Image: Rey de la democracia

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Ensayo

Rey de la democracia

José Luis García Delgado (coord.). Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2017. 300 páginas. 20 €, Ebook: 12,34 €

7 julio, 2017 02:00

Juan Carlos I. Foto: archivo

En los últimos tiempos se ha puesto de moda, en ciertos ámbitos, sostener que buena parte de los males de la España de hoy provienen de que en la Transición se optó por el consenso y no por la ruptura radical, desaprovechando la posibilidad de barrer instituciones caducas como la Monarquía. Ya se sabe, en las repúblicas no existen la corrupción ni el desempleo, mientras que en Suecia o en Dinamarca no hay quien viva. Pero si de las fantasías ideológicas nos trasladamos al terreno de los análisis objetivos, resulta muy difícil negar que la Transición representó el punto de partida de un largo período de estabilidad democrática y de progreso económico y social sin parangón en nuestra historia y que en ello algún mérito hubo de tener su primer impulsor, el rey Juan Carlos.

Hay que celebrar por ello la publicación de Rey de la democracia, un libro en el que una decena de autores de primera fila, especialistas en distintos campos del saber, analizan el papel de Juan Carlos en la transformación que ha experimentado España en planos tan diversos como el constitucional, el cultural, el de los derechos ciudadanos o el de su proyección exterior. No es posible abordar todo ello en una breve reseña por lo que me limitaré a glosar tres aspectos: el factor generacional, la importancia de la faceta militar del rey y la excepcionalidad del papel histórico que jugó.

El factor generacional lo destaca en su ensayo Juan Francisco Fuentes. El rey, nacido en 1938, era seis años más joven que Adolfo Suárez y cuatro mayor que Felipe González, quien tras su primer encuentro con el monarca comentó a sus compañeros de partido: "Es un hombre de nuestra edad". ¿Qué importancia tenía aquello? Mucha, porque formaban parte de una generación de españoles que no habían participado en la guerra civil y deseaban sobre todo superar los odios y divisiones que había provocado. Fue una generación de políticos que llegó a posiciones de poder a los treinta y tantos o cuarenta años, y a los que les fue fácil entenderse a pesar de las diferencias ideológicas (en particular Juan Carlos y Felipe González desde la primera entrevista se cayeron de cine, en expresión de Carmen Díez de Rivera).

Cuando el Rey nombró a Suárez, Fraga comentó que le habían jubilado antes de tiempo y tanto Alianza Popular como el Partido Comunista tuvieron el lastre electoral de que sus líderes, por edad, se veían asociados al recuerdo de la guerra civil y la dictadura de Franco.

El factor militar fue crucial y lo analiza con maestría Fernando Puell de la Villa. En cierta ocasión Franco comentó complacido: "Hemos formado a un príncipe… militar". Así era, en sus años de formación militar, sin privilegios frente a sus compañeros, Juan Carlos asumió los mejores valores de la milicia y adquirió ese especial sentido de camaradería que la caracteriza. Con el resultado, obviamente no previsto por Franco, de que pudo jugar un papel muy activo para que los militares aceptaran el desmantelamiento de su régimen. En palabras de Puell: "Si los militares de aquellos años, franquistas hasta la médula, no le hubieran respetado y obedecido, ¿hubiera sido posible el tránsito pacífico hacia la democracia?".

Gestos como el de marchar solo, con su uniforme de contralmirante, tras el féretro de Carrero Blanco, consolidaron la lealtad del Ejército, que se hizo patente en momentos difíciles, cuando los atentados se cebaban en militares y guardias civiles y la tensión se elevaba en los cuarteles. Un ambiente que reflejó muy bien el periodista Francisco Medina, en un libro poco citado pero cuyo valor destaca Puell (Memoria oculta del Ejército: los militares se confiesan). El capitán general de Madrid Quintana Lacaci, cuya lealtad fue clave el 23-F, lo dejó todo claro cuando confesó al nuevo ministro de Defensa: "si el Rey me hubiera dicho que apoyaba el golpe, hubiera puesto inmediatamente en pie de guerra a todas las unidades".

Como explica Francesc de Carreras, Juan Carlos ejerció, por breve tiempo, como rey con unas instituciones antidemocráticas, luego como artífice de una transición y finalmente como rey en un Estado democrático. Sus sucesores no estarán llamados a un papel tan excepcional.