Fachada del Ayuntamiento de La Villa de Don Fadrique.
La pequeña Rusia manchega que gobierna el PP: de la revuelta de 1932 a ser el único pueblo que celebra el 1 de mayo
La revuelta campesina que sacudió La Villa de Don Fadrique inspira la manifestación sindical del Día del Trabajo en un pueblo de 3.500 vecinos.
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La pequeña Rusia que ahora gobierna el PP; la huelga de julio de 1932 que cada 1 de mayo resuena en la Mancha toledana
La manifestación por el Día del Trabajo recorrerá este viernes las calles de La Villa de Don Fadrique, un pequeño pueblo de la Mancha toledana. Aunque el municipio cuenta con poco más de 3.500 habitantes, la celebración del Primero de Mayo pervive como un hito de la idiosincrasia local.
Como cada 1 de mayo desde la restauración democrática, centenares de vecinos se sumarán a la marcha convocada por los dos sindicatos mayoritarios y respaldada por diferentes organizaciones y formaciones políticas. En la provincia, solo las ciudades de Toledo y Talavera de la Reina acogen este tipo de concentraciones.
El pasado lunes, el responsable de CCOO en la provincia de Toledo, Federico Pérez, aludió a la "histórica manifestación de La Villa de Don Fadrique", un acontecimiento que se recuperó tras el final del franquismo y que hunde sus raíces en el primer tercio del siglo XX.
Los conocidos como sucesos de La Villa de Don Fadrique, una revuelta campesina que sacudió la localidad en el verano de 1932, se adivinan como el origen de la prevalencia del movimiento obrero en esta localidad suroccidental de la provincia.
No obstante, la innegable fuerza electoral de la izquierda ha menguado en los años más recientes: en las últimas elecciones municipales, celebradas en mayo de 2023, el PP se hizo con la mayoría absoluta y fue respaldado por casi el 54 % de los sufragios emitidos.
Entre 1979 y 2003, el Partido Comunista e Izquierda Unida gobernaron La Villa de Don Fadrique de forma ininterrumpida. Las dos legislaturas posteriores, el PSOE capitalizó el Ejecutivo municipal.
En 2011, el PP alcanzó el poder. Desde aquellos comicios y hasta los de 2019, Jaime Santos fue alcalde del municipio. Aunque la suma de PSOE e IU permitía una mayoría alternativa, las dos formaciones de izquierda no se pusieron de acuerdo y facilitaron la llegada del centroderecha a la alcaldía.
El propio Santos retomó el bastón de mando hace tres años. Lo hizo con la primera mayoría absoluta de su partido en este municipio manchego: los populares se llevaron seis de los 11 escaños en liza.
Aunque el cambio de color en el Ayuntamiento fadriqueño apunta a un paulatino fortalecimiento de la derecha frente a las opciones ideológicas opuestas, el conjunto de la comarca mantiene un notable apoyo a la izquierda. En la vecina localidad de La Puebla de Almoradiel, IU permanece como primera fuerza y retiene —con Alberto Tostado al frente— la alcaldía.
La huelga de julio de 1932
Luis Cicuéndez, regidor de La Villa de Don Fadrique, se convirtió en uno de los primeros alcaldes comunistas de España tras la proclamación de la II República.
Más allá de la voluntad popular expresada en las urnas, la estructura socioeconómica del municipio impulsaba un espíritu reivindicativo. La propiedad de la tierra, principal sustento de los vecinos, se concentraba en pocas manos.
El 8 de julio de 1932, el campesinado convocó una huelga que detuvo la siega del cereal. Ya desde días antes "se observaba gran marejada entre los obreros del pueblo". Desde hacía semanas, “se sostenía (...) un conflicto entre los obreros y los patronos acerca del trabajo en las eras", comentaba una crónica publicada en El Castellano.
El periódico, de filiación católica e ideas conservadoras, explicaba cómo "el vecindario despertó a las cinco y media de la mañana [de aquel viernes día 8] alarmado por una fuerte algarada, en la que destacaban vítores a Rusia y al amor libre".
Este medio contaba cómo "numerosas mujeres, muchas de ellas muchachas, armadas de hoces, se habían hecho dueñas del pueblo y recorrían las calles anunciando a gritos que había llegado la hora de cortar cabezas".
El relato que traslada esta cabecera describe una situación caótica. "El aspecto del pueblo es el de una posición de guerra. Como toda la fuerza pública está en el campo haciendo frente a los rebeldes, la gente pacífica circula por las calles armados de revólveres y escopetas dispuestos a la defensa si fueran atacados".
Mientras la manifestación de mujeres recorría el núcleo urbano de La Villa de Don Fadrique, "los revolucionarios entraron en las eras y destrozaron tres máquinas agrícolas y volcaron numerosas galeras cargadas de mieses. Esta fue la señal de la iniciación del movimiento".
Los campesinos "por cuadrillas se dirigieron (...) a cortar las líneas de comunicación". Estos grupos se repartieron "por los alrededores de la población y prendieron fuego a las eras", aseguran los reportes de la hemeroteca de El Castellano.
La cabecera estima un centenar de efectivos el despliegue de la Guardia Civil. "Se dice que han llegado cincuenta parejas, reclutadas de varios puestos inmediatos, incluso de Madrid y Toledo".
Una investigación académica elaborada por Romain Bonnet y publicada en 2009 concluye que el "descontento social degeneró en los enfrentamientos" que se produjeron entre los huelguistas y los agentes de la Benemérita.
El balance de la revuelta arrojó, según los datos que facilita el profesor del Instituto Universitario Europeo de Florencia (Italia), cuatro muertos en cada bando. Además, decenas de manifestantes resultaron heridos y hubo casi setenta detenidos.