Wolf Erlbruch se ha constituido como un referente dentro del panorama de la ilustración para niños. Sus obras se pueden clasificar en dos grupos. En el primero prevalece el dibujo, la imagen tiene un marcado componente narrativo (lo que no quiere decir que traduzca el texto) y atrapa con eficacia la mirada del niño. Aquí encontramos títulos paradigmáticos: El topo que quería saber quién había hecho aquello en su cabeza (Alfaguara), El milagro del oso (Lóguez) o Los cinco horribles (Juventud). En el segundo, Erlbruch juega con recortes, hay una marcada apuesta experimental y predomina la intencionalidad estética sobre un texto que no satisface el nivel de la ilustración. Incluimos en él El taller de las mariposas (Bárbara Fiore), Por la noche (SM) y el presente libro.
Al abrir las páginas de La gran pregunta sorprende cómo, con pocos trazos, se transforma un trozo de papel para crear un pájaro, un avión o un pato. El empleo de "materiales de deshecho" y la búsqueda de la simplicidad enfatizan el nivel artístico. Además, gracias a la colaboración entre texto e imagen se logra aportar un sentido nuevo y llenar así los vacíos propios de una escritura que peca de fragmentaria. Hermoso libro que invita a ser visto una y otra vez.
Al abrir las páginas de La gran pregunta sorprende cómo, con pocos trazos, se transforma un trozo de papel para crear un pájaro, un avión o un pato. El empleo de "materiales de deshecho" y la búsqueda de la simplicidad enfatizan el nivel artístico. Además, gracias a la colaboración entre texto e imagen se logra aportar un sentido nuevo y llenar así los vacíos propios de una escritura que peca de fragmentaria. Hermoso libro que invita a ser visto una y otra vez.