Image: Manual de exilio

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Novela

Manual de exilio

Velibor Colic

7 abril, 2017 02:00

Velibor Colic

Traducción de Laura Salas. Periférica. Barcelona, 2017. 234 páginas, 17'48€

El protagonista de Manual de exilio, evidente alter ego de su autor, Velibor Colic (Bosnia, 1964), tenía 28 años cuando llegó a Rennes en el verano de 1992. No sabía francés (sólo tres palabras: "Jean, Paul y Sartre") y había huido de su país tras desertar del ejército. Se consideraba a sí mismo, no sin ironía, la gran promesa literaria de los Balcanes.

Manual de exilio tiene algo de diario reescrito, con un gran salto temporal en su centro: entre la penosa peripecia del refugiado y su posterior triunfo como escritor, aunque muy modesto al principio (entre lo mejor de la novela está la crítica sutil al ecosistema literario francés, que acogió al protagonista como a una criatura exótica porque su país, o los Balcanes en general, con todas aquellas matanzas africanas, "estaba de moda").

El libro es soberbio: tierno, divertido, escrito con tanta distancia como para evitar el sentimentalismo, pero al mismo tiempo tan cercano como para resultar "real". Colic se obligó a escribirlo en la lengua del exilio, el francés, y ha necesitado casi treinta años para digerir -o expulsar, según se mire- aquella traumática experiencia. El libro habla de hoy. Consigue aquello en lo que fracasa el reportero, condenado a narrar por boca de otros y a contar rápido y un poco a tientas. Está escrito en primera persona. Recoge las andanzas de un refugiado, uno entre miles, por una Europa occidental cuyos límites por el este todavía hoy están bien delimitados. Y va de los malentendidos, las mentiras, la construcción, en suma, de una identidad nueva que ha de sustituir a la que la guerra liquidó. Habla también de la escritura.

Aunque Colic reconoce las ventajas que le da su piel blanca frente a -por ejemplo- un subsahariano, su historia es muestra de la precaria integración europea. Europa vive en un permanente riesgo de implosión por culpa de los sentimientos nacionales, que han de ser contados -como hace en algún sentido el escritor bosnio- por una razón sencilla: existen.

Parte de la novela transcurre en Budapest. Aquí Hungría aparece como una especie de frontera oriental de Europa, como si lo fuera. Así, un guardia fronterizo puede comportarse como un perfecto racista con un bosnio -le ocurre al protagonista de la novela-, aunque lo haga en un fluido serbocroata.

Colic ya se había ocupado de la guerra de los Balcanes en otro libro magnífico, Los bosnios. Manual de exilio viene a completar aquel con un relato de las consecuencias.

@albertogordom