Sánchez y Rivera, durante sus mítines.

Sánchez y Rivera, durante sus mítines.

España ELECCIONES GENERALES 2019

Batalla final por Cataluña: Sánchez y Rivera compiten con símbolos y emociones entre ataques mutuos

"Nunca es nunca", dice Sánchez sobre la autodeterminación antes de bailar "Mi querida España".

Daniel Basteiro Daniel Ramírez

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A veinticuatro horas para que concluyese la campaña electoral, dos líderes políticos que se detestan en lo político y en lo personal se midieron en Barcelona, símbolo de una Cataluña que nunca antes había marcado tanto unas elecciones generales. "Este domingo, daos el gustazo de echar a Sánchez", pidió Albert Rivera en un acto con Inés Arrimadas, Maite Pagazaurtundua y Edmudo Bal, que van en las listas de Ciudadanos.

"Empezó en la socialdemocracia, pasó al centro, al centro derecha, a la derecha, a la ultraderecha... debe de tener un armario muy amplio para todas las chaquetas que se ha cambiado", le dedicó por su parte Pedro Sánchez desde un polideportivo nueve kilómetros al noreste, en el Vall d'Hebron.

El mitin de Sánchez fue el más concurrido de los dos. No en vano, el PSC aspira a ganar las elecciones en Cataluña por primera vez desde 2008 y hay encuestas que dicen que puede conseguirlo. Pero las últimas elecciones autonómicas, las convocadas al calor del artículo 155 de la Constitución, en diciembre de 2017, las ganó Ciudadanos, algo inaudito en unos comicios al Parlament.

Embestir sin descartar un pacto

Sánchez no descarta un pacto con Ciudadanos tras las elecciones, para empezar porque lo puede necesitar y porque cree que sin rechazarlo puede atraer a los indecisos que duden entre él y Rivera. Sin embargo, no ahorra en embestidas contra el partido naranja, al que sitúa en una alianza donde el timón será manejado por Santiago Abascal.

Tras llamarlo "acelerado" en el último de los debates electorales, el pasado martes en Atresmedia, Sánchez llamó la atención de las 4.000 personas que, según el PSC, abarrotaban el acto. "Habéis visto que el señor Rivera se mueve mucho, ¿no?", se preguntó con una sonrisa. "Se mueve mucho. Sí, sí. Se mueve mucho", ironizó antes de relatar el supuesto viaje ideológico del líder naranja. En esa frase muchos vieron (y quizás por eso algunos asistentes se rieron) la sugerencia de que Rivera consume algún tipo de sustancia estimulante.

Sánchez se esmeró en atacar al independentismo, reprochando a sus dirigentes que digan en privado que la autodeterminación no es posible al tiempo que la reclaman en público. "Nunca es nunca", dijo el líder socialista, apelando a la épica del "no es no" con el que ganó las primarias internas en el PSOE.

"La frontera entre lo que nos estamos jugando ahora mismo, que es avanzar o retroceder, futuro o pasado, puede ser un voto, puede ser un escaño. Por eso es muy importante no relajarse, no confiarse y votar al PSOE el próximo domingo", dijo el presidente del Gobierno. "A aquellos que están dudando entre Unidas Podemos y el PSOE, entre Ciudadanos y el PSOE, entre la abstención y el PSOE, les decimos que les necesitamos el próximo domingo", clamó. Su mitin concluyó con "Esta España mía", la célebre canción de Cecilia en versión de Kiko Veneno y Rozalén.

Rivera: "Vamos a echarle"

Toda vez que Rivera habla de Sánchez queda patente la ruptura. Desde que Rajoy abandonó La Moncloa, no han mantenido ni una sola reunión. Ambos se culpan, ambos se descalifican. El candidato liberal volvió a definir al presidente del Gobierno como un “peligro público”: “Echarle es una emergencia nacional”.

Rivera habló a pocos metros del lugar donde se crió. Volvía a las plazas que alumbraron Ciutadans, aquella plataforma cívica que, tornada partido, ganó las elecciones en Cataluña. Entre el público, le escuchaba su padre. En esos orígenes, que él describe como “la lucha contra el nacionalismo”, reside el abismo que le separa de Sánchez. “Yo no voy ni a la vuelta de la esquina con alguien que pacta con Rufián y con Torra”, se justificó en el debate y volvió a hacerlo este jueves.

En la Rambla de Mar barcelonesa, el presidente de los liberales volvió a explicitar su enfrentamiento con Sánchez. En su discurso, ninguna rendija por la que trasluciera el Pacto del Abrazo que les unió en 2016. “Este domingo, daos el gustazo de echarle”, animó a los presentes.

Inés Arrimadas, que habló justo antes, prologó así las estocadas al socialista que luego lanzaría Rivera: “¿Qué es Sánchez más allá de un hombre con ganas de tener un avión? Es una fachada, no hay nada detrás. Todo él es un fake”.

El candidato naranja, en un tono más brusco que los días precedentes, trazó esta barrera: “Vamos a dejarnos de leches, yo estoy con los buenos, con los que respetan la ley”. Un grupo del que excluyó a Pedro Sánchez. “Huelo a victoria, nos brillan los ojos. Otros tienen miedo y se desinflan”, aseveró.

Rivera ha hecho del juicio al procés uno de los ejes de su campaña. Describe a su adversario en el PSOE como el hombre que lleva “escrito en la frente el indulto”: “Señores Junqueras y Puigdemont, recen para que gane Sánchez. Porque, como ganemos nosotros, cumplirán hasta el último día de sus penas”.

Sánchez, al mismo tiempo, daba su mitin al otro lado de la ciudad. Rivera, gritando y mirando hacia arriba, se dirigió a él. “¿Cómo vamos a darles -a los independentistas- más competencias? ¿Qué les falta? ¿Los jueces? ¿Después de la que han montado y les vamos a entregar más cosas?”.

Rivera concibe al presidente como un hombre carente de ideología, que busca “el poder el poder”: “Ha enchufado a sus amigos. Cuando lleguemos al Gobierno, los cesaremos a todos”. “No suelo equivocarme, el domingo daremos la campanada”, pronosticó Arrimadas.