En los libros para niños de Gómez de la Serna confluyen corrientes de humor y trasgresión, de sensibilidad y agudeza, de tradición y vanguardia que hacen a este autor, a pesar del tiempo, novedoso y cargado de vitalismo. Esta sensación la tenemos en Los pequeños relatos ilustrados (Ed. de la Torre), donde encontramos ese carácter irreverente tanto en un texto cercano al absurdo y al non-sense, como en las ilustraciones realizadas por él mismo. También lo experimentamos en 100 greguerías ilustradas (Media Vaca), inteligentemente interpretadas por el pincel de César Fernández-Arias.
En Cuentos para niños la situación cambia: ciertamente nos encontramos con argumentos cercanos y atractivos. Sin embargo, el lenguaje y algunas referencias pueden propiciar cierta dificultad. Vale la pena que el niño sortee tales obstáculos y disfrute de estos tres cuentos publicados originalmente a principios de los años veinte; que se aproxime a una ilustración cargada de movimiento y emociones, realizadas en aquél entonces por el pintor uruguayo Rafael Barradas; y que se apropie de los diálogos del Drama para niños y recupere así el legado de una vanguardia que se ha vuelto historia.
En Cuentos para niños la situación cambia: ciertamente nos encontramos con argumentos cercanos y atractivos. Sin embargo, el lenguaje y algunas referencias pueden propiciar cierta dificultad. Vale la pena que el niño sortee tales obstáculos y disfrute de estos tres cuentos publicados originalmente a principios de los años veinte; que se aproxime a una ilustración cargada de movimiento y emociones, realizadas en aquél entonces por el pintor uruguayo Rafael Barradas; y que se apropie de los diálogos del Drama para niños y recupere así el legado de una vanguardia que se ha vuelto historia.