Image: Las 9 vidas de Al Qaeda

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Ensayo

Las 9 vidas de Al Qaeda

Jean-Pierre Filiu

10 junio, 2011 02:00

Jean Pierre Filou. Foto: STR

Traducción de Griselda. Piñero y Raúl Quiró. Icaria. Barcelona, 2011. 282 páginas, 22 euros


Mr. Google ofrecía el 2 de junio casi seis millones y medio de referencias sobre Al Qaeda y 177.000 respuestas a "libros sobre Al Qaeda". En 2009, cuando Jean Pierre-Filiu (París, 1961) terminó la primera edición en francés (Les Neuf Vies d'Al-Qaida) de esta obra, que acaba de ver la luz en español, Amazon.com ofrecía más de 15.000 títulos relacionados con Al Qaeda y más de 17.000 dedicados a Osama Bin Laden.

Se necesitarían varias vidas de muchos lectores para dar cuenta de todos ellos. El de Filiu -autor tambien de Mitterrand et la Palestine [2005]; Les Frontières du jihad [2006]; L'Apocalypse dans l'Islam [2008] e incluso de una biografía sobre Camarón de la Isla- tiene asegurado un lugar privilegiado entre los mejores, al lado de los de Gilles Kepel, Steve Coll, Peter Bergen, Lawrence Wright, J. Randal, Jason Burke, Brynjar Lia, Ahmed Rashid y Abdel Bari Atwan.

Aprovechando lo mejor de ellos, Filiu, uno de los mejores discípulos de Kepel en la cátedra de Oriente Medio de Sciences Po, describe en este espléndido libro a Al Qaeda como el producto de una negación -de la identidad nacional y comunitaria, y del Islam real- y de una ruptura con la tradición religiosa y con siglos de referencias, reducidos a un breviario de combate, exclusión y asesinatos.

Con la eliminación de Osama Bin Laden la noche del 1 al 2 de mayo a unos 60 kilómetros al norte de Islamabad, sólo sobrevive uno, el egipcio Ayman al Zawahiri, de los tres fundadores. Del primero, el imán palestino Abdallah Azzam, fallecido en atentado en Peshawar a finales de 1989 en circunstancias todavía sin aclarar, tomaron Bin Laden y Zawahiri los conceptos fundamentales de "la base" y "la yihad popular general". Con la derrota soviética termina la primera de las nueve vidas de Al Qaeda. La segunda coincide con los años de exilio en Sudán (1991-1996), desde donde los dos supervivientes, apátridas y desterrados, extienden su red por África Oriental e intentan capitalizar con escaso provecho las guerras de Chechenia, Bosnia, Argelia y Somalia.

Que quince años después el régimen saudí siga intacto y que el egipcio se haya tambaleado por la presión de reformistas situados a años luz de Al Qaeda prueban el fracaso del proyecto yihadista, que logra resarcirse en su cuna afgana a partir del 96 cobijándose bajo el nuevo régimen talibán. En esta tercera etapa, que se extiende hasta el 98, multiplica los atentados contra los regímenes apóstatas, destruye las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania, y se consolida en el santuario afgano. Centralizando la decisión y descentralizando su ejecución, en la cuarta etapa, del 98 al 11-S, descrita por Filiu como "la edad de oro de Al Qaeda", Bin Laden y Zawahiri creen alcanzado su sueño de atraer al gran satán a la trampa afgana para acabar con él igual que había sucedido con la URSS. "No reivindicaron públicamente el 11 de septiembre para que la inevitable reacción […] apareciera como una agresión y reforzara la determinación yihadista", escribe el autor. "Al Qaeda no logró lo que esperaba […], Estados Unidos intervino en Afganistán pero el régimen talibán, lejos de resistir, se derrumbó en pocas semanas […] Al Qaeda perdió, pero sobrevivió al asalto occidental y se replegó a las zonas tribales que le vieron nacer, desplegándose en el lado pakistaní de la frontera". El derrumbe del régimen talibán (quinta etapa o vida) dejó estupefacto a Bin Laden y muy tocada a Al Qaeda, que sólo gracias a los errores de Bush -el terrorismo global, la invasión de Irak, los errores en Tora Bora, Guantánamo y las cárceles secretas- languidece a partir de entonces.

La llama de la yihad en Arabia, que animó su sexta vida (2003-2005), ha provocado una hemorragia en cuadros experimentados y una fuerte pérdida de credibilidad. La séptima y octava etapas, presididas por la figura de Zarkawi y su legado en Irak, han sembrado los gérmenes de una mortífera discordia en el seno del Yihadistán iraquí, hoy en acelerado declive. Golpeada por las deserciones internas y las presiones externas, el mayor fracaso de Al Qaeda, mucho más que sus derrotas militares, es "el rechazo masivo de la yihad mundial por la población musulmana".

La eliminación de Zawahiri sería la estocada definitiva de Al Qaeda central, a la que Filiu sólo ve tres salidas: la disolución más o menos rápida, el estallido tras la muerte de sus fundadores en células atomizadas y muy debilitadas o su resurrección temporal si los Estados Unidos atacan u ocupan otro país musulmán. Sólo así podría salvarse Al Qaeda de sus propios demonios, ofreciendo a sus redes nuevas posibilidades de reclutamiento y de financiación.