El Mediterráneo como un laboratorio para el desarrollo de i+d+i.

El Mediterráneo como un laboratorio para el desarrollo de i+d+i. Cedida

Historias

Oasis Azul, el proyecto que convierte a los pescadores en "oceanógrafos de oportunidad": sabrán dónde y cuándo pescar

La iniciativa introduce materiales biodegradables y tecnología satelital para reducir la contaminación, mejorar la rentabilidad y generar datos científicos.

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Mariana Goya
Publicada

Demostrar que la pesca puede ser rentable, sostenible y viable en el largo plazo si incorpora tecnología, elimina materiales contaminantes y se apoya en datos científicos en tiempo real. Ese es el objetivo de Oasis Azul, el proyecto que plantea pasar de un modelo basado en la intuición y la presión económica a otro "de precisión".

La iniciativa, impulsada por la organización Alnitak junto a pescadores de llampuga en Baleares, nace como respuesta a una pesca artesanal que lleva años perdiendo margen económico en un contexto marcado por el aumento de costes y la pérdida de poder en los mercados frente a grandes operadores.

Y es que, a pesar de ofrecer un producto de proximidad y de alta calidad, los pescadores venden cada vez peor y trabajan más. Una "doble pinza" que, tal y como explica Lluís Ballell, portavoz de Oasis Azul, se ha convertido en algo "absolutamente insostenible" capaz de "ahogar a cualquier sector".

El diagnóstico de la organización lleva a pensar que el sector está atrapado en un círculo vicioso. Por un lado, la baja rentabilidad obliga a reducir costes, lo que a menudo implica el uso de materiales baratos y contaminantes. Pero, al mismo tiempo, esta decisión degrada el ecosistema marino y compromete el futuro de la propia actividad.

Se trata, como resume Ballell, de un "círculo vicioso de precariedad"; aunque esta no es una cuestión que pille por sorpresa. Los pescadores de la región llevaban tiempo trasladando su preocupación sobre la falta de futuro del sector.

"Queremos que nuestros hijos sigan pescando y puedan vivir como lo hemos hecho nosotros", repiten. Pues, el escenario que describen actualmente está marcado por la incertidumbre, con pérdidas constantes de aparejos tras temporales, jornadas largas sin garantías de captura y una presión creciente para cumplir normativas sin recursos suficientes.

A esto, además, se suma la pérdida de los aparejos, ya que cada cabo o estructura que desaparece en el mar se convierte en lo que se conoce como pesca fantasma, una trampa que sigue capturando fauna durante años.

Sostenibilidad "a medias"

La pesca de la llampuga, tradicional en Baleares, está considerada una de las más selectivas del Mediterráneo. Se basa en los llamados capcers, es decir, dispositivos flotantes que generan sombra y atraen a los peces sin necesidad de redes ni anzuelos.

A primera vista podría parecer una técnica sostenible. Sin embargo, Oasis Azul asegura que ese carácter respetuoso con el medioambiente es "incompleto". "No podíamos calificar como tal a un sistema que vierte toneladas de polipropileno al mar año tras año", afirma Ballell.

En este caso, el problema no estaba en el método de captura, sino en los materiales y en la falta de control sobre los dispositivos. Pues, cuando se pierden, estos capcers se convierten en residuos marinos peligrosos, afectando especialmente a tortugas y otras especies.

Tortugas oceanógrafas del proyecto Oasis.

Tortugas "oceanógrafas" del proyecto Oasis. Cedida

En ese sentido, Oasis Azul combina dos elementos para encontrar una solución a este reto. Por un lado, materiales biodegradables y, por otro, tecnología satelital. De esta forma, los nuevos capcers se diseñan para no dejar residuos, mientras que incorporan sensores que permiten conocer su ubicación y lo que ocurre bajo ellos.

El cambio es claro: el pescador ya no navega a ciegas. Y es que, gracias a estos sistemas, puede saber si hay pescado antes de movilizarse, lo que reduce desplazamientos innecesarios, consumo de combustible y emisiones. En concreto, según el proyecto, el ahorro puede situarse entre el 20% y el 50%.

Pero el impacto no es solo económico. Al mismo tiempo, estos dispositivos recogen datos sobre temperatura, salinidad o presencia de especies, convirtiéndose en plataformas científicas en tiempo casi real. De ahí que Ballell afirme que están "transformando a los pescadores en oceanógrafos de oportunidad".

Del instinto al dato

El reto, sin embargo, no ha sido únicamente tecnológico. La mayor dificultad ha estado en cambiar la forma de trabajar. Pues, como reconoce el portavoz de Oasis Azul, mover la mentalidad de la pesca por instinto a la pesca con datos "requiere confianza".

Por ese motivo, el proyecto ha optado por un modelo de codiseño en el que los pescadores participan activamente en el desarrollo de las herramientas, de forma que no son usuarios finales, sino parte del proceso. Y es que el objetivo del proyecto es redefinir la relación entre economía y medioambiente en el contexto marino.

"Pasaremos de ver el mar como una despensa que se explota a ciegas a entenderlo como un sistema complejo que requiere gestión de precisión", señala Ballell. Y eso es precisamente lo que ha premiado la Fundación Occident en su primera Convocatoria EcoSocial Jesús Serra.

Esta iniciativa selecciona dos proyectos con impacto social y medioambiental y les proporciona financiación durante tres años —hasta 150.000 euros— junto con acompañamiento técnico. Un hecho que, como afirma Ballell, ha permitido, en el caso de Oasis Azul, "profesionalizar el salto de proyecto piloto a modelo de mercado".