Nunca pensé que fuera a hablarles de física en esta columna. De todas las disciplinas científico-tecnológicas a las que tímidamente me he ido acercando, siempre ha sido la que menos me ha interesado. Creo que me traumatizó el plano inclinado, allá por primero o segundo de BUP, y ni siquiera mis tres físicos de referencia han conseguido atraerme hacia este lado tan oscuro.

La cosa cambió hace unas semanas cuando conocí a Adrián García, alter ego de @elfisicobarbudo, un joven investigador mallorquín que no concibe la ciencia sin comunicarla, tanto profesionalmente como, a título particular, en sus redes.

Adrián estuvo en Toledo para hablarnos de sistemas complejos, esto es, conjuntos de múltiples elementos que interactúan entre sí. El cerebro o los atascos son sistemas complejos con características como la emergencia (una neurona no explica la consciencia, sino la interacción entre millones de neuronas que transmiten impulsos eléctricos) o la no linealidad (un pequeño frenazo no causa una cola minúscula, sino un embotellamiento kilométrico).

La ciencia de la complejidad ha captado el interés de las personas que se dedican a la física a partir de retos de vanguardia como las pandemias o la emergencia climática. Aplicando herramientas y métodos propios de esta disciplina, como el modelado y la simulación, estudian el funcionamiento de estos sistemas de altísima complejidad, en los que el comportamiento global depende de la interacción de las partes, para facilitar la toma de decisiones con el respaldo de la ciencia.

Adrián recurrió a palabras y conceptos como "caminos del deseo" o "círculos de hadas". Y para explicarnos la complejidad del mundo habló de colonias de hormigas, conciertos de heavy metal, desiertos africanos y praderas marinas.

Entré, como las recurrentes huellas que dibujan senderos sobre el césped, en un bucle de retroalimentación positiva: su discurso era apetecible y contenía numerosas evocaciones a la cultura pop que lo hacían aún más apetecible.

En pocos minutos, mostró sus artículos científicos favoritos, compartió su lista en Spotify, defendió la investigación básica y animó a quienes están iniciando su formación a mezclar pasiones para ser mejores profesionales.

También defendió una ciencia interdisciplinar, sin miedos ni prejuicios, necesaria para afrontar problemas cada vez más difíciles, complicados y complejos.

Quizás haya otra física y hay, desde luego, otras formas de aproximación.

Corren malos tiempos, sí, pero no especialmente para la lírica.