Bombero forestal de Castilla-La Mancha trabajando en la extinción de un incendio.

Bombero forestal de Castilla-La Mancha trabajando en la extinción de un incendio. Infocam

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Los bomberos forestales coinciden: "Los incendios son más virulentos; será un verano difícil en Castilla-La Mancha"

El dispositivo arranca la campaña con el monte más cargado tras una primavera muy húmeda y con una activación progresiva de medios, según explican los especialistas en extinción.

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"Cada vez somos menos personas y los incendios se han vuelto más virulentos". Así resume Manuel Amores, bombero forestal y delegado de Comisiones Obreras en GEACAM, la inquietud con la que los bomberos forestales encaran una campaña especialmente "caliente" que llega marcada por el crecimiento de la vegetación tras una primavera lluviosa y por la amenaza de la primera ola de calor del verano.

En Castilla-La Mancha, ese escenario ya se ha traducido en una sucesión de incendios desde el inicio del periodo de alto riesgo. En distintos puntos de la región, los dispositivos han tenido que intervenir en varios focos que, aunque en muchos casos han quedado en conatos, han obligado a una respuesta rápida en un terreno especialmente sensible por la acumulación de vegetación seca tras meses de lluvias.

Javier Rubio, bombero forestal, describe un inicio de campaña exigente. "Estamos en periodo alto desde el 1 de junio y ya hemos tenido varios incendios. Muchos se quedan en conatos, pero otros se complican rápidamente", explica, insistiendo en que el monte presenta condiciones más inestables que en campañas anteriores.

Esa situación se explica, en parte, por la combinación de una primavera muy húmeda seguida de un ascenso brusco de temperaturas. El resultado es una gran masa de vegetación que, una vez seca, actúa como combustible fácil para el fuego. Sin embargo, los profesionales insisten en que el problema no es solo ambiental.

Incorporación progresiva

Rubio pone el foco en el despliegue del operativo en Castilla-La Mancha. Según denuncia, el dispositivo ha funcionado de manera parcial durante los primeros compases de la campaña. "Hemos estado con alrededor del 40 % del dispositivo activo. La vigilancia fija no entra al 100 % hasta más adelante, y eso es clave porque si detectas un incendio media hora tarde, todo cambia", señala.

La vigilancia en torres y puestos fijos sigue siendo una de las piezas clave en la detección temprana, pero su incorporación progresiva deja franjas del territorio con menor cobertura en los días más delicados del año. Esa activación escalonada es una de las principales críticas del sector.

Fuentes de la Consejería de Desarrollo Sostenible explican que el dispositivo INFOCAM permanece operativo los 365 días del año y que la activación de medios se adapta al Índice de Propagación Potencial de Incendios (IPP), una herramienta que evalúa diariamente el riesgo en cada municipio de la región.

Según estas mismas fuentes, la situación no es homogénea en todo el territorio. Mientras la provincia de Toledo concentra buena parte de los avisos e incendios registrados en lo que va de año, en otras zonas como Cuenca, Guadalajara o Albacete las condiciones de humedad de la vegetación han reducido la susceptibilidad al fuego.

Por ello, sostienen que la movilización de recursos se ajusta a las condiciones concretas de cada comarca. La Junta asegura además que el dispositivo se encuentra actualmente "al 100 % de sus capacidades", tanto en medios terrestres como aéreos, y niega que se hayan producido retrasos o movilizaciones insuficientes en los incendios registrados hasta ahora.

Trabajo de prevención

Respecto a las torres de vigilancia, recuerda que se sitúan principalmente en áreas con gran continuidad forestal y orografías complejas, y que constituyen únicamente uno de los elementos del sistema de detección y extinción.

A ello se suma otro problema estructural: la falta de personal. Manuel Amores, asegura que el sistema arrastra aún los efectos de los recortes de hace más de una década. "Cada vez somos menos personas y los incendios son más complejos. Necesitamos más gente para llegar antes y con más seguridad", afirma.

Cuando el operativo está al cien por cien, Castilla-La Mancha cuenta con alrededor de 2.300 profesionales entre extinción, vigilancia y apoyo técnico, aunque ese despliegue completo solo se mantiene durante unos meses al año.

Amores coincide en el diagnóstico y añade la dificultad añadida de la falta de continuidad en los trabajos de prevención. "En invierno se hacen labores de prevención, pero no todas las que serían necesarias porque falta personal. Hay unos 500 compañeros que no se mantienen durante todo el año", explica, lo que reduce la capacidad de preparación del monte antes del verano.

Las lluvias de la primavera han dejado un paisaje especialmente denso de vegetación que ahora, con el calor, incrementa el riesgo de propagación rápida del fuego. Y mientras Castilla-La Mancha afronta su campaña, el panorama nacional confirma la tendencia al alza.

La Consejería de Desarrollo Sostenible también discrepa de este planteamiento. Según sus datos, más del 90 % de la plantilla de GEACAM tiene carácter fijo y trabaja durante los doce meses del año, desarrollando tanto labores de prevención como de extinción.

Los trabajadores de refuerzo vinculados a la época de alto riesgo representan entre el 7 % y el 10 % del total del dispositivo y cubren necesidades estacionales, así como sustituciones por bajas, excedencias o permisos.

Incendios de sexta generación

En lo que va de año, España ha registrado más de 39.000 hectáreas quemadas, casi el triple que en el mismo periodo de 2025, junto a un aumento significativo del número de incendios. En distintos puntos del país se han producido ya episodios relevantes en Andalucía, Galicia o Cataluña, con incendios como el de Villanueva de los Castillejos (Huelva), que ha superado las 5.000 hectáreas quemadas.

En este contexto empieza a consolidarse un concepto cada vez más presente en el sector: los incendios de sexta generación o megaincendios. Se trata de fuegos de gran intensidad capaces no solo de propagarse rápidamente, sino de modificar su propio comportamiento, generando columnas de calor que alteran el viento y crean condiciones propias dentro del incendio.

Son eventos que, en muchos casos, superan la capacidad de extinción directa y obligan a estrategias de contención más complejas.

Los profesionales advierten de que este tipo de incendios se ven favorecidos por la acumulación de combustible vegetal, el abandono rural y el aumento de las temperaturas extremas. Y alertan de que el riesgo de que pequeños focos se conviertan en grandes emergencias aumenta cuando el dispositivo no está completamente desplegado.

Rubio lo resume de forma directa desde el terreno: "Si llegamos antes al incendio, lo apagamos antes. El problema es cuando llegamos tarde o sin medios suficientes".

En este contexto, la región ha presentado además el que será el mayor operativo de su historia contra el fuego, con una inversión de 126 millones de euros, cerca de 2.700 profesionales y casi 250 medios desplegados para la campaña de 2026, según anunció tan solo hace unos días el Gobierno autonómico en la base de Alcoba de los Montes.

De ese presupuesto, más de 56 millones de euros se destinan a prevención y alrededor de 69 millones a extinción. La Junta defiende que la gestión forestal sigue siendo una prioridad estratégica y recuerda que en los últimos seis años se han invertido cerca de 600 millones de euros en políticas de prevención y lucha contra incendios.

Además, sostiene que Castilla-La Mancha se mantiene entre las comunidades autónomas que más recursos destinan a trabajos preventivos en relación con su superficie forestal y su población.

El Ejecutivo regional enmarca estas actuaciones dentro de una estrategia más amplia de gestión forestal sostenible, orientada no solo a reducir el riesgo de incendios, sino también a favorecer el empleo y la fijación de población en el medio rural.

Con el monte en condiciones especialmente sensibles y un verano que apenas comienza, los bomberos forestales afrontan una campaña que perciben como larga y especialmente crítica. En Castilla-La Mancha, el dispositivo continúa su despliegue progresivo mientras se registran los primeros incendios del periodo de alto riesgo.