El 27,7% del alumnado cree que contar un caso de bullying a un profesor o familiar puede traerle problemas.

El 27,7% del alumnado cree que contar un caso de bullying a un profesor o familiar puede traerle problemas. Istock

Historias

La IA da pie a una nueva era del acoso escolar: está presente en el 23,5% de los casos mientras el 'ciberbullying' sigue creciendo

Uno de cada cuatro casos se prolonga durante más de un año y la IA ya interviene en el 23,5% de las situaciones de 'ciberbullying'.

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"Puede ser falso el cuerpo que aparece en una pantalla y absolutamente reales la vergüenza, la exposición, el miedo y la pérdida de control sobre la propia identidad". Así explica la psicóloga y presidenta de la Fundación EducAcción Sonia Díez Abad a ENCLAVE una de las principales lecciones que dejó el caso de Almendralejo.

Para quienes no lo recuerden, hace apenas tres años, en 2023, las fotografías de varias menores de la localidad pacense fueron obtenidas de sus perfiles en redes sociales, manipuladas mediante herramientas generativas de inteligencia artificial a fin de crear falsos desnudos y difundidas a través de grupos de WhatsApp.

Como consecuencia de ello, 15 menores terminaron resultando declarados responsables de 20 delitos de pornografía infantil y otros tantos contra la integridad moral.

Díez Abad recuerda aquel episodio como un hecho que obligó a cuestionar una idea "peligrosísima" basada en que "si la imagen es falsa, el daño también lo es".

Desde lo ocurrido, diferentes datos demuestran que el uso de estas herramientas mantiene un fin similar y, además, se han incorporado al acoso entre menores.

La inteligencia artificial aparece ya en el 23,5% de las situaciones de ciberbullying, frente al 14,2% del curso anterior. 9,3 puntos porcentuales más en apenas un año.

Este es uno de los resultados que muestra el VIII informe La opinión de los/as estudiantes, elaborado por Fundación Mutua Madrileña y Fundación ANAR.

El estudio recoge respuestas a partir de 9127 alumnos de 5º y 6º de Primaria y 1º y 2º de ESO, además de 412 profesores participantes en sus talleres de prevención.

La fotografía general también empeora. El 14,1% del alumnado afirma que él o alguno de sus compañeros sufre acoso escolar o ciberbullying, frente al 12,3% registrado el curso anterior.

El aumento se aprecia tanto en el acoso presencial, que pasa del 6,5% al 7,9%, como en el ciberbullying, que sube del 2,2% al 3%. A ello se suma un 3,2% de casos en los que ambas formas de acoso se producen conjuntamente.

Lorenzo Cooklin, director general de Fundación Mutua Madrileña, señala que la cronificación del ciberacoso convive ahora con otro fenómeno centrado en que "en la cuarta parte de los acosos que se producen a través de medios digitales se está utilizando la inteligencia artificial".

Acoso inextinguible

Las formas de acoso evolucionan, pero sus principales autores siguen siendo los mismos. El 66,7% de los estudiantes señala a sus propios compañeros de clase como responsables.

El aspecto físico aparece como motivo más habitual, con un 78,9%, seguido por la cultura, raza o religión (54,9%) y las cosas que hace o dice la víctima (50,3%).

En el acoso presencial predominan los insultos, motes y burlas, presentes en el 86,4% de los casos, seguidos del aislamiento, con un 43,5%. También aumentan con respecto al curso anterior la difusión de rumores, los golpes y patadas y el robo o rotura de objetos.

Donde antes el agredido podía atrincherarse dentro del hogar al acabar las clases, ahora el acoso prosigue hasta en los espacios más seguros. Y es que, como defiende Díez Abad, "hemos roto la frontera del refugio".

El teléfono, un grupo de WhatsApp, un videojuego o hasta una imagen que sigue circulando mientras la víctima duerme permiten que la agresión continúe a pesar de que el acosador y el acosado estén a kilómetros de distancia.

"Lo que es peor, la tecnología puede convertir el daño en espectáculo", advierte la psicóloga. "Ya no se trata solamente de quien agrede y quien lo sufre. Aparece una audiencia que comparte, comenta, se ríe o simplemente mira"

El entorno digital se ha convertido en una extensión de la vida cotidiana de los escolares, donde la difusión de rumores o información falsa se sitúa como la forma de ciberbullying más frecuente en el 71% de los casos.

Le siguen la grabación y publicación de agresiones físicas (59,5%) y los mensajes amenazantes o abusivos (54,2%). WhatsApp (78,4%), TikTok (65,6%) e Instagram (50,4%) son los principales canales señalados por el alumnado.

Un 44,2% señala también la difusión o amenaza de publicación de contenido sexual. El riesgo da un paso más con la inteligencia artificial. De hecho, en los casos donde se utiliza, el 60,3% de las víctimas son chicas.

'Fabricar' el acoso

A juicio de Sonia Díez, España está entrando en "una etapa diferente" del acoso escolar, no porque la tecnología haya inventado "una nueva crueldad humana", sino por la facilidad en ejercer estas herramientas.

"Lo nuevo es la capacidad y las formas de perversión en aplicación de la misma", asegura.

Hace un par de años poder manipular de forma convincente fotografías, audio o la voz de otra persona exigía mayores conocimientos técnicos y, aun teniéndolos, se necesitaba tiempo y los medios necesarios.

Hoy basta con un teléfono móvil y en cuestión de minutos es posible generar un video alterado mediante inteligencia artificial a partir de un simple prompt. Explica cómo un adolescente puede "crear, manipular, publicar o distribuir contenidos cada vez más verosímiles con un esfuerzo mínimo".

Entre las situaciones de ciberbullying en las que interviene IA, el 79,5% utiliza fotografías de compañeros con el propósito de generar videos falsos y el 57,5% manipula su vídeo o voz. La suplantación de identidad aparece en otro 47,9%.

A estas prácticas se suman stickers, memes, imágenes falsas, avatares destinados a ocultar la identidad del agresor y herramientas que permiten "desnudar con IA" una fotografía.

Y casi la mitad de los encuestados, el 48,2%, no sabe o no contesta cuando se pregunta si la inteligencia artificial intervino en el caso que conoce.

En opinión de Benjamín Ballesteros, director técnico y portavoz de Fundación ANAR, es "esencial formar adecuadamente a los menores de edad en el uso adecuado de la Inteligencia Artificial, ayudándoles a identificar los peligros de incurrir en actividades delictivas".

Pero los falsos desnudos son solo una parte del problema. "Me preocuparía que nos quedáramos mirando solamente ahí", advierte la psicóloga, que resume esta evolución con cuatro variables: "escala, velocidad, credibilidad y desafección".

Incorpora además una quinta variable, centrada en "el indicio de falsas atribuciones o la dificultad para distinguir qué ocurrió realmente", especialmente cuando la IA permite multiplicar mensajes, perfiles e imágenes falsas capaces de aislar, ridiculizar o dañar la reputación de una persona.

Porque, como concluye Díez, "que algo sea técnicamente posible no significa que sea humanamente aceptable".