Image: Hambre de lobo
Se equivoca quien sólo busca novedad y originalidad en el mercado editorial infantil. Aquellos cuentos que pueden resultarnos familiares, que tienen la virtud de plasmar un motivo universal, que consiguen la identificación del lector y aportan una mirada sensible desprovista de artificios tienen gran valor y escasean.
A partir de estas historias el niño se incorpora en una tradición literaria o imaginario colectivo. Además, es importante destacar que es indispensable un cuidado dominio narrativo y madurez estilística para crear una historia cercana en tonos y cadencia al tradicional cuento infantil. Y, sobre todo, que es una verdadera proeza conseguir que el libro tenga el nivel necesario para que el niño desee leerlo o escucharlo una y otra vez. Una vez que se repara en ello, comenzamos a descubrir las aportaciones que unos pocos escritores e ilustradores ofrecen en este subgénero.
Hambre de lobo es una excelente muestra. Su construcción literaria, basada en una reiterada indagación acerca de las causas por las cuales un osezno se perdió en el bosque, junto a ilustraciones de un matizado realismo, constituyen dos aportaciones originales y atinadas en las que no repararía un lector ávido de ver cosas distintas. Al compartirlo con los niños, el libro propicia la identificación, genera emociones, disipa temores y demanda la necesidad de nuevas lecturas. Finalmente, consigue que más de un chaval memorice la historia. Ello con una portada terrible, y un formato de tamaño y diseño que no acompaña a la historia.
A partir de estas historias el niño se incorpora en una tradición literaria o imaginario colectivo. Además, es importante destacar que es indispensable un cuidado dominio narrativo y madurez estilística para crear una historia cercana en tonos y cadencia al tradicional cuento infantil. Y, sobre todo, que es una verdadera proeza conseguir que el libro tenga el nivel necesario para que el niño desee leerlo o escucharlo una y otra vez. Una vez que se repara en ello, comenzamos a descubrir las aportaciones que unos pocos escritores e ilustradores ofrecen en este subgénero.
Hambre de lobo es una excelente muestra. Su construcción literaria, basada en una reiterada indagación acerca de las causas por las cuales un osezno se perdió en el bosque, junto a ilustraciones de un matizado realismo, constituyen dos aportaciones originales y atinadas en las que no repararía un lector ávido de ver cosas distintas. Al compartirlo con los niños, el libro propicia la identificación, genera emociones, disipa temores y demanda la necesidad de nuevas lecturas. Finalmente, consigue que más de un chaval memorice la historia. Ello con una portada terrible, y un formato de tamaño y diseño que no acompaña a la historia.