En más de una ocasión he afirmado que el arte como el hombre se debate entre dos fuerzas contrarias que lo solicitan: una es la belleza de la serenidad absoluta; la otra, la fascinación del abismo.

La pintura iberoamericana del siglo XX participa de las más sólidas corrientes vanguardistas del mundo occidental. Así, Roberto Matta, en Chile; Carlos Revilla, en Perú; Rivera, Siqueiros y Tamayo, en México; Botero, en Colombia; Tarsila do Amaral, en Brasil; Antonio Berni y Norah Borges, en Argentina; Jesús Rafael Soto, en Venezuela; Trujillo, en Panamá…

Y sobre todos ellos, Oswaldo Guayasamín, el ecuatoriano señalado por la crítica exigente como el más destacado pintor iberoamericano del siglo XX, que provocó la efervescencia de la pintura actual en Ecuador.

Entre los jóvenes pintores ecuatorianos sobresale Bryan Bucheli, que expone en el Centro Cultural Casa de Vacas, eficazmente estimulado por la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, Marta Rivera de la Cruz.

Bryan Bucheli domina el color y hace hablar a los amarillos, temblar a los azules, enardecerse a los rojos, sufrir a los verdes... y encenderse de belleza a los grises y los negros.

Entre los jóvenes pintores ecuatorianos sobresale Bryan Bucheli, que expone en el Centro Cultural Casa de Vacas de Madrid

Su pintura deja huella sobre la última vanguardia y demuestra en ella su conocimiento profundo del arte, el dominio de la técnica y una permanente capacidad expresiva que en los cuadros ahora expuestos se sitúa en un postsurrealismo especialmente sugerente.

Bryan Bucheli tiene por delante una carrera importante. La calidad de su pintura y el reconocimiento de la crítica han lanzado a este pintor al éxito internacional. Para él la pintura es antes que nada la expresión de la belleza.

Una de las obras de Bryan Bucheli presentes en la exposición 'Home Sweet Home', en Casa de Vacas.

Una de las obras de Bryan Bucheli presentes en la exposición 'Home Sweet Home', en Casa de Vacas. ©Bryan Bucheli

En ella alumbra también la sagacidad del pensamiento y la maestría formal. Bucheli podría decir, como Pío Baroja, que el arte es el espíritu de las cosas reflejado en el espíritu del hombre.

Mantuve en su día largas conversaciones con Oswaldo Guayasamín, tanto en su casa ecuatoriana de Quito como en la mía de Madrid. Era la sabiduría al hablar sobre la pintura. Para él la vida imitaba al arte mucho más que el arte a la vida. No se trata de que el pintor haga lo que sabe sino que sepa lo que hace. La vieja idea de la pintura como una cosa mental vertebra toda su obra.

También en Bryan Bucheli. El pensamiento precede al cuadro y esta exposición que arde en Casa de Vacas se nutre de la reflexión profunda. Las nuevas vanguardias rozan ya todos los límites. Bryan Bucheli, instalado en ellas, enciende y apaga los colores después de meditar largamente sobre la vida incesante.

No se arrepentirá el espectador que acuda a la contemplación de estos cuadros que bajo los vestigios oníricos reflejan con sorprendente equilibrio la vida que nos rodea.

España se encuentra culturalmente entre las cinco grandes naciones del mundo. Unida a las naciones iberoamericanas, disputa el primer lugar al cosmos sajón.

Los políticos enzarzados en estériles disputas, en el grito, el insulto y la insidia, olvidan cuando hablan del relieve español en economía que donde destaca nuestro país especialmente es en la cultura. Y que constituye un deber de elemental justicia prestar atención a la expresión cultural iberoamericana, tan estrechamente cercana a la nuestra.

Y ahí está para demostrarlo la creación artística de Bryan Bucheli.