Marcos Lechet, el activista sordo que lucha por llevar la lengua de signos a las aulas.

Marcos Lechet, el activista sordo que lucha por llevar la lengua de signos a las aulas. Cedida

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Marcos, el activista sordo que quiere llevar la lengua de signos a las aulas: "Ningún niño debe tener menos posibilidades"

Perdió la audición a los cinco años, pasó 18 completamente sordo y comenzó el activismo tras no poder asumir el coste de reparar su implante coclear.

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Marcos Lechet tenía cinco años cuando perdió la audición. Un sarampión y los efectos de un medicamento ototóxico hicieron que dejara de escuchar. Conserva en la memoria lo que era oír, pero después llegó una experiencia completamente distinta. "Recuerdo cómo fui entrando en un mundo de silencio", cuenta.

Pasó los siguientes 18 años completamente sordo. Su infancia y su adolescencia transcurrieron sin la Lengua de Signos Española (LSE) y la lectura labial se convirtió en una de sus principales vías de comunicación, aunque aquella herramienta tenía límites.

El problema es que seguir una conversación mirando los labios no le permitía acceder a todo lo que sucedía en ella. Debido a ello, se perdía palabras, matices y partes de la información, lo que afectaba a sus relaciones con los demás.

La comunicación terminó convirtiéndose en una barrera que atravesaba buena parte de su vida. Y la dificultad no quedaba restringida al ámbito académico. También condicionaba la vida social, la seguridad, la autoestima y la sensación de pertenecer a un grupo.

A los 23 años llegó el implante coclear y su acceso al sonido cambió de forma radical. Gracias a ello, Lechet pudo recuperar una vía de comunicación que hasta entonces había perdido, pero insiste en que ese hecho no hace que deje de ser sordo. Para él es simplemente "una herramienta que permite acceder al sonido", pero sigue siendo una persona sin audición.

Aquella experiencia le permitió comprender que la sordera no puede reducirse a una única realidad. Y es que, como bien dice el refranero español, de todo hay en la viña del Señor. Existen personas que utilizan lengua de signos, otras recurren a audífonos, implantes, lectura labial o diferentes sistemas de apoyo.

Por ese motivo, su reivindicación actual parte de una idea concreta donde las opciones deben estar disponibles para que cada persona pueda decidir cuáles necesita.

Empezar de cero

Su entrada en el activismo llegó a través de una dificultad personal. El implante coclear había cambiado su vida, pero pronto descubrió que disponer de él implicaba también afrontar cables, procesadores, baterías, reparaciones y recambios. En una ocasión se averió una pieza y no podía pagarla.

La situación adquirió una dimensión todavía mayor cuando pensó en su hijo, que entonces era pequeño. "No podía entender lo que me decía". Lechet comenzó a preguntarse cuántas familias con niños implantados podían encontrarse ante la misma dificultad económica y decidió actuar.

Empezó prácticamente solo, con sus propios recursos. Escribió a políticos, pidió reuniones y llevó a las instituciones una realidad que, según explica, apenas estaba presente en el debate público. En 2013 entregó más de 63.000 firmas al Ministerio de Sanidad y la reivindicación llegó al Congreso. La campaña continuó creciendo hasta superar las 170.000 firmas.

Su argumento se concentraba en que facilitar la implantación no resuelve todas las necesidades de una persona si después el mantenimiento del dispositivo queda fuera del alcance económico de algunas familias.

Con el tiempo, Lechet comprobó que una reivindicación puede cambiar de dimensión cuando consigue hacerse visible. También aprendió que el reconocimiento de un problema no equivale a su solución. "Hay una diferencia enorme entre reconocer algo y hacerlo realidad".

La pandemia le colocó ante una nueva barrera. Las mascarillas opacas cubrían la boca de las personas con las que hablaba y dificultaban la lectura labial que seguía utilizando como apoyo para comunicarse.

La respuesta volvió a ser la movilización. Se recogieron más de 100.000 firmas y Lechet mantuvo reuniones con el entonces ministro de Sanidad Salvador Illa y con el ahora exdiputado Alberto Garzón. El proceso contó también con la colaboración del CSIC y terminó contribuyendo a una regulación pionera de las mascarillas transparentes que permitían la lectura labial.

Para Lechet, aquel episodio confirmó algo que ya había aprendido con los implantes. Y es que el trabajo no acaba cuando una reivindicación llega a un ministerio, al Congreso o a un responsable político. "La reunión es solamente el principio". Después es el turno de la parte menos visible, la de conseguir que una decisión termine teniendo efectos concretos.

Un niño con un audífono en la escuela.

Un niño con un audífono en la escuela. iStock

Ahora el objetivo vuelve a estar relacionado con la comunicación, pero esta vez desde la escuela. Su campaña 'Signos que cambian el mundo', impulsada dentro de la plataforma de empoderamiento ciudadano MOVEMENTS, reclama que la Lengua de Signos Española pueda enseñarse en los centros educativos de todo el país.

La LSE fue reconocida oficialmente en España en 2007. Sin embargo, casi dos décadas después, su presencia en el sistema educativo continúa siendo limitada y depende en buena medida del territorio. Castilla-La Mancha ha comenzado recientemente a ofrecerla como asignatura optativa en Bachillerato.

La pregunta que plantea ahora es qué ocurre con los estudiantes que viven en otras comunidades. "Si un alumno está interesado, ¿por qué tiene que depender de dónde viva para poder estudiarla?". Por ese motivo, su propuesta no parte de sustituir unas herramientas por otras, más bien consiste en ampliar las posibilidades disponibles para las personas sordas.

Derecho reconocido

La distancia entre el reconocimiento legal y la aplicación práctica es una de las cuestiones centrales de su nueva campaña. Desde 2007 existe un marco legal para la LSE, pero eso no significa que cualquier alumno pueda encontrarla en su centro como una opción educativa.

Para Lechet, el siguiente paso debería ser extender esa oportunidad al conjunto del territorio nacional. El objetivo que plantea es que un alumno pueda estudiar Lengua de Signos Española independientemente de que viva en Canarias, Castilla-La Mancha, Madrid o cualquier otra comunidad.

Para lograrlo hacen falta profesores, organización y recursos. Y es que la existencia de una posibilidad en la normativa pierde utilidad cuando una persona interesada no dispone de un centro donde pueda ejercerla. La reivindicación, por tanto, se desplaza del reconocimiento formal hacia las condiciones necesarias para convertirlo en una realidad.

También existe una segunda dimensión, ya que Lechet no quiere que la lengua de signos quede vinculada exclusivamente a las personas sordas. Pues, su aprendizaje entre personas oyentes ampliaría las posibilidades de comunicación y reduciría algunas de las barreras que todavía aparecen en la vida cotidiana.

"Cuanta más gente conozca una lengua, más fácil será comunicarnos", defiende.

Tres cambios para empezar

Después de años de activismo, Lechet identifica tres prioridades para las aulas.

La primera es que la Lengua de Signos Española pueda ofrecerse como asignatura optativa en todo el territorio nacional. La segunda pasa por garantizar profesores y recursos para que esa opción exista de manera efectiva. La tercera consiste en incorporar a la idea de inclusión toda la diversidad de necesidades que pueden tener los alumnos sordos.

Ese último punto resulta especialmente importante para su planteamiento, dado que la accesibilidad educativa no se agota en la lengua de signos. También incluye bucles magnéticos, sistemas de apoyo para audífonos e implantes, subtítulos y otras herramientas que permitan seguir una clase en condiciones adecuadas.

Lechet no plantea su campaña desde una oposición entre lengua de signos, audífonos o implantes. Su propia vida le ha llevado a utilizar distintas herramientas y a entender que las necesidades pueden cambiar de una persona a otra. "No se trata de decidir qué sistema es mejor. Se trata de que cada persona pueda tener lo que necesita".

"Yo llevo toda mi vida aprendiendo a superar barreras", resume. Primero fue el silencio de la infancia, después el acceso al sonido y las dificultades para mantener una herramienta que le permitía escuchar, más tarde las mascarillas que impedían leer los labios y ahora la posibilidad de aprender una lengua.