Image: La sorpresa
Los libros sin palabras constituyen un género propio. Detrás del silencio aparente de la imagen esconden historias generosas en significados, llenas de magia y dinamismo. Es un territorio en el cual encontramos pequeñas joyas arquitectónicas habitadas por seres que persisten en nuestra memoria, pese al anonimato que parece caracterizarlos. Algunos de depurada simpleza (como El globito rojo de Iela Mari), otros de metafísica complejidad (como Zoom de Istvan Bayai) y otros de esperanzador realismo (como El último día de verano de Cristina Pérez Navarro); los libros sin palabras son el equivalente al cine independiente en los álbumes ilustrados.
Esta excepcional obra hace honor a su título por partida triple. Sorpresas que encontramos una y otra vez en la trama protagonizada por un tierna, hiperactiva y generosa oveja (¿u ovejo?); sorpresa que aparece como desenlace de una historia hilarante y que tiene que ver con una elegante jirafa; y sorpresa, por último, por descubrirnos una brillante y muy joven ilustradora holandesa.
Esta excepcional obra hace honor a su título por partida triple. Sorpresas que encontramos una y otra vez en la trama protagonizada por un tierna, hiperactiva y generosa oveja (¿u ovejo?); sorpresa que aparece como desenlace de una historia hilarante y que tiene que ver con una elegante jirafa; y sorpresa, por último, por descubrirnos una brillante y muy joven ilustradora holandesa.