Uno de cada seis niños en África y Asia ha sufrido agresiones sexuales al menos una vez en su vida.

Uno de cada seis niños en África y Asia ha sufrido agresiones sexuales al menos una vez en su vida. iStock

Historias

El infierno de los abusos sexuales 'online' en África y Asia: 10M de niños y adolescentes los sufren cada año

El 51% de las víctimas no denuncia las agresiones porque no saben a dónde acudir o porque sienten vergüenza de lo sucedido.

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Uno de cada seis niños y adolescentes en África y el sudeste asiático ha sido víctima de, al menos, una forma de explotación y abuso sexual online. Estas prácticas incluyen, entre otras, recibir imágenes sexuales no deseadas, ser presionados para tener conversaciones de índole sexual, que se compartieran imágenes privadas sin consentimiento o ser extorsionados en línea.

Así lo muestra un estudio publicado este miércoles en la revista Nature. Si se extrapolan los datos a las poblaciones nacionales, se estima que afecta a 10 millones de niños al año.

La cifra debe hacer pensar a los progenitores que, al igual que advierten de los peligros que puede haber en la calle cuando su adolescente comienza a salir de fiesta, también se debe advertir de los peligros del mundo virtual, sostiene Nereida Bueno, profesora titular de Psicología y Criminología en la Universidad Pontificia Comillas.

"Un mundo que, además, forma parte diaria central de su actividad y cómo afrontarlo", ha avisado en declaraciones a Science Media Center (SMC) España. La investigación es una de las primeras en el mundo sobre cómo mejorar la prevención de la agresión sexual infantil representativo y guiado por datos, asegura.

Para este trabajo, los autores analizaron datos de encuestas autoinformadas representativas a nivel nacional de 11.912 menores de entre 12 y 17 años de edad en una docena de países del este y sur de África y el sudeste asiático entre 2020 y 2021.

Los datos se recopilaron en el marco del proyecto Disrupting Harm, una iniciativa de investigación a gran escala sobre el abuso sexual infantil facilitado por la tecnología.

Los países con mayor porcentaje de víctimas fueron Filipinas (con el 27,1% de todos los niños), Uganda (con un 15,6%) y Mozambique (25,9%). En el otro extremo de la tabla se encuentran Etiopía (el 4,6% de todos los niños del país fue víctima de estas agresiones), Vietnam (4,9%) y Tanzania (5,2%).

En países con conectividad limitada como Etiopía y Uganda, las bajas tasas de abuso infantil general son engañosas. Los expertos Xiangming Fang y Greta M. Massetti de la Universidad Estatal de Georgia, señalan en un análisis para Nature que la vulnerabilidad se concentra severamente en la minoría de menores que sí logra conectarse.

Los investigadores alertan que el riesgo se multiplicará exponencialmente durante la próxima década. A medida que el acceso tecnológico se expanda rápidamente por estas regiones de África y Asia, combinado con un continuo crecimiento demográfico, la carga absoluta de la explotación sexual digital alcanzará dimensiones críticas si no se implementan medidas preventivas urgentes.

Barreras para denunciar

En las encuestas, los investigadores también descubrieron que el 51% de las víctimas no habían denunciado los incidentes, más de la mitad. La tendencia entre quienes lo hicieron fue contarlo a amigos y familiares, en lugar de usar canales formales como la policía o las líneas de ayuda. Solo unos pocos emplearon esta última opción.

La barrera más frecuente detectada por este equipo fue no saber adónde acudir ni a quién contárselo. "Esto nos indica que el hecho de que un canal de ayuda exista no significa que la población lo conozca o lo use", opina Bueno a través de SMC España.

La segunda traba más común que encontraron las víctimas fue sentir vergüenza, pudor o que sería demasiado difícil emocionalmente hablar del tema.

"En conjunto, estos hallazgos señalan obstáculos estructurales y emocionales que impiden que los niños busquen ayuda", afirman Fang y Massetti en Nature.

Los niños mayores eran menos propensos a revelar la información, mientras que contar con factores de apoyo, como una comunicación familiar abierta y sin prejuicios, redujo los sentimientos de vergüenza o incomodidad. Hecho que facilitó que los menores hablaran sobre estas agresiones.

Asimismo, también se ha visto que era más probable que lo contaran aquellos que habían contado con el apoyo de sus padres en su vida digital.

Fang y Massetti señalan en su análisis que la denuncia suele ser el primer paso para detener el abuso y acceder a apoyo. "Cuando los niños no pueden hablar, las oportunidades de intervención son limitadas".

Los resultados ponen de relieve la necesidad de realizar investigaciones futuras que sean culturalmente específicas y que examinen cómo los niños revelan los abusos a través de las plataformas digitales y cómo responden las empresas, para comprender mejor y apoyar la búsqueda de ayuda en los entornos en línea

Garazi Álvarez-Guerrero, profesora ayudante doctora del departamento de Didáctica y Organización Escolar de la facultad de Educación y Deporte de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) apunta que estos datos demuestran que no hay el suficiente conocimiento de que suceda la violencia sexual digital contra menores.

Romper el silencio, continúa, es un paso que muy pocas víctimas se atreven a dar porque saben que existe una violencia aisladora que les revictimizará y que irá en contra de las personas que más les apoyan. "Es imprescindible respetar sus voces y que no se actúe nunca en contra de su voluntad".