Isabel Ceballos en una imagen de archivo.

Isabel Ceballos en una imagen de archivo. Cedida

Historias

La historia de Isabel y la violencia económica que controla el bolsillo de miles de mujeres: "Nunca había dinero"

Este tipo de abuso machista afecta a casi el 12% de mujeres en España, la mayoría migrantes y en situación de precariedad.

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Isabel Ceballos (Cali (Colombia), 60 años) ha pasado la mitad de su vida cohibida por la falta de ahorros. Era lo que le decía su ahora exmarido cada vez que ella sugería algún gasto que no tuviera que ver con el hogar o con la crianza de sus hijos. "Nunca había dinero".

Pasó décadas sosteniendo sola su casa, aunque ambos tenían sus propios negocios. Él siempre ponía excusas para no aportar ni un peso. Por ejemplo, que necesitaba comprar maquinaria o un coche nuevo para su empresa.

Además, la chantajeaba diciéndole que si hacía el gasto que proponía, sus hijos no tendrían para comer o no podrían hacer alguna actividad.

Entonces, ella no le cuestionaba. De hecho, lo veía normal: "Me argumentaba de una forma tan lógica que poco a poco lo fui aceptando". Ella en aquel momento no lo sabía, pero estaba siendo víctima de violencia económica.

Este problema afecta a casi el 12% de las mujeres en España. No obstante, cuando se incluye el impago de pensiones alimenticias como forma explícita de violencia, la cifra asciende al 13,5%, cuentan desde la Fundación Nantik Lum. La organización trabaja para reducir la exclusión social, financiera y laboral.

Quienes padecen violencia económica pierden la autonomía financiera, lo que genera dependencia y control sobre su vida, explica Lucía Medina, directora de la Fundación Nantik Lum. "No se trata solo de dinero, sino de poder".

La historia de Ceballos comienza hace más de 40 años. Se casó cuando tenía 17 años y, desde entonces, su marido comenzó a controlar todo su dinero. Ella creía que lo recuperaría al cumplir la mayoría de edad, pero no fue así.

Tenía su propio negocio de estética, gracias al cual mantuvo a su familia durante 23 años. Ella pagaba las facturas y llenaba la nevera y él le preguntaba cuánto había ganado cada vez que trabajaba con una clienta para poder controlar sus gastos y calcular cuánto podría invertir en el hogar.

La situación se mantuvo exactamente igual, incluso años después, cuando su marido consiguió un puesto importante dentro de la política colombiana.

Ahí la situación, incluso, empeoró para Ceballos. A él le avergonzaba que su mujer trabajara como esteticista e hizo que lo dejara, por lo que dependía únicamente del dinero que él le diera.

Durante ese tiempo, se había mudado a Bogotá (Colombia) y, los fines de semana que él viajaba, Ceballos solo disponía del dinero que él le dejaba (unos 10 euros) para ella y para sus hijos.

Sin embargo, esta situación no duró mucho. Dos años después, él se había endeudado tanto para lograr la posición en la que estaba, que Ceballos tuvo que volver a trabajar, no solo para mantener a su familia, sino para ir pagando sus deudas. "Me dijo que debía 4 millones de pesos [colombianos] (unos 100.000 euros) y casi colapsé".

Tuvo que hacerlo, además, a escondidas. En lugar de recuperar su cabina de estética trabajaba a domicilio y lo compaginaba con otro empleo como docente de esta disciplina. "Él iba en coche blindado y yo tenía que moverme en autobús", lamenta.

Además, se enteró de que, mientras le decía que no tenía dinero para aportar a la familia, sí que le pagaba la comida a sus empleados. "Había para los escoltas, pero para nosotros no", destaca.

Secuelas

Medina, de Nantik Lum, explica que las víctimas acaban sufriendo aislamiento, volviéndose inseguras y experimentan dificultades para tomar decisiones. A largo plazo, muchas mujeres quedan atrapadas en un ciclo de pobreza y deciden no denunciar por miedo a perder recursos y estabilidad, agrega la experta.

El estrés constante, la inseguridad y la pérdida de confianza afectan la salud mental de las mujeres, apunta Medina. Muchas sufren de ansiedad, depresión y baja autoestima, debido a la sensación de estar atrapadas en una relación de control.

Además, el aislamiento social y la incapacidad de elegir libremente refuerzan el ciclo de abuso, dejando secuelas que pueden durar mucho tiempo después de que la relación termine, agrega la directora de la Fundación Nantik Lum.

Ceballos, además de estas consecuencias, también fue víctima de violencia psicológica. Su ahora exmarido le hacía luz de gas (el maltratador hace que la víctima dude de sí misma) y, cada vez que ella le encaraba, le decía que estaba loca. "Me decía que me tomara una pastilla [ansiolítico] y me controlara".

Mujeres migrantes

Por otro lado, quienes más sufren violencia económica en España son mujeres migrantes y con bajos recursos. "Enfrentan factores de dependencia económica y precariedad laboral, lo que hace más difícil salir de una situación de control económico", apunta la experta.

No obstante, no solo la padecen ellas e, incluso, pueden ser víctimas de ella mujeres con puestos importantes a nivel laboral y grandes ingresos, recuerda.

Este tipo de violencia suele estar normalizado y muchas veces es invisible para las víctimas y los profesionales, lo que dificulta su identificación y abordaje, cuenta Medina. Es lo que le ocurrió a Ceballos: tardó cuarenta años en ponerle nombre a lo que le ocurría y lo hizo casi dos décadas después de divorciarse.

Lo descubrió hace un año y medio, en una sesión de terapia. Mientras hablaba con su psicóloga sobre lo que había sufrido, fue ella la que le indicó que había sido víctima de violencia económica. Todavía sigue recuperándose de las secuelas.

Ahora vive en España. Llegó hace tres años procedente de Panamá, a donde se mudó varios años después de su separación. Le ha costado reorganizar sus finanzas, pero ha logrado reconstruir su vida libre del control de su exmarido.

Trabaja como esteticista a domicilio y ha vuelto a dar clases de forma telemática. Incluso, está desarrollando una aplicación para poder impartir docencia a alumnas en Boston (Estados Unidos). "Ahora solo pienso en mí", celebra.

Su caso no es único y las víctimas pueden salir de esa violencia, recuerda Medina. Lo principal es que busquen apoyo en profesionales que puedan acompañarlas en su proceso. También recomienda que fortalezcan su autonomía financiera. "Aprender sobre su situación económica, sus derechos y cómo gestionar sus recursos es clave para recuperar el control".

La directora de Nantik Lum destaca que lo más importante es atreverse a dar ese primer paso hacia la independencia económica: "Es posible, y hay recursos y personas dispuestas a ayudar".