PERIODISMO. En 1971, Hunter S. Thompson publicó Miedo y asco en Las Vegas, obra cumbre del feroz y experiencial “Periodismo Gonzo”. Sin quedarse muy atrás en la zambullida en el horror de la llamada Ciudad del Pecado, pero más desde una posición de investigador y testigo, John Gregory Dunne (1932-2003), en el cráter de una crisis personal y nerviosa, pasó seis meses, en torno a un tórrido verano, a comienzos de los 70, en la capital mundial del juego, la prostitución y el espectáculo.

Se sentía, según escribió, un “parapléjico emocional”, preso de un “distanciamiento patológico” respecto a los demás, lo que incluía a su esposa, la también periodista, escritora y guionista Joan Didion (1934-2021). Lo que pretendía Dunne –aparte de reflexionar, tranquilizarse y, sorprendentemente, encontrar cierta paz– era escribir un gran reportaje sobre la ciudad.

Finalmente, siguiendo las técnicas del Nuevo Periodismo que compartía con su mujer, el resultado desembocó en Vegas. Crónica de una mala racha, novela narrada en primera persona y repleta de detallada información sobre la prostitución, los casinos y los cómicos. Publicada en 1974, aparece ahora en Gatopardo con extraordinaria traducción de Javier Calvo.

HORMIGUERO. A Dunne, formado en la revista Time y que ya había publicado El estudio (1969), su afilado libro sobre la Fox, no le interesaban los mafiosos del cotarro que había impulsado el gánster Benjamín “Bugsy” Siegel, sino la gente de a pie que se buscaba la vida, el placer y la diversión en el hormiguero del Strip, ese monstruo kitsch de neones y disparatados edificios del centro neurálgico de Las Vegas, una “versión genetiana del infierno”.

Dunne, nacido en Hartford (Connecticut) en una buena familia de origen irlandés, hijo de cirujano, con huellas palpables de su prolongada educación católica, licenciado en la exquisita universidad de Princeton, amén de dar cuenta de los dislates de la desquiciada “mala racha” que atravesaba, pone en pie, junto a notables secundarios, tres formidables personajes: la prostituta Artha Ging, el detective privado Buster Mano y el cómico monologuista Jackie Casey, con quienes traba amistad y cuyos lances constituyen, entre el patetismo más dramático y el humor, excelentes episodios narrativos de magnífica prosa.

La novela describe con lenguaje crudísimo los ambientes de la prostitución, el juego y el espectáculo

Dunne advierte que Vegas es “una obra de ficción que rememora un periodo al mismo tiempo real e imaginario”. Asegura que Artha, Jackie y Buster no existen. Dice que “yo soy más o menos “yo”; ellos son ellos en menor medida”. Pero, al margen de camuflajes e invenciones, está más que claro que él es él en gran manera y que ellos están forjados con síntesis y rasgos de personas que trató y sobre las que fabuló.

Dunne describe a fondo, con minuciosidad y con un lenguaje crudísimo, los mecanismos, trucos, corruptelas, fauna y ambientes de la prostitución, el juego y el espectáculo, territorio de aspiraciones, sueños (rotos, muchas veces) y grandes miserias en los engranajes de una máquina de triturar vidas.

La gasolina que alimenta esa maquinaria –lo recalca Dunne–, además de los turistas, son, sobre todo, los miles y miles de empleados y profesionales de empresas que celebran anualmente en Las Vegas sus convenciones y están dispuestos a lanzarse a todas las piscinas.

INFARTO. John Gregory Dunne, hermano del novelista Dominick Dunne (lean sus obras en Libros del Asteroide) y tío del actor y director Griffin Dunne, murió de un infarto categórico en 2003, mientras su hija adoptiva, Quintana, estaba en coma en un hospital. Joan Didion escribió sobre esa durísima experiencia su obra maestra, El año del pensamiento mágico
(2005).

Casados desde 1964 –en la misión española, por cierto, que aparece en Vértigo–, Dunne y Didion escribieron juntos muchos artículos y los guiones de cinco películas, algunas tan importantes como Pánico en Needle Park (1971, con Al Pacino) y Confesiones verdaderas (1981, con Robert de Niro), adaptación de la mejor novela canónica del escritor.