Feria de Albacete.
Al menos, aquí en Albacete durante la Feria. Es tendencia minoritaria, pero este fin de semana vi varios chavales llevando falda manchega por el Paseo hacia el Pincho. La verdad es que no se me había ocurrido, pero recuperando las viejas esencias y el vestuario antiguo de los abuelos, estábamos a poca distancia de los escoceses, que se ponen falda muy monas y frescas. En este caso, la falda manchega para hombre que vi no tenía tanto vuelo como la escocesa, sino que iba más entallada, aunque sin marcar las formas. Me recordaba al Miguel Bosé de los años ochenta, que ya entonces se rompió el mito en España.
Pero no había vuelto a ver de manera significativa algo igual en nuestro país. No es que Carlos de Inglaterra haya venido a la Feria, pero algún imitador sí que le ha salido, aunque insisto, no de manera mayoritaria. Lo cierto es que tanto la jornada del sábado como la del domingo fueron de colorido y explosión jovial de bellas prendas antiguas que los abuelos lucieron y ahora recuperan con esmero y cuidado nuestros jóvenes. Yo me he hecho para esta Feria un chaleco manchego precioso, que me ha bordado Indumentaria Santa Ana.
El año pasado fue el pañuelo a la cabeza y el que viene ya será el traje completo. Pero, sin duda, la recuperación tan hermosa, con esa precisión, elegancia y distinción que hacen los nuevos sastres manchegos de las telas que lucieron nuestros antepasados, es una de las cosas que más maravillan de la Feria. Es un túnel del tiempo natural, sin afectación ni soberbia. Al revés, se resuelve de todo de manera humilde y sencilla, las condiciones propias del manchego. Pero con una maestría, detalle y bordado dignos de la más alta costura española. No es coña. Hay que venir a verlo y apreciarlo a Albacete.
Como la jornada de exaltación del traje manchego del sábado o la ofrenda floral de ayer domingo a la Virgen de los Llanos, en la que participaron treinta mil personas. El Paseo de la Feria se volvió luz, color y exuberancia durante toda la mañana, en una jornada de exaltación folklórica y tradicional muy medida. La fe y la devoción a la Virgen de los Llanos es imparable y hace que su Camarín en la Feria esté lleno siempre de gente que va a tocar o besar el manto. Pese a los cientos, miles de personas que pasan por ahí durante los diez días, jamás ha habido un solo incidente ni una mala palabra. La gente guarda su fila con respeto, silencio y sube de manera educada y ordenada a ver a la Virgencica. Para que luego digan de los católicos. Ni un solo ruido, ni un solo golpe, ni una sola pelea.
Los domingos de Feria para mí tienen el nombre de la familia Delicado. Podría ser el paradigma normal de cualquier familia manchega que se reúne en Feria. Manolo y Carmen abren las puertas de su casa y preparan unos galianos espectaculares. Tiene la señora una mano con la cocina que para sí la quisieran los mejores restaurantes en Feria. Junto a ellos, su hijo Manu que es un apasionado de la música cofrade y al que conocí, igual que al padre, a través de la radio. La impresionante magia, la enorme fuerza que tiene un medio como ese. Y luego, la Tía Trini que vino de Férez con ochenta y cuatro años. Es la representación viva de lo que ha sido esta tierra. Se fue el marido a Holanda para trabajar en las conservas y quedó al cargo de los cuatro hijos, tres niños y una niña. Los sacó adelante ella sola porque además enviudó pronto. Está operada de la cadera y, sin embargo, ahí está, contendiendo también con los nietos cuando es necesario. Tiene una fuerza sobrenatural, habla por los codos, la memoria que posee es fastuosa y nos recuerda el origen chiquito y humilde de esta tierra. Por eso, más grande es su trono.
Somos pobres, pero no tontos. Y si nuestros padres y abuelos fueron capaces de sacarnos y traernos hasta acá, habríamos de ser capaces de devolverles todo el cariño, amor y esfuerzo que ellos hicieron por nosotros. De ahí que sea tan importante la lucha por esta tierra, sin que se quede atrás en nada. Venimos de la nada y la carestía más absolutas como para olvidarlo. Por eso, a los vendedores de motos, los manchegos los distinguimos a la legua.
Entramos ya en la segunda semana de Feria y la recta final. No por ello disminuyen los actos ni se vacían las agendas. Al revés, se exprimen hasta el final. Hoy vendrá Feijoo, en lo que es ya su tradicional visita a la Feria de Albacete. Ceuta está presente desde el primer día y el grito y rugido que cada tarde se siente en los toros cuando la banda ataca el himno de España tras el paseíllo, son formidables. Y es que en la Feria, lo dije el primer día, está la Nación que sube y baja por el Paseo, se viene hacia el tendido y se manifiesta. Puede parecer dormida, pero jamás desaparece y despierta en ocasiones oportunas. Quizá de eso no sea consciente nuestra joven clase dirigente y aprendiz de brujo, pero le puede estallar en las manos en cualquier momento.