Cada cierto tiempo surge la polémica acerca de si tiene sentido o no realizar versiones de clásicos para niños y si esto es una deferencia o una falta de respeto frente al clásico o a su autor. Sin entrar en esta (eterna) discusión, caracterizada por las inamovibles posiciones que se oponen entre sí, pienso que hay mejores argumentos para justificar una versión de la Ilíada que para defender una adaptación de Peter Pan.
Aunque hay que reconocer el trabajo de sinopsis y el cuidado que ha tenido Joseph-Francesc Delgado por mantener los giros lingöísticos de Barrie, el resultado es una historia anoréxica que prescinde de los detalles y las anécdotas que divierten a los chavales y sorprenden por su frescura literaria a los adultos. Su mayor mérito es la sutil interpretación que Elena Odriozola realiza del cuento pero también hay que apuntar el descuido por parte de la editorial de no incluir su nombre en la portada como todo ilustrador merece y tiene el derecho.
Aunque hay que reconocer el trabajo de sinopsis y el cuidado que ha tenido Joseph-Francesc Delgado por mantener los giros lingöísticos de Barrie, el resultado es una historia anoréxica que prescinde de los detalles y las anécdotas que divierten a los chavales y sorprenden por su frescura literaria a los adultos. Su mayor mérito es la sutil interpretación que Elena Odriozola realiza del cuento pero también hay que apuntar el descuido por parte de la editorial de no incluir su nombre en la portada como todo ilustrador merece y tiene el derecho.