Image: Apariciones profanas

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Poesía

Apariciones profanas

Óscar Hahn

8 mayo, 2003 02:00

Óscar Hahn

Visor. Madrid, 2002. 55 páginas, 6 euros

Libros como Apariciones profanas justifican la perseverancia en una forma de crítica abierta al placer de la sorpresa y a la complicidad posible. Nada más fácil en el caso de estos poemas con los que el chileno Óscar Hahn (1938) rompe un silencio de siete años para lograr su libro más acrisolado y diverso, exponente destacado de una trayectoria personalísima marcada por la libertad imaginativa y un juego de distancias que combina ironía, intensidad, denuncia y vitalismo.

"La muerte es una buena maestra", uno de los mejores poemas del conjunto, traza el sorprendente retrato inicial del personaje con la crónica sui generis de una operación quirúrgica, que establece, con el trasvase de planos figurativos sobre el que gravita la escritura de Hahn, la expresión poética de "un sujeto perfectamente lúcido" que concluye que "la muerte es una buena maestra/ cuando te habla al oído y se retira".

La reflexión sobre la fugacidad y la realidad histórica se modula en múltiples "apariciones": según el poeta, los poemas le llegan sin aviso, como los fantasmas varios que pueblan el libro con sus voces. Al sarcástico desengaño de "Bienvenido siglo XXI", opone el poeta la sabiduría elemental de "Los insectos"; contra la conciencia desolada de la realidad, contra la soledad del exiliado ("Iowa River"), contra todo genocidio (Hiroshima, nuevamente, en "Hombre con quitasol"), contra lo contradictorio de la condición humana ("El exorcista") se afianzan el humor de "Astronauta", la mirada serena de "El doliente" ("El mismo viento que rompió tus naves/ es el que hace volar a las gaviotas"), la profana consagración del cuerpo, en un debate con el alma que es guiño a la tradición medieval ("Extrañarás mi corazón de lodo/ y anhelarás impúdica y sumisa/ ser otra vez materia deleznable"), y las nada solemnes "Reflexiones de un sobreviviente".

En el renovado balance moral de Apariciones profanas óscar Hahn vuelve a decantarse por una afirmación de la que ya es signo básico la riqueza imaginativa de su retórica y que poemas como "Hueso" refuerzan con su denuncia ("Todos los huesos hablan, penan, acusan/ alzan torres contra el olvido"). Se impone, así, en la palabra de este "sobreviviente", una firmeza humanista ("El hueso es un héroe de la resistencia") que encuentra sus mejores armas en el intenso erotismo que aflora, entreverándose ("Vía láctea", "Fantasma en forma de toalla"), y que termina imponiéndose con su luminosa y estimulante sensualidad.

Completan esta celebración a la intemperie las complicidades literarias (Carver, Rimbaud, Pessoa, Vallejo, etc.), el homenaje al jazz y la metapoesía de textos como el delicado "Violín" y la explosiva "Arte poética", que cierra el conjunto, en simetría con el autorretrato inicial sobre una pobladísima mesa de operaciones, a favor de la vida y de la poesía, en pos de "la flor de su hermosura irreverente/ su corola que late noche y día/ envuelta en llamas y en rocío ardiente".