado de Barcelona y que, cuando llegara, necesitarían media hora para que descendiera el pasaje y limpiar.
Finalmente, de viva voz, se informó a los presentes de que los pasajeros del AVE de las 11:27 embarcarían por las puertas 1 y 2, y que los del de las 10:27 debíamos hacerlo por las 3 y 4. "Formen dos colas, por favor".
Como el tren de las 11:27 estaba en cabeza del convoy en la vía 2, sus pasajeros embarcaron antes. Mientras limpiaban el tren de las 10:27, aguardamos nuestro turno. Y finalmente, a las 12:25 arrancaban los dos trenes, acoplados en uno.
A las 14:07 alcanzamos Calatayud. El jefe del tren nos había comentado a varios viajeros que, en esta estación, nuestro tren no abría sus puertas, puesto que no tenía parada prevista.
Pero diez minutos de parada en Calatayud, excesivos sin duda. Nos acaba de adelantar un flecha roja de Iryo.
Previamente, habíamos parado dos veces. Una, a los 10 minutos de arrancar y la otra, en medio de un túnel.
Cuando un pasajero, despistado, preguntó por qué no pasábamos de 150 km/h, el mismo empleado le respondió con la explicación prolija de que las revisiones de la vía obligan a viajar a menos velocidad.
Sin abandonar la cordialidad, pero un poco mosqueado, el jefe del tren no había sabido responder al ser preguntado por qué, en todo ese tiempo, Renfe no dispuso de otro tren: "De dónde quiere que saquemos el tren; no tenemos trenes de reserva".
Y cuando le insistimos sobre por qué viajábamos los dos trenes acoplados, le ha salido de dentro: "Pregúntele al ministro, o al jefe de la Renfe".
De Calatayud a Zaragoza, vamos a 250 km/h. Lo que, hasta hace unos días, era habitual y hoy es excepcional.
Salimos de Zaragoza al sprint, pero a las 15:04 nos detenemos en mitad de la nada. A esa hora debe de haber comenzado el funeral por el padre de mi amigo, motivo de mi desplazamiento. La megafonía del tren informa de que "debido a las limitaciones temporales, se están produciendo fuertes demoras".
Llueve con fuerza en los Monegros. Arrancamos a las 15:11.
Sin novedad, nos hemos detenido en Lleida-Pirineos dos minutos para salir a las 16:00. Ahora que lo pienso, la megafonía no ha anunciado la parada en ninguna de las tres lenguas oficiales del AVE.
Son las 16:30 y acabamos de parar en Camp de Tarragona. Breve detención. La megafonía ha seguido muda. Se ve que la han desconectado. Ahora que caigo, hace mucho rato informaron de que circulábamos "con 100 minutos de demora". Y de que "la hora aproximada de llegada a Barcelona" era a las 16:20.
Faltaba un minuto para las cinco de la tarde cuando la megafonía ha recuperado la voz. En castellano, catalán e inglés: "Próxima estación, Barcelona Sants. Final de viaje. Renfe les agradece que hayan viajado con nosotros y espera volver a verles pronto. Por favor, permanezcan sentados hasta que el tren se pare y tengan cuidado al descender del tren".
Y yo me pregunto cuándo se jodió la Alta Velocidad en España, porque hemos necesitado cuatro horas y media para un viaje que no debía durar ni tres. Junto a las dos horas más de retraso en la salida, hacen seis horas y media.
No sé qué ha declarado el ministro de Fomento en el Senado. Y tampoco me importa. Al fin y al cabo, es el mismo que hace poco se ufanaba de que íbamos a ir de Barcelona a Madrid "a 350 km por hora, porque el actual trazado lo permite".