Image: El vendedor de agujeros
La fantasía, el disparate, la exageración, las tonterías que se dicen en una conversación, los divertidos equívocos que se producen cuando alguien que no domina una lengua toma al pie de la letra una expresión... Estos y otros motivos son la materia prima de las historias de M. á. Mendo. Son frescas y ligeras, cercanas a los niños por sus contenidos, humor y espontaneidad. En ocasiones son cuestionadoras, en otras tiernas. El autor tiene el don de hablar el mismo lenguaje que sus lectores y participar como otro niño en la imaginación de escenas graciosas. De ahí la verosimilitud de personajes como un inventor de agujeros portátiles. Mendo trasciende esta empatía inicial para abordar una situación donde el empleo inescrupuloso de la técnica genera el caos. Así, introduce un problema "de adultos" en su universo narrativo, ofrece al publico infantil la posibilidad de reflexionar sobre temas que, de un modo u otro, les atañen.