Santos en el piso de acogida de Hogar Sí.

Santos en el piso de acogida de Hogar Sí. Hogar Sí.

Historias

El programa de Hogar Sí para dar un techo a los enfermos que viven en la calle: "El derecho a la salud está por encima de todo"

La ONG ha apoyado a más de 780 personas desde que arrancó este programa en 2012, de ellas un 43% han conseguido una salida autónoma.

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El hogar es el sitio fundamental para recuperarse cuando sobreviene un problema de salud. Ante un tratamiento largo o agresivo, una cirugía o cualquier otra complicación, necesitamos un lugar seguro, donde sentirnos cómodos y protegidos, que nos permita centrarnos únicamente en lo importante: la recuperación.

A pesar de ello, en España cada vez hay más gente que no cuenta con este recurso. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 ya había en el país 33.758 personas en situación de calle.

Para combatir datos como este y, sobre todo, garantizar que puedan vivir dignamente su proceso de enfermedad, la ONG Hogar Sí cuenta con su programa ‘Viviendas para recuperar la salud’.

Un proyecto que aloja a enfermos que viven en la calle durante su convalecencia por patologías largas, como el cáncer; por una cirugía o mientras reciben cuidados paliativos.

Uno de estos beneficiados es Santos (42 años, Guinea Ecuatorial). Migró a España hace solo un año –a Alicante– para buscar las oportunidades que no tenía en su tierra. Allí dejó a su mujer y sus dos hijos.

Sin embargo, al poco tiempo, tuvo que dejar de centrarse en buscar ese nuevo camino para poner toda su energía en otro asunto más urgente e importante: su salud.

Cuando solo llevaba unos meses en España, le detectaron un cáncer de estómago. Entonces, vivía de alquiler en un piso compartido, pero le echaron poco tiempo después del diagnóstico. Como no podía trabajar por la enfermedad, no tenía dinero para pagarlo.

Se vio en la calle y fue entonces cuando recurrió a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) y al Ayuntamiento de Alicante. La AECC ya le había ayudado pagándole dos meses de alquiler, pero no disponían de alojamiento para él. El consistorio sí que le consiguió habitación en una casa de acogida.

Sin embargo, los servicios municipales le advirtieron desde el principio que solo podía ser algo temporal, sobre todo por las necesidades de su enfermedad. "Entonces necesitaba descansar mucho porque me dolía el vientre", cuenta Santos.

Por las normas de este alojamiento, durante el día no podía permanecer en la habitación, solo podía estar en las zonas comunes o salir a la calle, por lo que no podía descansar adecuadamente si se encontraba mal o tenía dolor.

Fue la AECC la que contactó con Hogar Sí para conseguirle una plaza en uno de los pisos que tienen en la ciudad de Murcia como parte del programa ‘Viviendas para recuperar la salud’. "Me acogieron con mucho cariño y pude empezar con el tratamiento".

Cuando se trasladó, ya tenía todo listo. Su habitación, pero también sus citas con un médico de cabecera para comenzar con el proceso en esta comunidad autónoma. Ahora vive en un piso compartido con 11 compañeros más.

Santos reconoce que a veces es difícil de encajar convivir con tanta gente. Sobre todo, porque confluyen distintas culturas y costumbres, por lo que hay que adaptarse a los demás. Aun así, asegura que hay un buen ambiente en la casa: "La gente está bien, charlamos y bromeamos".

Presentes en tres ciudades

Roxana Bettoni, directora de las soluciones de vivienda y salud en HOGAR SÍ, cuenta que no solo cuentan con viviendas en Murcia, en esta ciudad tienen dos alojamientos, con 15 plazas cada uno. También cuentan con un piso en Córdoba con 11 plazas y en Madrid tienen capacidad para alojar a 70 personas. Estas últimas viviendas son posibles gracias a un servicio que licita la Comunidad de Madrid.

Aun así, lamenta, "la demanda supera con creces la disponibilidad de huecos". Por eso, deben establecer una serie de criterios para decidir a qué usuarios acoger.

Este programa atiende a personas en situación de sinhogarismo con algún problema de salud. Puede ser una enfermedad crónica de nuevo diagnóstico o desestabilizada o una convalecencia con alta hospitalaria, pero sin alta médica. También hay usuarios con una patología terminal que necesitan recibir cuidados paliativos.

No hay ningún tipo de restricción si la persona tiene además otras problemáticas como salud mental, adicciones, discapacidad, etc., agrega Bettoni. "El derecho a la salud está por encima de cualquier circunstancia personal". El único impedimento para acceder a estas viviendas es que esa persona tenga alguna enfermedad infectocontagiosa en fase activa.

Como la demanda es tan grande y las plazas son limitadas, aplican una baremación que les permite identificar a las personas con mayores necesidades de apoyo sanitario y social para priorizar esos ingresos, agrega la portavoz de Hogar Sí.

Lo mismo ocurre con el tipo de habitación. Pueden ser dobles o individuales y la ONG valora su asignación según la situación de cada persona que llega. Se opta por habitación individual en situaciones que requieren mayor privacidad, estabilidad emocional o un entorno más controlado. Por ejemplo, en momentos de final de vida, desgrana Bettoni.

Las viviendas cuentan con una serie de normas preestablecidas para "garantizar un ambiente seguro, respetuoso y adecuado para el proceso de recuperación", expone.

Estas reglas incluyen aspectos básicos como el respeto entre las personas que conviven y el equipo profesional, el cuidado de los espacios comunes y privados, la higiene personal, la adecuada gestión de visitas y el uso responsable del mobiliario. También se regulan aspectos como el manejo de la medicación y la participación en las tareas domésticas.

Esto último se lo regulan entre ellos, explican desde la ONG, pero la flexibilidad está muy presente. Si uno de los usuarios no puede hacer la comida o la compra porque se encuentra mal, los propios trabajadores intentan que sean los convivientes los que se pongan de acuerdo para suplir ese puesto.

No solo ofrecen un techo

Los usuarios suelen estar una media de nueve meses, pero no tienen una duración máxima preestablecida para las estancias. "Cada proceso es único y requiere del tiempo necesario".

Santos, de momento, lleva cuatro meses en la vivienda de Hogar Sí, pero no sabe cuándo se marchará porque tampoco sabe cuánto le queda de tratamiento. El cáncer que sufre es muy difícil de curar y el plan de sus médicos es frenar su avance para que él viva sin molestias.

El programa no solo busca el alta médica si no una mejora integral sociosanitaria que permita una recuperación real y sostenible, cuenta Bettoni. Para ello, cuentan con un equipo profesional, compuesto por enfermera, trabajador social, psicólogo, terapeuta ocupacional, técnicos de intervención social y auxiliares sociosanitarios.

El objetivo es que no vuelvan a la calle cuando superen el proceso de enfermedad, dice la portavoz de Hogar Sí. "La recuperación de la salud es inseparable de la estabilidad residencial". Por eso, trabajan desde el primer día en conseguir una alternativa habitacional "segura y sostenible para cada persona".

La ONG puso en marcha este programa en 2012 y desde entonces han apoyado a más de 780 personas, de ellas un 43% han conseguido una salida autónoma, asegura Bettoni.

De momento, Santos no tiene plan B para cuando llegue ese momento. Su patología y la falta de documentación en regla le han dificultado eso, pero está buscando la solución para lograr un empleo digno que le permita pagar una vivienda.

Antes del diagnóstico trabajaba en la obra, sin contrato, los días que le llamaban. En su país era administrativo, pero sin papeles no puede siquiera intentar dedicarse a ello.

Para él está siendo difícil vivir toda esta situación solo, sin poder ver ni abrazar a su familia, pero asegura que, desde Guinea Ecuatorial, cuenta con todo su apoyo.

Otra de sus metas es conseguir regularizar su situación para poder pedir la reagrupación familiar y que su mujer y sus hijos vengan a España con él. No obstante, tiene clara su prioridad en estos momentos: "Me concentro mucho en mi salud".

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