Image: El país de la canela

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Novela

El país de la canela

William Ospina

12 junio, 2009 02:00

William Ospina. Foto: Daniel Mordzinski

Belacqva, 2009. 320 páginas, 22 euros

Mucho antes de embarcarse en la gran empresa de novelar la Conquista de América, había ganado el colombiano William Ospina (Padua, Tolima, 1954) buena fama como ensayista y poeta. Una gran y sonora prosa poética hay en El País de la Canela, segundo volumen de una trilogía que se inició con Ursúa, obra que fascinó al propio García Márquez. El País de la Canela, que acaba de obtener el premio Romulo Gallegos, tiene el sabor de las viejas crónicas de Indias, aunque relatadas con una prosa moderna y de gran vuelo. Se trata de un libro denso y elaborado que adquiere, sin embargo, gran agilidad por su estructura: una sucesión veloz de 33 capítulos breves. El narrador, un joven fascinado desde niño por los relatos que su padre (compañero de Pizarro) había hecho de la conquista de Cuzco, decide, hacia 1540, viajar al país andino para reclamar su herencia legítima. El "Quzco" en el que inicia sus pesquisas inútiles ya no será la ciudad esplendorosa de Atahualpa, sino una urbe arrasada y fantasmal. Como fantasmal y delirante será la expedición desde Quito al supuesto país de la canela, comandada por Gonzalo Pizarro a través de la helada cordillera (240 soldados, 4.000 indios porteadores…). Un fracaso absoluto que, por puro azar, conducirá después a que Orellana y su reducido grupo de hombres puedan descubrir el río Amazonas. Esta travesía heroica de selva y río será lo mejor del libro: no sólo por el entonado relato de la epopeya de quienes se las ingeniaron para construir dos precarios bergantines y cruzar América de oeste a este, sino porque Ospina es capaz de transmitirnos la densidad y el poder de esa selva opresiva que parece un organismo que piensa y siente.

Hay que destacar la ambición literaria de Ospina, el aura grandiosa que imprime al texto, su gran documentación y el esfuerzo de una prosa musical que mantiene el tono durante todo el libro (excepto en algunos tramos de la parte final). Decir que ésta es una novela histórica al uso sería reducirla a casi nada. Pues resuenan demasiado aquí la palabra y la literatura, como un Amazonas.